MURCIA. Un nuevo orden se adueña del mundo. Los antiguos y previsibles dogmas que dominaron el tablero internacional tras el fin de la Guerra Fría, que todos conocían de forma previsible y casi aburrida, se resquebrajan y se deshacen a un ritmo endiablado, sacudidos por la era de la globalización y la inmediatez. A golpe de órdenes de los gobiernos, en ocasiones con un simple tuit lanzado en redes sociales, se inician guerras comerciales, se abren crisis en el estrecho de Ormuz, se trastocan frágiles relaciones globales y se invocan palabras olvidadas como el rearme. Todas estas decisiones acarrean un coste: una consecuencia cuantificada con cifras que obliga a las empresas a reajustar sus presupuestos, sus previsiones y sus futuros proyectos. Y la Región de Murcia, una economía fértil, dependiente del exterior por su potencia exportadora, no es ajena a las turbulencias.
Que la geopolítica afecta a la economía local e influye en nuestro día a día no constituye una noticia. La historia así lo demuestra. La novedad de nuestro tiempo, sin embargo, estriba en que ahora el impacto resulta mucho más directo y rápido que antaño, como así lo advierte el decano del Colegio de Economistas de la Región de Murcia, Ramón Madrid. “La globalización, la creciente integración de los mercados y el desarrollo de mecanismos de colaboración internacional han hecho que geopolítica y economía vayan cada vez más de la mano”, analiza, a preguntas de Murcia Plaza.
“Casi a diario comprobamos cómo las crisis diplomáticas, los conflictos bélicos o las disputas comerciales afectan a las cadenas de suministro o al precio de productos esenciales, como la energía o los alimentos”. Y no sólo ello, añade el experto, todas estas perturbaciones se trasladan con gran rapidez a los precios al consumo, a los costes empresariales y a los tipos de interés, “repercutiendo finalmente sobre las economías familiares y empresariales, aunque su origen no sea estrictamente económico y se encuentre a miles de kilómetros de distancia”.
Los acontecimientos mundiales se han sucedido en los últimos meses: la irrupción de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, con su derivada en el estrecho de Ormuz; el recrudecimiento de la rivalidad comercial entre la gran potencia del siglo XX, Estados Unidos, y la gran potencia emergente del XXI, China; el gran giro proteccionista de Donald Trump en su regreso a la Casa Blanca y su espiral arancelaria; el rearme de los países de la OTAN y el llamamiento a incrementar los presupuestos de Defensa: el empeoramiento del conflicto en Gaza y Oriente Medio... La lista se alarga, y sin olvidar que la contienda bélica de Rusia en Ucrania alcanza ya su quinto año de vigencia, más duradera ya que la Primera Guerra Mundial.

- Encuentro del presidente de China, Xi Jinping, y el presidente de EEUU, Donald Trump, en la Casa Blanca. -
- Foto: EUROPA PRESS / Xie Huanchi Xinhua News
¿Cómo repercuten todos y cada uno de estos episodios en la economía regional? “Más que un acontecimiento concreto, destacaría un fenómeno derivado de la acumulación de distintos episodios geopolíticos: la creciente fragmentación del comercio internacional”, observa el decano de los economistas murcianos, quien recuerda que la Región de Murcia ha sido tradicionalmente una economía muy abierta al exterior y también cuenta con sectores estratégicos particularmente orientados a los mercados internacionales, como la agricultura y las industrias agroalimentaria y química. “Por este motivo, el aumento de las barreras comerciales y los aranceles, el encarecimiento de la energía o la alteración de las grandes rutas comerciales tienen una incidencia especialmente relevante sobre nuestra economía”, aprecia. “Los conflictos y la inestabilidad internacional repercuten directamente sobre el precio de la energía y de determinadas materias primas y, de forma indirecta, sobre los costes de transporte y las condiciones de financiación”.
La factura de la inflación
Hay un medidor que refleja de forma clara y tangible la factura de esta nueva era: el IPC (el índice de precios de consumo. O sea, la inflación. Este verano se conocía que la guerra energética había llevado la inflación al 4,3% por el alza del combustible, según el Instituto Nacional de Estadística. Fue una acelerada subida de hasta siete décimas en apenas un mes, entre julio y agosto. En septiembre se disparó al 4,9%. El salto es el más alto desde febrero de 2023, debido a la inestabilidad de los mercados energéticos por la guerra en Irán y también por la retirada progresiva de las ayudas al combustible.
