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Como ayer

Alborotadores en el Corpus de 1876 en Murcia

"Aquel Corpus era el segundo del nuevo Régimen, tras los agitados años de la Revolución, el breve mandato de Amadeo de Saboya y el aún más breve y dislocado de la II República, pero en su discurrir por la Murcia decimonónica se vivió un incidente que fue repetición de otro similar vivido un año antes"

Publicado: 04/06/2026 · 06:00
Actualizado: 04/06/2026 · 06:00
  • Una rareza: la Custodia del Corpus por la calle Oliver (Puerta del Pozo), cuando aún estaba en pie la casa del sacristán
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Si los lectores de estos ayeres apetecen un viaje en el tiempo de la mano de la procesión del Corpus, que durante siglos recorrió las calles murcianas tal jueves como hoy, y que lo hará el próximo domingo si nada lo impide, suban a bordo de inmediato para trasladarnos al 15 de junio de 1876, hace la friolera (es un decir) de siglo y medio.

Para evitar el ‘jet lag’, lo mejor es que nos pongamos en situación al aterrizar en la Murcia y la España de por entonces. Hacía año y medio que se había producido la Restauración borbónica en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II, derrocada por la Revolución de 1868, y estaba a punto de ser promulgada la longeva Constitución de 1876, que con el paréntesis de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-30) llegaría hasta la irrupción de la II República.

Antes, en enero, se celebraron elecciones generales, con abrumadora mayoría para el Partido Liberal Conservador, liderado por Cánovas del Castillo, inducida por el control caciquil y el fraude. Y poco después, en febrero, se puso fin a la Tercera Guerra Carlista.

Aquel Corpus era el segundo del nuevo Régimen, tras los agitados años de la Revolución, el breve mandato de Amadeo de Saboya y el aún más breve y dislocado de la II República, pero en su discurrir por la Murcia decimonónica se vivió un incidente que fue repetición de otro similar vivido un año antes.

 

Los alborotadores eran reincidentes y pretendían promover sustos y desbandadas entre la multitud que se agolpaba al paso de la procesión por la céntrica, y muy principal por entonces, calle de la Freneria"

 

Indica el relato de aquellos hechos, que “los promovedores de la pequeña alarma que se produjo ayer tarde en la procesión del Corpus Christi, al pasar por la calle de la Frenería, fueron tres sujetos que, figurando, como el año anterior, una riña entre sí, causaron la huida inmediata de las mujeres más próximas, que a su vez produjeron las de otras personas que procuraban alejarse del sitio de tal ocurrencia”.

Observamos, de entrada, que la procesión, además de en jueves, se celebraba por entonces en la tarde, y no la mañana, de uno de aquellos tres días que relucían más que el sol. Y constatamos, rápidamente, que los alborotadores eran reincidentes y pretendían promover sustos y desbandadas entre la multitud que se agolpaba al paso de la procesión por la céntrica, y muy principal por entonces, calle de la Freneria.

“El cuerpo de vigilancia que se hallaba convenientemente situado en la carrera, bajo las inmediatas órdenes del inspector señor Ibáñez, y la siempre celosa y benemérita Guardia Civil, que acudió al punto, detuvieron a uno de los causantes de la alarma, llamado Juan José Pérez Vicente, el que al verse descubierto en su infame propósito de alterar por ese medio, como el año pasado, el admirable orden de la procesión trató de evadirse, lo cual no consiguió, siendo puesto a mi disposición”.

Y es que el relato, en primera persona, era narrado por el mismísimo gobernador civil de la época, Agustín Salido, abogado y propietario rural en su tierra natal de Ciudad Real. Designado en 1875 comisario regio de Agricultura para las provincias atacadas por la plaga de langosta. En 1876, el año que nos ocupa, fue nombrado gobernador de Murcia y no dudó en combatir la destructiva plaga, que se cebaba con Cartagena y La Unión recurriendo al ejército. Era un entendido en el asunto, y también un hombre dispuesto a todo, como se puede apreciar en ese hecho y más adelante.

“En el acto ordené que fuera conducido a la cárcel corrección, y que formadas las primeras diligencias en averiguación del suceso, fuera entregado al juez de Primera Instancia respectivo, para que con arreglo al artículo 271 del Código Penal, se le castigase con todo el rigor de la Ley”.

“Al ser conducido a la cárcel el Pérez Vicente, fueron igualmente hallados por la vigilancia, sus compañeros en la farsa de la riña, Salvador Lianes Fernández y Juan José Mellado, los que fueron igualmente detenidos y puestos a mi disposición, dictando respecto a ellos las mismas órdenes que había dado para que se procediera contra su consocio en tan infame trama, que tantas desgracias pudo haber originado en medio de la alegría general de todo Murcia y su huerta, que poblaban todas las calles y plazas de la carrera”.

Y concluía el texto suscrito por Agustín Salido en el Boletín Oficial de la Provincia: “Sirva esto de lección y aviso para el porvenir, y para que en lo sucesivo, hechos aislados de esta naturaleza no produzcan esas alarmas en las reuniones públicas, pues el pueblo de Murcia puede estar seguro, de que sin aparato ni ostentación, todas sus autoridades velan por su tranquilidad, y por que nadie atente contra el orden, sin que inmediatamente sea entregado a los tribunales, para que reciba el castigo a que se haya hecho acreedor por su conducta”.

Si recordamos que una estampida de este tipo, pero de mayores proporciones, fue la causa de que las procesiones murcianas dejaran de pasar por el interior de la Catedral, por no hablar de aquellos célebres altercados de nuestro tiempo provocados en una madrugada de Viernes Santo en Sevilla, con sus más célebres hermandades en las calles, constataremos cómo el pánico corre como la pólvora y las consecuencias pueden tener un alcance medido en numerosas víctimas.   

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