Escapadas

Un recorrido por el Valle del Guadalentín: entre fortalezas medievales y el corazón de Sierra Espuña

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MURCIA. Torres defensivas, castillos que desafían al tiempo y yacimientos arqueológicos narran la historia de este valle estratégico. Bajo la mirada de Sierra Espuña, el mayor espacio natural de la Región de Murcia, el territorio despliega un contraste perfecto entre el patrimonio monumental y la frescura de sus senderos. Es una ruta que invita a descubrir el peso de la historia en cada piedra y la belleza de un paisaje que parece detenerse.

Mula

  • Plaza Mayor de Mula -

Coronada por el impresionante Castillo de los Vélez, esta villa emerge de los riscos dominando toda la vega. Su casco antiguo es un laberinto de nobleza donde destacan el Palacio de Menahermosa —sede del Museo de El Cigarralejo— y la Torre del Reloj. En los alrededores, el Santuario del Niño y el Embalse de la Cierva ofrecen un contrapunto de serenidad a la imponente obra de sillería del siglo XVI que preside la ciudad.

Alhama de Murcia

  • Alhama -

El nombre de esta ciudad evoca el vapor de sus antiguos baños termales, un legado romano y árabe que sigue siendo el corazón de su identidad. Pasear por la Plaza Vieja permite admirar el colorido de las fachadas señoriales bajo la sombra del Castillo Árabe del siglo XII. Para quienes buscan la verticalidad, las paredes del Valle de Leiva y el vuelo del parapente en La Muela son la puerta de entrada a una sierra salpicada de Pozos de la Nieve, donde el ingenio del siglo XVI aún permanece tallado en la montaña.

Totana

  • Totana -

 

Desde el Ayuntamiento, el camino fluye entre la herencia mudéjar de la Iglesia de Santiago y el rastro del antiguo acueducto de La Carrasca, con su emblemático arco de las "Ollerías". La carretera hacia el Santuario de la Santa es un deleite para los sentidos: siete kilómetros donde el aroma de naranjos y limoneros prepara el espíritu para el ascenso. Allí, entre el perfume del pino y el tomillo, el conjunto arquitectónico emerge en total armonía con las estribaciones de Sierra Espuña.

Aledo

Ubicada sobre un cerro de laderas escarpadas, esta villa medieval amurallada se presenta como un bastión inexpugnable. La Torre del Homenaje domina el paisaje, recordando la importancia estratégica de un enclave declarado conjunto histórico-artístico. Caminar por sus calles es retroceder a una época de caballeros y picotas, donde la Iglesia de Santa María aporta la elegancia barroca a un horizonte de pura piedra.

Lorca: La Ciudad del Sol y el Bordado

 

Lorca es un despliegue de grandeza barroca y medieval. Su casco monumental, con la Ex Colegiata de San Patricio y el Palacio de Guevara, es un catálogo de heráldica y calles adoquinadas. Pero el alma de la ciudad reside en su Fortaleza del Sol, un espacio donde la historia se vuelve viva, y en sus museos de bordados. Allí, el oro y la seda transforman la tradición en una obra de arte única que palpita durante todo el año.

Puerto Lumbreras

El recorrido culmina donde la tierra se vuelve refugio. Las Casas-Cueva, repartidas por las faldas de un cerro abrupto bajo la antigua fortaleza árabe, ofrecen una arquitectura orgánica y sorprendente. La naturaleza cobra protagonismo en el Cabezo de la Jara, un enclave de gran valor ecológico donde el cielo se vuelve protagonista. Aquí, entre senderos y estrellas, el Observatorio Astronómico invita a comprender que, en este valle, la historia y el cosmos caminan de la mano.

 

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