Una parte importante de esta aceleración está relacionada con la energía y, particularmente, con los carburantes: en julio, el precio del diésel aumentó un 15,7% interanual y el de la gasolina un 7,3%. A ello se añade el comportamiento de los tipos de interés de referencia de las hipotecas, que han retomado una senda ascendente. “Esto supone un encarecimiento para aquellos hogares con préstamos a tipo variable que deban revisar sus cuotas y puede endurecer también las condiciones de acceso a nueva financiación”, considera Madrid, convencido de que todo ello “erosiona la renta real de los hogares y puede provocar un mayor recurso al crédito al consumo para afrontar determinados gastos”.
Aun así, “el mercado laboral continúa mostrando una notable capacidad de resistencia. El empleo mantiene, por el momento, una evolución favorable y está actuando como uno de los principales factores compensadores frente a los efectos negativos de la inflación y de la incertidumbre internacional”. No en vano, Murcia cerró el verano con unos 75.600 parados y casi 700.000 cotizantes a la Seguridad Social, de los que 105.900 son autónomos.

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- Foto: MARCIAL GUILLÉN / EFE
La persistencia de los conflictos, apunta el economista, afecta a prácticamente todos los sectores a través de dos vías principales: el incremento de los costes y el aumento de la incertidumbre. Por un lado, en el sector primario y en la industria agroalimentaria, la escalada arancelaria y el encarecimiento de la energía, los fertilizantes, los envases o el transporte “pueden dificultar el desempeño empresarial y reducir los márgenes”. A ello también se suma “la incertidumbre sobre la evolución de los mercados de destino”.
Por otro lado, en el caso de la logística, el impacto “es especialmente visible en los costes del transporte, las interrupciones de las cadenas de suministro y la modificación de determinadas rutas marítimas, que puede aumentar los tiempos de tránsito y dificultar la planificación”.
No obstante, otro de los grandes medidores de la salud económica de la Región es el balance comercial, cuyo resultado en la primera mitad de este tempestuoso 2026 arroja números boyantes, si bien los datos hay que interpretarlos con cierta cautela. A pesar de los vaivenes de la geopolítica mundial, el negocio de las empresas murcianas en el extranjero crece con fuerza y alcanza números casi de récord. En concreto, el volumen de bienes colocados en el mercado exterior se situaba en 9.803 millones de euros tras los primeros ocho meses del año (los últimos datos actualizados), tal y como refleja el informe de Comercio Exterior, publicado por el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa.
Es decir, la Región de Murcia exhibe músculo con las exportaciones, una de las puntas de lanza de su economía. Las operaciones de los productos energéticos, un sector condicionado por el encarecimiento de los costes, explican el buen rendimiento de una Región que cuenta con una refinería de Repsol en Cartagena. Porque si bien la alimentación tira del carro, con 5.185 millones exportados, un 2.4% más con respecto a los mismos siete meses de 2025, el sector regional que más ha progresado es el energético, con 2.110,7 millones vendidos en el extranjero, un 47% más. Además, los productos químicos registran 1.026 millones, un 3,4% más.
Murcia, de hecho, se consolida como la quinta provincia más exportadora del país. Por delante únicamente tiene a las tres locomotoras del país, Barcelona (52.579 millones, un 2% más), Madrid (35.716 millones, un 0,6% menos) y Valencia (14.744 millones, un 7,4% más), además de Pontevedra (9.841, un 4,4% menos), con quien la Región libra una particular pugna.
Así las cosas, las cifras muestran que, pese a la elevada incertidumbre internacional, las empresas murcianas mantienen una notable capacidad para vender y competir en los mercados exteriores, como así ve también Ramón Madrid. No obstante, avisa de que estos datos deben interpretarse con cierta precaución. “Estamos hablando del valor de las exportaciones en términos nominales, es decir, de una cifra en la que influyen tanto las cantidades vendidas como los precios de los productos exportados. Por tanto, un aumento del valor de las exportaciones no implica necesariamente un incremento equivalente de los volúmenes vendidos”. De hecho, “al descontar el efecto de los precios, la evolución es sensiblemente más moderada”.
