Murcia

El día que los huertanos creyeron ser ricos por un tiempo

En 1880 se desató 'La fiebre del oro de Miravete', tanto que el sureste de Murcia recordó a la California de los buscadores de oro

  • Excavaciones mineras en el Miravete
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MURCIA. Corría el año de 1880, cuando Antonete Gálvez, tras utilizar uno de los métodos para averiguar si en un terreno había la posibilidad de encontrar oro u otro metal valioso, informó de que en una explotación minera de su propiedad, ubicada en la sierra de Miravete, había un alto porcentaje de este metal precioso. Este hecho fue acogido con gran entusiasmo por toda la población huertana cercana a la costera sur y norte y, como no, por los medios de comunicación escritos de la época.

Por una temporada, este lugar del sureste del municipio de Murcia se asemejaría a California, puesto que este acontecimiento llegaría a denominarse 'La fiebre del oro de Miravete'. Tal expectación suscitaría este descubrimiento que, de forma inmediata, se comenzó la especulación sobre la fiabilidad del método empleado. En numerosos periódicos se escribieron artículos acerca de la viabilidad de comenzar la extracción de este codiciado metal. Entre los articulistas hubo división de opiniones: unos apostaban por Gálvez y otros aseguraban que la cantidad que se podría extraer no era la suficiente para que las explotaciones fueran rentables.

Nadie, eso sí, dudaría de la palabra del honrado Antonete, que incitaba a todos sus convecinos y huertanos del valle del Segura a solicitar las autorizaciones necesarias para que les otorgasen concesiones mineras o ser partícipes en las mismas; y así repartir los hipotéticos dividendos generados entre el máximo de población posible. Los nombres de las minas eran de lo más variopinto, por ejemplo, 'Los miserables', haciendo referencia al comportamiento del ser humano, u otras en recuerdo de sus esposas como 'Encarnación'. Tampoco se olvidarían de bautizarlas haciendo referencia al fervor religioso, como es el caso de mina 'Santísima Trinidad' o aludiendo al reino animal, llamando a una de ellas 'La leona'.

El hallazgo, tendría repercusión internacional, ya que, países como Alemania o Francia enviarían expertos a la zona, extrayendo varias muestras que fueron enviadas a laboratorios de París o Londres.

  • Inscripciones en una piedra de la Sierra del Miravetel -

Lo que comenzó festivamente en el pueblo de Torreagüera, con el transcurso del tiempo se convertiría en desolación y desilusión; cuando los resultados de las muestras enviadas a los laboratorios, dictaronn sentencia: había oro e incluso plata, pero en un porcentaje tan pequeño que hacía inviable el comienzo de su obtención. El más perjudicado, cómo no, sería el carismático Gálvez, que poseía gran número de participaciones en sociedades mineras y varias explotaciones, pero no solo en la sierra de Miravete, sino también en la serranía de Orihuela. El Esparragal, Corvera, Baños y Mendigo, Monteagudo, Espinardo… intentarían sin éxito, la búsqueda de este metal. Otro personaje ilustre que invirtió en participaciones de concesiones mineras sería el gran Martínez Tornel.

Este apasionante episodio de nuestra particular fiebre del oro serviría otra vez para poner de nuevo el nombre de Murcia en el candelero a nivel internacional, ya que poco antes había salido a la palestra por la devastadora riada de Santa Teresa, en 1879. Tal acontecimiento y revuelo en esos primeros años de la década de 1880 daría pie a que una destilería elaborase y vendiese un licor denominado 'La fiebre del oro, de Miravete'.

  • Excavaciones mineras en el Miravete -

*Raúl Jiménez y Lorca. Cronista de Torreagüera

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