La batalla del Polígono Oeste (Alcantarilla) de 1165

Murcia

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MURCIA. La Historia siempre sigue adelante, nunca se para. Y hace olvidar hechos y paisajes. Tal sucede con toda la extensión del ahora llamado, desde el mismo título, Polígono Industrial Oeste. Ya saben: si salen de Murcia hacia el sur, luego derivan hacia La Ciudad Sanitaria de la Arrixaca y siguen hacia el altiplano del oeste. Allí, a la derecha, se levanta, nave con nave, el citado asentamiento industrial. 

Bien, pues en la fecha que dice el título, 1165, hubo una cruenta batalla entre las tropas mursíes de Ibn Mardenix y las Almohades de Sevilla. Mardenix (arabización de Martínez) era liberal; los Almohades, talibanes del Corán. Ganaron los sevillanos, pues de Sevilla venían -todos hechos unos radicales- los llamados Almohades, los Unitarios. 

Dicen los textos que los visitantes traían 13.000 soldados, y que la procedencia de los tales era diversa: árabes, bereberes, sobre todo, pero también esclavos de todas partes. Por parte del mursí, la mayoría era autóctona, más una importante minoría de cristianos del norte hispano, mercenarios. Pero, bueno, ganaron los visitantes. Y los mardenixíes se retiraron tras las murallas de Murcia o Múrsiya, que entonces asustaban hasta de lejos. 

Un asedio siete años después

Siete años más tarde, los talibanes de Marraquech volvieron. Y, esta vez, durante el asedio, Ibn Mardenix falleció. Un aparte para este reyezuelo de taifa: dio al territorio una gran prosperidad, llegando al punto de acuñar moneda propia, que circuló por toda Europa. Bueno, pues con el jefe muerto, la familia pactó con los talibanes almohades, que en ese septenio se habían acomodado un tanto a la vida grata de los musulmanes hispanos. O “alandaluceños”. 

Se conformaron con leer la cartilla a todos los imanes mursíes, y tapiaron y sellaron por completo la mezquita privativa que el fulano se había hecho construir, privadamente, en su Alcázar, zona que va desde la actual Delegación de Gobierno hasta la fachada de San Juan de Dios.

Pero, bueno, en ese interregno nació y vivió nada menos que Ibn Arabí, el murciano (o mursí) Ibn Arabí. Entre una batalla y una ocupación de su ciudad. Marchó a Sevilla, y de ahí al Universo.

Cada vez que pasen junto al Polígono Oeste, miren a su derecha, si van huyendo de Murcia. E, imagínense, a las tropas mursíes retrocediendo ante el empuje de las armas almohades, jinete a jinete, lancero a lancero y espatario a espatario.  

En Murcia hubo de todo, hasta batallas importantes. Cuando los almohades vencedores regresaron a Marrakech, el sultán los llenó de regalos y presentes. Tanta importancia, le dieron, en su capital, al hecho bélico victorioso.

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