MURCIA. Grupo Sureste, la empresa con sede en Molina de Segura especializada en los servicios de vigilancia y seguridad privada, confía en mantener un fuerte crecimiento en los próximos años. En concreto, ha puesto en marcha Nexus 2030, una estrategia que aspira a superar los 250 millones de euros de facturación y acercarse a los 10.000 trabajadores en plantilla para el año 2030.
De esta forma, ganaría más de 100 millones de euros de facturación en cinco años, pues cerró el 2025 con unos ingresos de 142,5 millones. Para lograrlo, este plan combina fortaleza financiera, innovación tecnológica y expansión internacional, con Portugal como primer paso.
En el II Encuentro sobre Entidades Críticas, celebrado en el INTA, Ivet Ramón Muñoz, CEO de la compañía, presentó la fortaleza del modelo empresarial y la hoja de ruta para su siguiente etapa. Desde su nacimiento en 1993 con veinte personas, el grupo ha construido una estructura con presencia operativa nacional y cerca de 5.000 profesionales. En una década, la cifra de negocio ha pasado de 14,7 millones de euros en 2015 a 142,5 millones en 2025, el mejor ejercicio de su historia.
La dimensión alcanzada se acompaña de resultados que el directivo vinculó a una política de crecimiento prudente: 5,1 millones de euros de EBITDA, 4,4 millones de beneficio y un ratio de deuda financiera sobre EBITDA de 0,96 veces. Más allá de las cifras, Ramón puso el acento en la profesionalización, el trabajo en equipo, la disciplina y la estabilidad. Una idea resumió su planteamiento: «Crecer no es correr. Crecer es consolidarse».
Sobre esa base, el CEO presentó Nexus 2030, la estrategia con la que Grupo Sureste aspira a superar los 250 millones de euros de facturación y aproximarse a los 10.000 profesionales. El plan combina desarrollo del negocio, fortalecimiento de capacidades operativas, diversificación y una nueva etapa internacional que comienza con la expansión hacia Portugal. La ambición de crecimiento se plantea, así, como consecuencia de una estructura empresarial capaz de sostenerla y no como un objetivo desligado de la solvencia.
La tecnología ocupó un lugar central en su exposición. La vigilancia presencial se complementa con centros de control avanzados, vigilancia remota, inteligencia artificial, análisis de comportamiento, monitorización inteligente y drones pilotados y autónomos. Para Ramón, el futuro de la seguridad será necesariamente híbrido: más capacidad de anticipación gracias a la información y a la tecnología, pero con profesionales preparados para interpretar riesgos y tomar decisiones.
La intervención del CEO puso en relación los principales ejes del encuentro con una estrategia empresarial concreta. Allí donde la resiliencia exige continuidad, Grupo Sureste plantea capacidad operativa; donde las amenazas se vuelven más complejas, propone integración tecnológica; y donde la competencia reclama dimensión, presenta crecimiento con estabilidad financiera. La aspiración es avanzar en el liderazgo del sector sin perder la cercanía al cliente y la fiabilidad del servicio.
Raúl Colucho aborda la preparación conjunta como primera línea de defensa
En la apertura del evento, Raúl Colucho, presidente ejecutivo de Grupo Sureste, agradeció al INTA su colaboración y explicó el propósito de la convocatoria: reunir a personas con responsabilidad y experiencia para pensar juntas sobre un desafío que ya forma parte del presente. «Las amenazas son cada vez más complejas, más difíciles de anticipar y están cada vez más conectadas entre sí. Lo físico, lo digital y lo tecnológico ya no pueden entenderse por separado», advirtió.
Colucho destacó las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial para procesar información, detectar señales y acelerar respuestas, pero rechazó implícitamente cualquier idea de una seguridad confiada exclusivamente a la tecnología: siguen siendo indispensables la experiencia, el criterio, la responsabilidad y la preparación de los profesionales que deben actuar en situaciones críticas.
El presidente ejecutivo puso especial énfasis en la cooperación público-privada como capacidad operativa, no solo como principio institucional. Compartir información, conocer las posibilidades de cada organización y construir relaciones de confianza son tareas que deben realizarse antes de una emergencia, cuando todavía hay margen para prepararse. Su llamamiento a responder juntos estableció el argumento central de una jornada concebida para conectar conocimiento, responsabilidades y personas.
Juan Ortín: un mercado expansivo en el que Grupo Sureste gana cuota
La radiografía del sector correspondió a Juan Ortín, director del Observatorio Sectorial DBK de INFORMA. Su presentación situó la facturación de la seguridad privada en España en 6.740 millones de euros en 2025, un 37 % más que en 2020, y apuntó a una evolución hasta 7.390 millones en 2027. La vigilancia, con 3.375 millones de euros, representa aproximadamente la mitad de la actividad; los sistemas de seguridad aportan 2.992 millones.
El aumento del negocio convive, sin embargo, con presiones estructurales. Ortín describió un mercado en el que se intensifican la concentración empresarial, los costes operativos, la sensibilidad al precio y la dificultad para atraer y retener personal cualificado. Las cinco primeras compañías reúnen el 58,3 % de las ventas del sector y los diez primeros operadores concentran el 76,7 % del mercado de vigilancia. La demanda de tecnología y de soluciones integrales abre oportunidades de crecimiento, pero también exige dimensión, inversión y una gestión particularmente rigurosa.
