MURCIA. Las persianas metálicas que echan el cierre en las calles de Murcia ya no vuelven a subir para abrir una tienda, una papelería o una peluquería. En los barrios de siempre de la capital y en las pedanías más cercanas, el parón del pequeño comercio se ha cruzado de lleno con los problemas para encontrar casa, dando paso a una escena cada vez más habitual: la transformación de antiguos bajos comerciales en pisos a pie de acera.
El movimiento salta a la vista al repasar los escaparates en venta en la ciudad. Los carteles ya no se dirigen a comerciantes ni a emprendedores que busquen montar un negocio, sino a inversores o particulares que buscan metros cuadrados para hacer casas. La dinámica es especialmente clara en Espinardo, donde la demanda de alquiler ligada a la universidad aprieta. En la calle Mahón, un bajo de 152 metros cuadrados con plaza de garaje se vende por 140.000 euros con un reclamo directo: su facilidad para tramitar el cambio a uso residencial, una superficie que permite incluso sacar más de una vivienda en el mismo espacio.
El fenómeno no es exclusivo de las zonas estudiantiles. En el barrio de El Carmen, golpeado por la pérdida de tiendas en sus calles secundarias, un bajo de 258 metros en la calle Obispo Pedro Gallego sale al mercado por 108.000 euros promocionando abiertamente su potencial para convertirse en pisos a pie de calle. Frente a la dificultad de alquilar o vender un local tan grande para montar un negocio, adaptarlo para hacer casas se ha convertido en la salida más rápida.
Incluso en los barrios más nuevos de la capital, donde los edificios tienen pocos años, la tendencia empieza a asomar. En el entorno de la avenida Juan de Borbón se venden locales de 139 metros por 240.000 euros que han quedado a medio camino —con una parte arreglada y la otra aún en ladrillo visto— tras el cierre de anteriores negocios. El anuncio apela a "reformar según las necesidades", una fórmula que en la práctica abre la puerta a adaptar la planta baja como vivienda ante la falta de clientes para locales tan grandes.
Esta transformación cambia poco a poco el paisaje de los barrios murcianos. Las fachadas acristaladas que durante décadas mostraron escaparates e iluminaron las aceras al caer la noche van dando paso a puertas de entrada, cortinas a pie de calle y ventanas adaptadas, cambiando el ajetreo de las compras por una nueva realidad donde los vecinos viven a la misma altura por la que antes se paseaba.