MURCIA. El centro de Murcia se prepara para unificar la imagen de sus terrazas, aunque la confusión en la calle y los tiempos reales de la administración van a otra velocidad. El Ayuntamiento pretende renovar y armonizar la estética de las terrazas de bares y restaurantes mediante la instalación de sombrillas beige en sustitución de los tradicionales toldos, según establece la ordenanza que entró en vigor el año pasado. Sin embargo, a pesar de que la moratoria oficial para adaptarse a la normativa expira en los próximos días, la realidad a pie de calle es muy distinta: la desinformación, el desconocimiento de los plazos y la falta de canales claros para adquirir el nuevo mobiliario marcan los días previos al cambio.
La norma establece unos criterios estéticos muy definidos para el corazón de la ciudad: las terrazas deberán sustituir sus estructuras actuales por sombrillas que no superen los 2,70 metros de altura, fabricadas con lona o materiales ignífugos similares. Además, la normativa especifica que el color debe ser beige o crudo (un blanco apagado o tostado) y obliga a retirar por completo las estructuras una vez que finalice la actividad diaria del local.
Pese a la inminencia del plazo, al pasear por plazas tan concurridas como la de Santo Domingo, la sorpresa es la tónica generalizada. La gerente de una conocida franquicia de croissants de la zona confiesa su asombro absoluto al ser preguntada por la medida, asegurando que no tenían ni idea de la información y que ahora tendrán que consultarlo directamente con su central en Madrid.
"La información llega a cuentagotas"
A pocos metros de allí, el responsable de una heladería se muestra mucho más crítico, no con la intención de unificar la estética, sino con la gestión y la falta de claridad del Consistorio. Este hostelero lamenta que la información les llegue a cuentagotas y califica la comunicación de pésima, explicando que se encuentra perdido a la hora de buscar proveedores homologados.
De hecho, relata que ha tenido que contactar con una empresa de Alemania, pero sigue esperando respuesta sobre si es legal anclar las sombrillas al suelo o no. Además, comparte su temor a que la norma no se aplique a todos por igual, sugiriendo que los restaurantes con más influencia o "peces gordos" podrían recibir un trato de favor o la vista gorda por parte de la administración, mientras que los pequeños negocios afrontarán más dificultades.
Esta sensación de desamparo burocrático se repite en la emblemática calle Platería, a espaldas de la Catedral. En un concurrido bar del entorno, el encargado señala una de sus sombrillas actuales, de color blanco pero con el logotipo visible de una marca de bebidas, preguntándose si esa estructura le servirá. Admite que la información facilitada es muy escasa y que algunos compañeros del gremio van completamente perdidos al no saber a qué almacén o proveedor acudir para comprar los modelos exactos.
En el lado opuesto se sitúa un restaurante de bocadillos de la zona; ellos forman parte del grupo que mejor ha encauzado el proceso. Aunque todavía mantienen su toldo a rayas a la espera del cambio, ya han rellenado y enviado toda la documentación requerida por el Ayuntamiento, mostrándose más optimistas respecto a la transición.
Desde el sector aseguran que el cambio visual será progresivo
Frente al revuelo que se vive en las terrazas, el sector representado por las asociaciones profesionales intenta rebajar la tensión en torno a los plazos reales de aplicación. José María Rubiales, presidente de la Asociación de Cafés, Bares y Afines de la Región de Murcia (HoyTú), aclara que el próximo 30 de junio el centro de la ciudad no amanecerá transformado por arte de magia. Aunque la gran mayoría de los locales asociados ya han cumplido con el trámite de presentar su solicitud de homologación, la administración local las va resolviendo a un ritmo pausado, lo que convertirá esta transición visual en un proceso inevitablemente progresivo debido al enorme volumen de peticiones por gestionar.
Respecto al color de la lona, el representante empresarial matiza que no se exigirá un beige milimétricamente idéntico para todos, una decisión tomada para evitar el monopolio de un solo fabricante y que permitirá cierta flexibilidad cromática dentro de una misma gama de tonalidades crudas. Y aunque Rubiales defiende que esta unificación estética terminará por hacer la ciudad más atractiva de cara al turismo, no esconde que desde la asociación preferían la resistencia de los tradicionales toldos frente a las inclemencias del viento y la lluvia.
"Si todas las terrazas son iguales, las ciudad pierde su gracia"
El debate también está en la calle, donde los vecinos miran con división de opiniones el futuro aspecto del centro. Lorena, residente en el barrio de San Juan, rechaza de lleno esta tendencia a teñirlo todo de beige porque, a su juicio, obligar a los locales a usar una paleta idéntica vuelve las calles monótonas y les quita personalidad. Para ella, los bares deberían poder mostrar su propio estilo libremente —sea con una sombrilla roja o con el diseño que elijan— ya que esa variedad es precisamente lo que da vida al casco urbano.
En el extremo opuesto, un vecino de San Lorenzo defiende la medida al considerar que aportará orden y elegancia a las plazas históricas, aunque se muestra escéptico con los plazos; cree que retirar unos toldos tan grandes y útiles contra el sol murciano será un proceso largo que los hosteleros no harán de la noche a la mañana.