En esa radiografía, DBK-INFORMA destacó de manera específica el avance de Grupo Sureste, sexta compañía del mercado español de vigilancia en 2025. Sus ingresos en esta actividad crecieron un 12,8 %, frente al 4,7 % del mercado y al 4,3 % agregado de los otros nueve competidores del grupo de referencia. Los datos presentados por Ortín muestran una compañía que no solo participa del crecimiento sectorial, sino que está aumentando su peso relativo dentro de uno de los segmentos más exigentes de la seguridad privada.
La internacionalización, la externalización de servicios y el desarrollo de soluciones intensivas en nuevas tecnologías -en especial las relacionadas con digitalización, ciberseguridad y protección de infraestructuras críticas-completaron el horizonte de oportunidades identificado por el Observatorio.
Pérez Pajuelo (CNPIC): la prioridad es que las funciones esenciales no se detengan
La intervención de José Luis Pérez Pajuelo, director del Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas (CNPIC), concretó ese planteamiento en una pregunta decisiva: qué funciones no puede permitirse perder una organización y de qué otras depende su continuidad. Bajo el título «Las amenazas híbridas en el contexto CER», su presentación propuso desplazar el objetivo desde la invulnerabilidad de cada infraestructura hacia la resiliencia de los servicios esenciales.
Pérez Pajuelo describió una secuencia de riesgo en la que una amenaza híbrida explota dependencias críticas, degrada un servicio y puede terminar produciendo un impacto social o estratégico. En sectores conectados como energía, telecomunicaciones, agua, transporte, salud, finanzas y proveedores digitales, una alteración puntual puede propagarse. Frente a esa vulnerabilidad, formuló tres capacidades que deben reforzarse: ver e identificar las conexiones y señales de alerta; decidir qué funciones sostener y dónde concentrar recursos; y recuperar la actividad mediante redundancias, modos de funcionamiento degradado y protocolos de restauración ensayados.
La inteligencia artificial aparece en ambos lados del problema. Puede facilitar a los atacantes el reconocimiento, la ingeniería social o la elaboración de señuelos; al mismo tiempo, ofrece a los defensores la posibilidad de integrar sensores, detectar anomalías y priorizar decisiones. Para convertir ese potencial en protección efectiva, el responsable del CNPIC señaló cinco capacidades: inventario dinámico de dependencias, fusión de señales procedentes de distintos ámbitos, análisis de anomalías y escenarios, priorización de la continuidad y coordinación público-privada.
El planteamiento incluyó una condición especialmente relevante: la tecnología debe apoyarse en datos confiables, reglas de gobernanza y supervisión humana, y los operadores han de poder seguir actuando si la IA se equivoca o deja de estar disponible. La síntesis de su presentación fue inequívoca: «IA al servicio de la misión, no la misión al servicio de la IA». La ventaja, sostuvo, estará en transformar información en resiliencia antes de que una vulnerabilidad se convierta en interrupción.
Albert Rivera: leer el escenario internacional para comprender el riesgo empresarial
Si la intervención del CNPIC mostró cómo pueden transmitirse las amenazas entre sistemas críticos, Albert Rivera, de RV+, amplió la escala de análisis con la ponencia «Geopolítica y empresa: las claves del mundo que viene». Su participación introdujo la relación entre el entorno internacional y las decisiones que afectan a la actividad, la seguridad y la continuidad de las organizaciones.
La cuestión tiene una dimensión cada vez más práctica para las empresas. Los cambios en los equilibrios internacionales, la competencia tecnológica y las dependencias económicas se traducen en exposición de las cadenas de suministro, condiciones de acceso a determinados recursos, decisiones de inversión y necesidad de adaptación. Una organización puede desarrollar su actividad en un territorio concreto y, sin embargo, encontrarse condicionada por hechos que ocurren mucho más allá de él.
En este contexto, la geopolítica deja de ser una materia reservada al análisis de los asuntos exteriores y se convierte en una perspectiva necesaria para la planificación corporativa. Comprender el entorno, distinguir riesgos coyunturales de transformaciones duraderas y preparar escenarios alternativos ayuda a situar la seguridad dentro de la estrategia empresarial. Esa reflexión proporcionó un enlace natural entre los desafíos institucionales abordados al comienzo de la jornada y la evolución económica del sector analizada a continuación.
David Escribano: la singularidad de proteger los espacios donde se investiga el futuro
La jornada cerró su parte de ponencias con David Escribano, del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), y la intervención «Vigilancia en entornos científico-tecnológicos: necesidades particulares». Su temática trasladó la reflexión general sobre las entidades críticas a un ámbito especialmente singular: instalaciones donde la actividad científica, los sistemas de ensayo y las capacidades tecnológicas requieren una protección adaptada a su naturaleza y a su funcionamiento.
En estos entornos, la seguridad debe contemplar no solo las instalaciones, sino también la continuidad de los trabajos, la protección de los equipos y la singularidad de las operaciones técnicas. Ese fue el sentido de incorporar la perspectiva del INTA a una jornada dedicada a anticipar riesgos sin comprometer el desarrollo de actividades esenciales.
La experiencia se completó con una visita técnica al anillo de velocidad, la cámara anecoica y las áreas de integración de satélites, que permitió a los asistentes acercarse a algunas de las instalaciones y capacidades científicas y tecnológicas del instituto. El recorrido aportó una dimensión tangible a la conversación: proteger una infraestructura estratégica significa también preservar las condiciones en las que se genera conocimiento e innovación.