MURCIA. El gran pintor murciano Antonio Hernández Carpe (Espinardo, 1921-Madrid, 1977) inundó la Región de Murcia y el resto la geografía española con unas obras con las que modernizaba e imprimía su sello en el arte mural del país. De hecho, fue uno de los artistas que más producción dejó en la década de los 60 en los llamados 'pueblos de colonización', creados durante el franquismo para luchar contra la despoblación. El Museo Ramón Gaya de Murcia inaugura este miércoles una exposición con unos trabajos muy distintos a los que se conservan de Carpe en edificios públicos de todo el país. Se trata de una muestra dedicada a obra de pequeño formato, concretamente a los retratos pintados por el artista, entre los que se encuentra el único autorretrato que realizó.
La exposición en el Gaya -llevada a cabo con motivo del quinto aniversario de la Fundación de Arte El Mural de Hernández Carpe- muestra una pequeña selección de retratos, centrada en una de las etapas más brillantes del pintor murciano, la década de 1950. La muestra reúne varios retratos familiares, entre los que destaca la figura de Celina, esposa del pintor, representada en tres ocasiones. Su hija, también llamada Celina, aparece en otros dos retratos. Completa el conjunto la imagen de un niño, hijo de Gaspar Gómez de la Serna, biógrafo del artista y dos retratos más de amigas del pintor, Isabel Mengual, María Luisa Montiel.
En estas obras se aprecia el lenguaje personal de Hernández Carpe, caracterizado por la construcción geométrica de las figuras, cierta influencia cubista y el empleo de colores vivos. Una pintura de paleta singular que permite acercarse, desde la intimidad del retrato, a una faceta destacada de su producción.
La exposición podrá visitarse en el Museo Ramón Gaya hasta el 15 de noviembre.
Recuperación de un legado
Hernández Carpe desarrolló una destacada labor muralista con trabajos en Madrid, Santander, Las Palmas de Gran Canaria y, especialmente, Murcia. En la capital murciana realizó pinturas para la Casa de la Cultura, colegios mayores y otros espacios públicos. Entre sus intervenciones más conocidas figuran los frescos ejecutados en 1955 para la entrada del antiguo Hospital Provincial, hoy Hospital General Universitario Reina Sofía.
La recuperación de su legado recibió un impulso decisivo en 2021, con motivo del centenario de su nacimiento, a través de una exposición en el Museo de Bellas Artes de Murcia (MUBAM). Aquella iniciativa contribuyó a poner en marcha la fundación dedicada al artista, que trabaja en la catalogación de su producción y en la recuperación de sus pinturas murales. La entidad está presidida por un patronato integrado por personas vinculadas al ámbito cultural y por familiares del pintor, y cuenta con Juan Bautista Sanz en la dirección.
La conservación de los murales constituye una de las principales preocupaciones de la fundación. Mientras que la obra de caballete se ha preservado en mejores condiciones, buena parte de las pinturas murales ha quedado oculta o en riesgo debido a las transformaciones arquitectónicas de los edificios. Algunos conjuntos se han recuperado, como los de la antigua escuela laboral de Toledo y los del colegio Joaquín Sorolla de Madrid. En Castilla-La Mancha, además, se ha avanzado en su protección patrimonial. En Murcia, la retirada de paneles de pladur en un edificio ha permitido descubrir pinturas vinculadas a la entrada de Alfonso X el Sabio en la ciudad, aunque todavía quedan murales por localizar.
Sobre Hernández Carpe
Carpe comenzó en 1935 sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Murcia, aunque a finales de los años 30 ya era frecuente encontrarle realizando acuarelas durante sus excursiones como scout. En los años 40, tras el episodio trágico de la Guerra Civil, se trasladó a Madrid y realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y, sobre todo, conectó con el mundo intelectual de ese tiempo; escritores, arquitectos, pintores y escultores son sus amigos. En los años 50 marchó a la Academia Española en Roma con una beca oficial. A partir de ahí su figura se engrandeció con una portentosa actividad muralista por toda la geografía española, compatibilizando con una excepcional obra de caballete; se convierte así en uno de los artífices más importantes, en varias disciplinas, del arte español del siglo XX, tan contundente en la historia plástica.
Trató todos los géneros y usó de variadas técnicas, ideando nuevas y usando materiales inéditos cuando así lo requería la obra. Paisajes urbanos y de entre ellos sus personales vistas de ciudades italianas o imágenes con espíritu onírico del Mar Menor; bodegones de productos de su tierra: higos, membrillos, limones, pimientos, higos chumbos…; animales de su entorno inmediato, como cabras, palomas y perdices, y peces del Mar Menor, pero sobre todo expresivos gallos.
Como muralista su labor fue inmensa por el número y la amplitud de sus dimensiones. Para ello, utilizó las más diversas técnicas, desde el fresco al azulejo pintado que decoraron vestíbulos, salones o escalinatas de edificios oficiales de nueva construcción.
El fallecimiento prematuro e inesperado de Carpe a la edad de 56 años dejó una gran cantidad de su obra sin catalogar ni documentar, motivo por el cual se ha creado una fundación que trabaja para la preservación, actualización y, en su caso, recuperación y protección del patrimonio artístico que legó el pintor de Espinardo.