La ampliación de la Reserva Marina de Cabo de Palos-Islas Hormigas no solo refuerza la protección de uno de los enclaves más valiosos del litoral de Cartagena. Para el tejido empresarial de la localidad también supone una oportunidad para consolidar la actividad turística y la marca de calidad que acompaña desde hace años a este espacio. "La ampliación supone un montón de cosas. Entre ellas, riqueza económica y calidad", resume José Enrique Cárceles, presidente de la Asociación de Empresarios de Cabo de Palos.
La nueva delimitación incorpora 168 hectáreas de aguas interiores y eleva la superficie protegida hasta las 2.116 hectáreas. La denominada Célula C, una zona de usos regulados situada junto a la costa, busca proteger áreas de alevinaje, favorecer la recuperación de especies y preservar hábitats como las praderas de posidonia y los fondos rocosos.
Cárceles vincula directamente la conservación del entorno con el desarrollo económico de Cabo de Palos. La reserva nació para proteger los recursos pesqueros y las artes tradicionales de la flota artesanal, pero a su alrededor también ha crecido una potente actividad ligada al buceo. El presidente de los empresarios cifra en unas 50.000 las inmersiones que se realizan cada año, con el consiguiente impacto en alojamientos, restaurantes y otros negocios de la zona.
"La conservación trae dinero a Cabo de Palos", sostiene. A su juicio, el modelo demuestra que la protección del medio marino y la generación de riqueza pueden avanzar de la mano. De hecho, asegura que empresas y entidades de otros lugares se interesan por conocer la gestión de la reserva y por comprobar cómo se ha compatibilizado la recuperación de los fondos con la pesca artesanal y las actividades turísticas de bajo impacto.
Ese reconocimiento exterior se traduce, según Cárceles, en una marca diferencial para la localidad. «La reserva genera una marca de calidad muy potente», señala. Una imagen que no queda limitada al submarinismo, sino que alcanza a la oferta gastronómica, el alojamiento y el conjunto de la experiencia turística de Cabo de Palos.
Un "acuario" junto a la costa
La principal novedad de la ampliación es que la protección llega ahora a espacios pegados al litoral y, por tanto, sus efectos serán visibles también para bañistas y aficionados al esnórquel. "Antes venías a bañarte y podías percibir la reserva en cierto modo, pero no era tan evidente. En el plazo de dos años esto va a ser como un auténtico acuario", pronostica.
El empresario afirma que los cambios ya comienzan a apreciarse en algunas calas. Como ejemplo, relata que ha observado pequeños meros de forma habitual en la zona de la Escalerilla, una presencia que considera mucho más difícil cuando existía una mayor presión de la pesca recreativa con caña o arpón.
Cárceles también alude a sus conversaciones con el ecólogo de la Universidad de Murcia José Antonio García-Charton para explicar que la reducción de esa presión puede favorecer un efecto de refugio. Los peces encuentran espacios en los que no se sienten amenazados y permanecen más cerca de la costa, lo que facilita que vecinos y visitantes conozcan la riqueza de los fondos marinos.
Esa proximidad, añade, tiene además un componente educativo. «Cuando las nuevas generaciones lo ven, lo quieren y lo valoran», defiende. La protección se convierte así en una herramienta para fomentar el respeto al mar y reforzar la identificación de la población con el entorno.
Pesca artesanal, gastronomía y vigilancia
El presidente de los empresarios recuerda que la reserva es, ante todo, una figura de interés pesquero. La pesca profesional continúa sometida a una regulación estricta, con artes y periodos autorizados en función de las especies y sus ciclos de reproducción. "Hay veces que se puede pescar con trasmallo y otras con palangre. No todas las especies se pueden capturar durante todo el año", explica.
En su opinión, la evolución de la reserva acredita que esta actividad puede mantenerse de forma sostenible. "Aunque los pescadores faenen, cada vez hay más peces dentro", apunta. Ese equilibrio también beneficia a los restaurantes de Cabo de Palos, cuya cocina mantiene una estrecha relación con el producto del mar y con las capturas de la cofradía local.
La ampliación pretende además convertir las calas costeras en áreas de cría. Cárceles las describe como un "vivero" en el que los ejemplares jóvenes pueden desarrollarse antes de desplazarse hacia zonas con mayor profundidad, corrientes y disponibilidad de alimento. Ese proceso contribuiría a aumentar la biomasa dentro de la reserva y a repoblar los fondos próximos.
La vigilancia constituye otra de las piezas del modelo. A los medios financiados por el Ministerio y la Comunidad Autónoma se suma durante el verano la colaboración de embarcaciones de la flota artesanal. Los buceadores también ejercen, según Cárceles, una función disuasoria y de alerta ante posibles prácticas ilegales, además de recibir información para no alterar artes de pesca autorizadas ni dispositivos instalados para el seguimiento científico.
Para el representante empresarial, el resultado es un engranaje en el que conservación, pesca, buceo y hostelería se refuerzan mutuamente. "La ampliación se hace pensando en los pescadores, pero la disfrutamos todos", concluye. Un valor que, a su juicio, permite a Cabo de Palos competir con una identidad propia y prolongar su atractivo más allá del turismo tradicional de sol y playa.