Los empresarios de La Manga piden un estudio integral de movilidad para reducir el vehículo rodado en la zona

Mar Menor

  • Imagen de un autobús en La Manga.
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Los empresarios de La Manga quieren que el debate recurrente sobre la movilidad dé paso a medidas concretas. Su presidente, Pepe Espinosa, apuesta por encargar un estudio técnico que ordene los desplazamientos en La Manga y Cabo de Palos y plantea Cala del Pino como primer espacio en el que ensayar restricciones estivales al vehículo privado.

Espinosa sostiene que "lo que ha cambiado este año es que yo creo que ya todos, al menos todo el tejido social, yo creo que ya tiene claro un poco la línea que hay que seguir". El dirigente empresarial explica que ya se han iniciado contactos para buscar el respaldo de la universidad, una fundación u otra institución capaz de "hacer un estudio real de movilidad en La Manga y en Cabo de Palos".

Ese trabajo, señala, debería estar alineado con las políticas europeas: "menos vehículos rodados, menos prioridad al vehículo rodado, más prioridad al servicio público y a los espacios verdes". Espinosa cree que la configuración lineal de La Manga permite reservar espacio para el transporte colectivo, estudiar la reducción de carriles convencionales y limitar el acceso de coches a determinadas áreas, pues «esto al final es una ciudad lineal y se puede hacer de una forma muy fácil», afirma.

El presidente de los empresarios considera que el modelo actual ha alcanzado su límite. "Llega un momento en que la pregunta es hasta dónde queremos sobrecargar La Manga de coches", advierte. A su juicio, la ocupación del espacio público refleja el desequilibrio existente: "Hoy en día, si tuviéramos unas imágenes de áreas de La Manga, veríamos cómo el 100% de los espacios públicos están destinados a que estén aparcados coches".

Cabo de Palos sería otro de los puntos en los que introducir cambios, aunque con excepciones para residentes, clientes de alojamientos, aparcamientos o establecimientos, pues "esta entrada indiscriminada de personas los fines de semana no puede ser porque no hay espacio para tanto vehículo", argumenta. En su opinión, "la gente debe ser consciente de que no puede ir con el vehículo hasta el sitio exactamente donde quiere poner la toalla".

La primera experiencia podría desarrollarse en Cala del Pino. "La Cala del Pino es la única zona verde que tiene todo el Mar Menor. Y está justo en una zona donde hay una presión urbanística muy fuerte y no hay parking", explica. La acumulación de coches durante los fines de semana le lleva a proponer una actuación piloto: «quizá tengamos que empezar como modelo, restringir vehículos rodados en verano en esa cala. Y ya está».

Espinosa recalca que la medida afectaría a los coches, no a las personas. "Obviamente que no se va a prohibir la entrada. Estamos hablando de vehículos rodados", precisa. La restricción debería acompañarse de autobuses, lanzaderas y alternativas como las bicicletas o motocicletas de alquiler.

El empresario pone como ejemplo el servicio lanzadera de Cabo de Palos: "La lanzadera, por ejemplo, que se puso en Cabo de Palos, no está funcionando. Está vacía todos los días". Lo atribuye a la ausencia de limitaciones al coche: "Pero es por ese motivo, porque tampoco se ha restringido el acceso de vehículos rodados a Cabo de Palos". Su conclusión es directa: "si tú no puedes entrar a Cabo de Palos, lógicamente coges la lanzadera".

La propuesta incorpora también la posibilidad de implantar un transporte similar al tranvía que recorra el eje de La Manga. Espinosa contrapone ambas opciones: "Tú tienes una reserva en un restaurante o en un hotel y quieres ir en coche. Como no hay una prioridad para el vehículo rodado, quizá tardes una hora en llegar". Frente a ello, asegura: "Si vas en el tranvía, tardarás 10 minutos". "Al final, es premiar un poco otro tipo de movilidad", resume.

El propio Espinosa afirma que ya utiliza esas alternativas: "Ahora, yo, por ejemplo, me muevo en bici eléctrica ya". También cita el acceso a Calblanque como precedente de una restricción que terminó normalizándose. «Algunos se llevaron las manos a la cabeza y tal. Bueno, pues la gente se ha adaptado. Deja el coche, se coge el bus», recuerda. Para que el modelo funcione, añade, resulta imprescindible ofrecer frecuencias suficientes: "Mientras que haya un buen servicio, cada 15 minutos, media hora, no sé exactamente. Creo que cada media hora".

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