MURCIA. Hay locales que, a pesar de su aparente modestia y reducido tamaño, han llegado a formar parte de la vida cotidiana de las ciudades. Es el caso del Bar Oriente, uno de esos pequeños establecimientos que ha servido de lugar de encuentro en el centro de Murcia, situado como está en un punto estratégico: en la esquina de la calle del Pilar con la calle Sagasta, entre el barrio de San Antolín y San Nicolás, y muy próximo a la Estación de Autobuses. Ahora este 'clásico' de la hostelería castiza de la ciudad busca nuevo dueño para seguir escribiendo una historia que se remonta a los años 50 del siglo XX.
Así se anuncia en el portal inmobiliario Idealista, donde se informa de que el local se vende por 130.000 euros. El inmueble cuenta con aproximadamente 30 metros cuadrados construidos, de los que 25 son útiles, y un aseo. La operación incluye también un pequeño almacén de 17 metros cuadrados ubicado a escasa distancia, una ventaja para un negocio que dispone de un espacio reducido a pie de calle.
Según el anuncio de Bascuñana Inmobiliaria, el establecimiento dispone de los permisos necesarios para funcionar como bar. A estas características se suma una fachada de ocho metros lineales, que le proporciona visibilidad en una esquina del casco urbano.
El Bar Oriente es un clásico de toda la vida, desde mitad del siglo XX, habiendo funcionado como un punto de referencia para los vecinos del barrio. Era famoso por abrir muy pronto para los desayunos y por ser parada obligatoria para tomar el café (como su característico cortado), atendido por camareros de solera que controlaban las costumbres de su clientela habitual.
En 2007, el local experimentó una reforma arquitectónica (estudio Ad-hoc Arquitectura y Territorio), que recibió una Mención en los XIV Premios de Arquitectura de la Región de Murcia. Con ella, ampliaron y ordenaron la percepción de un local de dimensiones muy reducidas optimizando el mobiliario y la distribución interior. Así describieron su actuación los arquitectos: "Era de los bares de toda la vida. Su clientela diaria es fija, abundan los frikies, nosotros entre ellos. Allí se cruzan conversaciones que mezclan fútbol con política, un poco de sexo, ciclismo, chistes, esquelas, moda,... Era un bar muy pequeño y muy lleno. Nuestro objetivo era inmediato: hacerlo más grande. Pero, ¿cómo hacer un local más grande sin poder contar con más espacio? Fue un trabajo de repelamiento y ajuste. Primero todo lo que no sirve: fuera, después todo lo que se tiene que quedar: reordenarlo. Decidimos crear un espacio libre interior en el que solo aparecería la barra como objeto, lo demás debía alojarse en esa corona intersiticial dispuesta entre el espacio libre interior y la línea de cerramiento exterior. Lo medimos todo, desde el molinillo a la máquina de tabaco, y, poco a poco, lo fuimos reubicando. Conseguimos, incluso, que nos sobrara espacio intermendio, disponiendo unas barras complementarias con vistas a la calle para los amantes de leer el periódico con cierta tranquilidad".
En el menú del Bar Oriente destacaban las empanadillas rellenas de ensaladilla rusa, la especialidad estrella e indiscutible del local. Muchos clientes habituales y viajeros afirmaban que eran de obligada degustación por su perfecta combinación de masa crujiente y relleno cremoso. Más allá de la comida, su punto fuerte era el desayuno, ya que los dueños servían un café con una destreza impecable, conociendo de memoria el punto exacto que le gustaba a cada vecino del barrio de San Nicolás.
Tras años de actividad como bar de tapas, punto de reunión matutino y refugio de tertulias de vecinos, el local cesó su actividad comercial tradicional. Cabe señalar que Alfredo Casteló Méndez fue el propietario histórico, alma del negocio y el promotor que encargó la famosa reforma de ampliación visual del local. Tras su jubilación el bar pasó por distintas manos y con distintos negocios hosteleros que no cuajaron... hasta que cerró.