Así, según las estimaciones del Centro Regional de Estadística de Murcia, las exportaciones habrían descendido alrededor de un 1% en volumen durante el primer semestre, acumulando además descensos en los últimos cuatro meses. “Por tanto, existe una diferencia importante entre el buen comportamiento de las exportaciones en términos monetarios y su evolución en términos reales”.
Con todo, ¿por qué las exportaciones son una fortaleza de la economía regional? “La diversificación de los destinos, la sólida demanda internacional de muchos productos murcianos —especialmente agroalimentarios— y la capacidad de adaptación de las empresas han convertido las exportaciones de bienes en uno de los pilares de nuestra economía”, examina Madrid, quien, aun así, introduce un matiz: “Desde 2023, su evolución en términos reales ha sido relativamente débil y no ha actuado como uno de los grandes motores del crecimiento regional. Entre 2022 y 2025, las exportaciones disminuyeron aproximadamente un 1,3% en volumen”.
En cualquier caso, “la Región de Murcia dispone de una especialización productiva muy competitiva, cuenta con empresas con una amplia experiencia internacional y mantiene una posición consolidada en los mercados europeos. Además, una elevada orientación exportadora supone un incentivo permanente para mejorar la competitividad, innovar y adaptarse a las exigencias de los mercados internacionales”.
La cuestión clave es hasta qué punto las empresas pueden absorber los incrementos de los costes y las condiciones de financiación. “El traslado a los precios de venta no suele ser ni inmediato ni completo: depende de factores como la intensidad de la competencia, la evolución de la demanda, los márgenes empresariales o la capacidad de negociación de cada sector”. En consecuencia, “una parte de esos mayores costes puede ser absorbida por las empresas, reduciendo sus márgenes, mientras que otra termina trasladándose al consumidor mediante precios más elevados”. Por ambas vías acaba produciéndose una pérdida de capacidad económica: “Para las empresas, a través de menores márgenes, y para los hogares, mediante una reducción de su poder adquisitivo.
Los sectores más expuestos
En términos generales, los sectores intensivos en consumo energético o especialmente dependientes de materias primas importadas son los más expuestos, como así diagnostican los economistas de la Región. También lo son aquellos que venden una parte significativa de su producción en los mercados internacionales o que concentran una proporción elevada de sus compras o ventas en áreas geográficas afectadas por conflictos o tensiones comerciales. “La vulnerabilidad aumenta, además, cuando existe una elevada concentración de proveedores o clientes y cuando los márgenes empresariales son reducidos”, detalla.
Por el contrario, las empresas y sectores más intensivos en tecnología, con mayor valor añadido, mercados y proveedores más diversificados y una posición financiera sólida tienen, previsiblemente, una mayor capacidad para absorber perturbaciones y adaptarse a un escenario internacional cambiante.

- Panorámica industrial de El Palmar. -
- Foto: JJ PEÑALVER
Los tres grandes riesgos
¿Cuáles son los principales riesgos geopolíticos que podrían afectar a la economía murciana y qué consecuencias podrían tener? A juicio de Ramón Madrid, el decano de los economistas murcianos, se pueden señalar tres grandes riesgos.
El primero sería una intensificación de la fragmentación del comercio internacional y un nuevo aumento de las barreras comerciales. “Para una economía tan abierta al exterior como la murciana, un incremento del proteccionismo podría afectar directamente a algunos de sus principales sectores exportadores”.
El segundo sería la aparición de nuevos episodios de tensión geopolítica o el recrudecimiento de los conflictos existentes. “Esto podría volver a elevar los precios de la energía y de las materias primas, alterar las rutas internacionales de transporte y generar nuevas presiones inflacionistas que condicionasen, a su vez, la política monetaria de los bancos centrales”.
Y el tercer riesgo sería una desaceleración de las principales economías mundiales. “Una menor expansión de Europa y del comercio internacional reduciría la demanda exterior y tendría una incidencia especialmente importante sobre una economía regional con una elevada orientación exportadora”.
En definitiva, el principal desafío para la Región de Murcia es que buena parte de estos riesgos se originan “fuera de nuestro ámbito de actuación, pero sus consecuencias pueden trasladarse con enorme rapidez a empresas y hogares”. De ahí “la importancia de reforzar la competitividad, diversificar mercados y proveedores y aumentar la capacidad de adaptación de nuestra economía”.