MURCIA. Aquella tarde de hace poco mas de dos meses vimos con incredulidad un terrible espectáculo, que no era poca cosa: una gran columna de humo procedente del Parque Regional El Valle a la altura de Los Garres, el monte ardía. Se imploraba el pronto control del incendio.
El fuego apoyado por el fuerte viento se movía rápido por la escarpada ladera del monte. Era casi imposible ser atacado por los medios terrestres contra incendios allí presentes. Estos estaban compuestos por brigadas forestales, agentes medioambientales, cuerpos de seguridad, bomberos de Murcia y la UME, apoyados desde el aire por helicópteros e hidroaviones procedentes de otras regiones.
Tardaron casi un día en su estabilización. Tras el ciclón, un paisaje desolador con tonos marrón y negro se atisbaba desde el valle del Segura, sustituyendo este de repente, a la alfombra verde, que tanto costo tejer a D. Ricardo Codorníu.
El manto negro de riguroso luto se está viendo salpicado por nuevos bordados con tonos verdes, que dan lugar a la esperanza
Por la cercanía del paraje natural afectado a la ciudad y sus pedanías, el hecho tuvo gran repercusión mediática. Tras el paso del tiempo y observada la evolución del terreno, se está produciendo una especie de milagro. Ya sea por la rapidez con la que se propagó el fuego o por cualquier otra causa, lo cierto es que muchos árboles que parecían desahuciados están rebrotando.

- Parque Regional El Valle-Carrascoy. -
- Foto: R. J. L.
El verde de las copas de estos ejemplares está venciendo a los colores negro-marrón, de un terreno que forzosamente se convirtió en una zona tenebrosa. El manto negro de riguroso luto se está viendo salpicado por nuevos bordados con tonos verdes, que dan lugar a la esperanza.
Parte de la legión verde no sucumbió ante las llamas, sino que resistió engañando a las voraces lenguas de fuego. Soldados que en silencio perecieron por intentar salvar a sus compañeros. Compañeros que ahora con su espectacular resurrección honran a aquellos que dieron su vida por ellos. Legionarios que están renaciendo bajo el implacable sol estival, sin apenas alimento y en silencio.
Árboles que dan vida sin pedir nada a cambio y alegran el paisaje, mientras nosotros todavía no hemos decidido como ayudarles; se lo merecen.
La naturaleza nos ha mostrado una verdadera lección de supervivencia.
Raúl Jiménez y Lorca
Cronista de Torreagüera.