Cuestión de suerte

Opinión

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Publicado: 30/09/2026 · 06:00
Actualizado: 30/09/2026 · 06:00
  • Los colombianos en una votación.
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Para un obseso del orden como yo, ver cómo barre los escombros después de haberme instalado un plato de ducha en el baño es casi litúrgico. No cuesta nada y es importante que ustedes queden contentos, me dice, con una intención publicitaria nada subliminal. Nunca se sabe si volverán a necesitarnos, insiste, con ese acento colombiano tan académico y ligero, al mismo tiempo. Os recomendaré a mis caseros, le aseguro, y su cara se ilumina. Pregunta si también estoy alquilado, como él y su familia. Sí, desde hace muchos años. Frota bien la escoba en el último rincón que le quedaba por recorrer mientras, por su semblante, imagino que está calculando cuánto me puede costar vivir en mi casa. Nosotros hemos tenido suerte, me comenta. Llegamos acá mi mujer, mis dos hijas mayores y yo, desde Bogotá, y encontramos una casa pequeña, pero que nos valió en un primer momento. Conocimos a la dueña por un compañero, también colombiano, y nos dejó el apartamento por un alquiler que podíamos pagar. 

Interrumpe un momento la narración para explicarme cómo debo usar y limpiar la nueva ducha. Tiene usted que frotar la mampara cada vez que la use, porque si no se quedan manchas de la cal, comienza, este es el filtro y debajo hay dos más, ¿ve?, me señala, que también debe mirar con frecuencia porque se pueden atascar. Le agradezco las instrucciones y le ofrezco algo de beber. Un poco de agua, gracias, accede. Mientras bebe, a tragos cortos, me cuenta que él consiguió enseguida un empleo en la obra, que su hija, mucho mayor que la segunda, se apañaba sola y que su mujer iba buscando casas para limpiar, huecos en colegios, personas mayores a las que cuidar. Y poco a poco salíamos del paso, recuerda. Hasta que mi esposa volvió a quedarse embarazada. La tercera niña. Pedimos a la dueña que nos buscara un sofá cama y nos lo encontró en unos días. Al principio a la mediana le costó un poco, pero luego se acostumbró a la bebé. Con ayuda de la mayor, la madre fue liberándose y encontró trabajo. Como no pagábamos mucho, conseguíamos unos ahorricos cada mes, sonríe.  

Sin agobios, pero con mucho esfuerzo, fueron logrando los papeles necesarios para toda la familia. En el examen de la nacionalidad, recuerda, me preguntaron por El Cid, menos mal que un amigo español me había ayudado y me lo mencionó, porque no tenía ni idea de quién era. También les permitieron abrir una cuenta en el banco, porque hasta entonces no podíamos ni domiciliar los recibos, que pagábamos a la dueña de la casa en mano.

Ahora, más asentados, buscan una vivienda más grande. Vendimos la que yo tenía en Bogotá y ya tengo nómina, con lo que esperamos encontrar algo que dé para un préstamo del banco. A ser posible, que esté cerca del colegio de las niñas, añade, como una nota mental para sí mismo. Sí, tuvimos suerte de encontrar una buena casera y no debería ser tan extraño. Si nos hubiera pasado lo de la señora Maricarmen que sale en las noticias, seguramente no estaría hablando con usted. Me agradece un segundo vaso de agua que le he servido. Me pregunta por la escoba y el recogedor lleno de escombros. Le comento que no se preocupe, que ya lo guardo yo. De camino a la puerta, elogia la luz de mi casa. También trabajamos como pintores, anuncia mientras recoge su bolsa de herramientas y señala las paredes. Que tenga un buen día. 

 

@Faroimpostor

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