MURCIA. Las puertas de la iglesia de Jesús se abren y la gente empieza a aplaudir a los pasos de Salzillo y a los anderos que los llevan a hombros. Al fondo del templo, donde no entra ni el más mínimo rayo de luz, se disipa una sombra de una persona que, sonriente, asiente con la cabeza y respira tranquila una vez sale el último trono. Ella es María Amparo Muñoz Fernández (1965), la conservadora de las imágenes y la mujer que durante todo el año se ha encargado de que no sufran ni lo más mínimo ninguno de los nueve pasos de Nuestro Padre Jesús, la cofradía murciana que reúne uno de los patrimonios artísticos más importantes la Semana Santa española.
La artífice de que todas las figuras luzcan relucientes en la gran procesión del Viernes Santo, conocida como Los Salzillos, es una restauradora que nació y se crio en Murcia, aunque por motivos laborales ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en Madrid. En la capital aprendió el oficio y se embarcó en varios proyectos grupales, e incluso llegó a colaborar con el Museo del Prado. Debutó en 1992 con el cuidado de las imágenes y en 2001, hace ya 25 años, regresó a su tierra natal para trabajar con varias cofradías de la Semana Santa de Murcia y se convirtió en la conservadora de Nuestro Padre Jesús.
A pocos días de que Los Sazillos emocionen por las calles de Murcia, María Amparo Muñoz recibe a Murcia Plaza y cuenta que su profesión, aunque le apasiona, es "invisible" pero también es muy necesaria porque, con un minucioso cuidado, consigue que las obras del inmortal escultor murciano "no tengan ni un rasguño”.
Ella se dedica a la conservación preventiva, siempre con el objetivo de "alargar la vida de las imágenes y de atrasar su restauración". Realiza esta labor durante los 365 días del año, ya que “el cuidado de las esculturas va más allá de la Semana Santa”, aunque reconoce que le ocupa más tiempo durante esas fechas tan señaladas, ya que se aumenta el número de visitantes y de cultos en torno a las tallas. Su trabajo conlleva tomar todas las precauciones posibles cuando se sube al trono por el bien del patrimonio cultural. Amparo destaca cuáles son: no se debe llevar pulseras, relojes ni botones; así como se deben usar zapatos cómodos de goma y guantes de algodón antideslizantes. Aunque todas estas medidas no servirían si antes "no se cubre las imágenes con plásticos" para evitar cualquier roce.

- María Amparo en el paso de La oración en el huerto. -
- Foto: CEDIDA
Poco visible pero imprescindible
Cuando llega el gran día, la mañana que sale a la calle Nuestro Padre Jesús, Amparo es la primera que acude a la iglesia para comprobar que todo esté a punto. Y, antes de que se recoja, de nuevo es la primera que se encuentra dentro del templo, para asegurarse de que los tronos se queden despejados lo antes posible. “Cuando entra la procesión, enseguida las flores van fuera”, relata. Pero su misión no acaba ahí: después de cerciorarse de que todo ha vuelto a la calma, tiene que “hacer otra limpieza para quitar cualquier resto”.
Todas estas cautelas tomadas son fundamentales, ya que, como confiesa Amparo, “la mayoría de los daños que se producen a lo largo del año en un entorno con patrimonio son generadas por la propia mano del hombre”. Esto se debe a una “mala manipulación de las representaciones”. Y, además de la prudencia, ella da una clave para que esto no ocurra: “Que las personas que trabajen con la imagen sean las que mejor la conozcan”.
Pero las acciones preventivas no solo las aplican los conservadores, sino también todas las cofradías. “Los que manipulan las imágenes y los cofrades están muy concienciados de los medios para la conservación”, asegura Amparo. Las cofradías siguen una serie de pautas que aplican ante cualquier imprevisto, como puede ser la lluvia. Ante estas adversidades meteorológicas, los tronos disponen siempre de unos plásticos debajo de ellos para cubrirlos e intervenir rápidamente, y así evitar que las figuras padezcan cualquier tipo de 'herida'. Además, como remarca Amparo, la Semana Santa murciana tiene una tradición muy antigua para actuar en casos urgentes: las iglesias por las que transcurre la procesión se mantienen abiertas por si, en medio del recorrido, hubiera cualquier circunstancia que obligara a resguardar los tronos de manera inesperada.

- La conservadora María Amparo, en el paso de La última Cena. -
- Foto: CEDIDA
Siglos de historia y tradición
La cofradía de Jesús, con la que ella trabaja, está de aniversario por los 425 años de su fundación y de su primera procesión con su imagen titular, Nuestro Padre Jesús Nazareno. Esta institución cofrade sale a la calle la mañana del Viernes Santo, en una de las procesiones más conocidas y laureadas por los murcianos debido a su gran patrimonio artístico. Este desfile procesional cuenta con un gran interés internacional y se ha retransmitido en varias ocasiones por TVE en toda España.
El día de la procesión, Amparo es la primera en llegar a la iglesia y la última en irse. A pesar de ser una función que está poco reconocida y visible al público, ella admite que cuando ve sus pasos en la calle siente auténtica "felicidad” y cuando entra “siente alivio”. “Por fin está en casa”, suspira cada vez que se recoge la última imagen y cierran las puertas de la parroquia. El mayordomo presidente de la cofradía de Nuestro Padre Jesús, Emilio Llamas, también comparte esa sensación de satisfacción y tranquilidad de saber que, un año más, todo ha salido bien. Pero a pesar de todo, Amparo revela que la noche previa a una procesión no duerme.
Este año va a ser una procesión más especial si cabe, y es que se ha confirmado la presencia de la reina Doña Sofía, que dará un prestigio aún mayor a la conocida tradicionalmente como 'la mañana de Salzillo'. Su presencia se unirá a las visitas anteriores, a esta misma procesión, del rey emérito Juan Carlos y del actual rey Felipe VI. Como bien explica Llamas a Murcia Plaza, el vínculo con la Casa Real y su respaldo, en un año tan importante para la cofradía, les provoca una inmensa alegría y un impulso que les “incita a seguir trabajando”.
Ya se empieza a escuchar el sonido de las burlas que anuncia la llegada de un nuevo amanecer, momentos antes de que, una vez quitados los plásticos y puestas las flores, las maravillas salcillescas salgan a llenar las calles de arte. Pero Amparo ya lleva tiempo preparada y en camino a darle los últimos mimos a los tronos encargados de poner en pie y emocionados a todos los murcianos.

- Los tronos, cubiertos con los plásticos. -
- Foto: CEDIDA