MURCIA. El pintor murciano Ramón Gaya rompió la promesa que se había hecho a él mimo de no escribir sobre pintores vivos. Así lo reconocía en 1981: "He venido cumpliéndolo bastante bien; hoy, sin embargo, me gusta romper esa promesa porque me encuentro delante de unos pequeños trozos de pintura -pintados a la aguada- que me parecen, sin más, muy excepcionales; lo primero que diría de estos trozos de pintura es que están vivos, sencillamente vivos". Se refería a la obra del artista de Las Torres de Cotillas Pedro Serna. Fruto de la amistad entre estos dos pintores murcianos, de la mutua admiración que se profesaban y de una forma de ver y entender la pintura que compartían nace la exposición Ramón Gaya. El acuarelista sentado (Serna visto por Gaya), que se inaugura en el Museo Ramón Gaya de Murcia este miércoles 4 de febrero, a las 11.30 horas.
Homenajes, retratos y paisajes realizados por Ramón Gaya conforman esta muestra, habiendo sido algunas de las obras prestadas por el propio Pedro Serna y su mujer, Isabel Barquero, procedentes de su colección particular y conservadas como memoria viva de años imborrables, según señala el museo murciano que dirige Rafael Fuster, que recuerda que Gaya pintó a Serna en el paisaje, "retratándolo mientras pintaba, como ya había hecho en otras ocasiones con artistas cercanos, entre ellos Cristóbal Hall. No en vano, solía decirle que le recordaba a Hall: qué buenos amigos hubierais sido. Con una mezcla de ironía afectuosa y admiración profunda, Gaya se refería a Serna como 'el acuarelista sentado', título que da nombre a esta exposición".
La muestra se completa con manuscritos originales que Ramón Gaya (1910–2005) dedicó a Pedro Serna, que hoy cuenta con 81 años, en los que reflexiona sobre su pintura desde algunas de las ideas centrales de su pensamiento: "la tradición como sustancia viva, la pintura como acto de acogida de la realidad y la acuarela entendida no como un género menor, sino como expresión plena de un pintor verdadero", apuntan desde el museo.
Y es que para Gaya, las acuarelas de Serna "no son acuarelas de acuarelista, sino de pintor". Asimismo, se refería a él como un magnífico pintor, fino y muy sensible, autor de obras vivas; pequeñas pinturas como dichas en voz baja y, al mismo tiempo, con fuerza, con un vigor, diríase, ternísimo, primaveral".
Unos naranjos en el origen de una amistad
Ambos artistas se conocieron en 1978, "cuando Ramón visitó una exposición de Pedro Serna en la desaparecida galería Chys de Murcia. Impactado por la obra, Gaya quiso conocer al pintor. De aquella muestra adquirió un paisaje de Ricote -unos naranjos (obra de Serna en esta muestra)- y, desde entonces, se fraguó entre ambos una sólida amistad. Salieron a pintar juntos por la huerta de Murcia y otros enclaves de la Región, acompañados en ocasiones por amigos como Eloy Sánchez Rosillo, Manuel Avellaneda o Paco Flores, testigos privilegiados de aquellas jornadas de pintura au plein air", rememora el Museo Gaya.
Añaden que "la relación se extendió también a otros territorios como Granada, Florencia y Aix-en-Provence -siguiendo la huella de Cézanne-, así como diversos viajes por Francia e Italia. En Madrid compartieron la visita a la primera gran exposición antológica de Paul Cézanne en España, celebrada en 1984 en el Museo Español de Arte Contemporáneo. Ambos compartían, además, pasiones comunes como los toros y el flamenco". Precisamente, una acuarela de Serna del gran Farruco protagoniza el cartel de la Cumbre Flamenca de Murcia este año.
"Ramón Gaya. El acuarelista sentado (Serna visto por Gaya) es un homenaje a la amistad, a la pintura compartida y a una forma de estar en el mundo basada en la fidelidad a la tradición viva, al paisaje y a la verdad de una mirada atenta a la inagotable realidad", afirman desde el museo murciano.

- Serna pintado por Gaya -