VALÈNCIA. Gonzalo Abellán: "El hidrógeno verde es estratégico para Europa porque puede liderar su desarrollo". Así lo apunta Gonzalo Abellán, investigador de la Universitat de València y cofundador y CTO de Matteco, quien habla sobre el momento que atraviesa el hidrógeno verde como energía. Tras una primera etapa de grandes expectativas, el sector afronta una implantación más lenta de lo previsto, con el reto de reducir costes y consolidar su uso industrial. El investigador considera que esta renovable será clave para afianzar una cadena de valor propia y reducir su dependencia energética del exterior.
Abellán contrapone esa posibilidad con lo ocurrido en las células solares o las baterías, mercados en los que destaca el peso de la industria asiática. En el hidrógeno verde, sostiene que todavía existe margen para mantener el liderazgo europeo, aunque advierte de que otras regiones avanzan a mayor velocidad. Una diferencia de ritmos que obliga a las empresas a sostener su actividad durante el desarrollo del mercado y a mejorar su tecnología para competir internacionalmente.
"Hubo una inflación de interés, donde todo el mundo estaba revolucionado con el hidrógeno", recuerda. El investigador describe una evolución en la que, después de ese entusiasmo inicial, llega una fase de ajuste que pone a prueba la continuidad de las iniciativas. En ese proceso, explica, algunos proyectos están alargando sus plazos de implantación. "Se está retrasando la adaptación, pero no se están cancelando", afirma. Su previsión es que la adopción termine produciéndose, aunque con un calendario más lento.
La dificultad para las empresas consiste en atravesar ese periodo sin perder capacidad tecnológica ni competitividad. "El reto está en poder sobrevivir a este proceso de transición", apunta Abellán, quien considera que esta etapa favorece a quienes mantienen su apuesta y cuentan con recursos para sostenerla. A su juicio, el sector está avanzando hacia una fase más productiva después del desfase entre las expectativas iniciales y el ritmo real de implantación.
Reducir el coste del hidrógeno
El principal desafío económico pasa por conseguir que el hidrógeno sea "más barato y competitivo con los combustibles fósiles", señala el investigador. Una de las vías para lograrlo es mejorar la eficiencia de los electrolizadores, las máquinas que producen hidrógeno a partir del agua. En su interior se encuentran los electrodos, donde tienen lugar las reacciones que permiten obtener hidrógeno y oxígeno. Abellán explica que mejorar esos componentes permite producir hidrógeno a un menor coste.
Otro de los elementos que destaca es la utilización de materiales que permitan reducir la dependencia de metales preciosos. El investigador señala que algunos catalizadores recurren al iridio o al platino, cuya escasez repercute en el precio de los componentes. A ello se añade la concentración geográfica de estos recursos y la falta de disponibilidad en la Unión Europea. Por eso, considera necesario desarrollar alternativas que permitan limitar esa dependencia y reforzar las capacidades tecnológicas propias.
La competencia, subraya, tiene una dimensión global. Aunque sitúa una presencia más limitada de iniciativas competidoras en España y considera que el mercado europeo todavía no está saturado, destaca la intensidad del desarrollo asiático. "En China el hidrógeno verde ahora mismo es una prioridad nacional", afirma. En ese contexto, sostiene que la innovación será determinante para las empresas europeas: "La clave es poder competir con ellas generando una tecnología que siempre esté un paso por delante de los demás".
Fertilizantes, acero y química
En cuanto a las aplicaciones, Abellán sitúa las primeras oportunidades en la industria. Aunque el transporte suele aparecer entre los usos más conocidos del hidrógeno, considera que su implantación más inmediata puede encontrarse en otras actividades. "Lo más inmediato sería utilizarlo para producir fertilizantes", explica. También señala la producción de acero como uno de los ámbitos en los que esta tecnología puede contribuir a transformar procesos con un elevado consumo energético.
Su planteamiento pasa por aprovechar las actividades industriales donde el hidrógeno ya tiene una función y sustituirlo por uno de origen renovable. El investigador considera que actuar sobre esos consumos puede permitir un impacto relevante sin tener que transformar por completo los procesos productivos. Junto a los fertilizantes y el acero, destaca la industria química, donde el hidrógeno se utiliza como reactivo para producir otras moléculas.
El transporte llegaría después en ese orden de oportunidades. En este ámbito, Abellán dirige la atención hacia el transporte pesado y, en particular, el marítimo, donde considera que los números pueden resultar más favorables. Su visión concede menos protagonismo a los turismos particulares y sitúa el potencial en aplicaciones concretas en las que el hidrógeno pueda ofrecer un encaje económico.
El investigador defiende, además, que su desarrollo debe entenderse dentro de un sistema energético en el que las distintas tecnologías se complementen. "Los puntos débiles de unas energías los cubres con otras", resume. Desde esa perspectiva, destaca tanto su función en procesos industriales intensivos como su utilización en aplicaciones localizadas y vinculadas a la producción de otras moléculas.
España y la soberanía energética
Para Abellán, el desarrollo del hidrógeno verde también tiene una dimensión estratégica relacionada con la soberanía energética. El investigador recuerda los problemas que puede generar la dependencia exterior y considera que España dispone de condiciones favorables para avanzar en este ámbito. Entre ellas, destaca la radiación solar, el despliegue de energías renovables y la presencia de una industria química capaz de participar en su desarrollo.
"Tenemos todos los ingredientes para depender mucho menos de fuentes de energía exterior como el petróleo", sostiene. A su juicio, aprovechar esas capacidades permitiría generar riqueza y construir una cadena de valor más resistente ante problemas de suministro o tensiones exteriores. Una lógica que también vincula con la apuesta de China por esta tecnología.
