MURCIA. El periodista Miguel Ángel Santamarina publicó su primera novela hace diez años, situando una historia de desapariciones, poder e investigación en aquel 2012 marcado por la crisis, los despidos y el 15M. Tras dejarla un poco en el olvido, La hora de los monstruos, que así se llama, ha vuelto a las librerías en una edición revisada y publicada por Ediciones B y en un momento en que el país sufre una crisis distinta, la de la vivienda, que ha empujado a los jóvenes a volver a acampar en la Plaza de Sol. De los monstruos que habitan entre nosotros y de la sociedad en la que a veces no necesitan ni esconderse hablará el autor el viernes 16 de octubre en la Feria del Libro de Murcia, donde presentará este thriller con trasfondo social en un acto que tendrá lugar a las 18:00 horas en el Pabellón de las Anas, en el que estará acompañado por la escritora cartagenera Ana Ballabriga.
"Un escritor es, sobre todo, una persona muy curiosa, muy cotilla, que está al tanto de todo", señala Santamarina, editor y redactor de Zenda, que ha publicado dos libros de divulgación: La guerra que cambió el mundo (2025) y La guerra que cambió España (2026). En su primera novela aborda la desaparición de dos adolescentes de Ciudad Real. Dos meses después, un programa de máxima audiencia consigue datos que ni siquiera conoce la Policía y convierte el caso en un espectáculo mediático. En paralelo, el periodista Javier Redondo se obsesiona con la investigación y decide continuar adelante cuando prácticamente nadie parece interesado en esclarecer qué ha ocurrido.
Se trata de una novela que, pese a haber sido concebida hace diez años, ha adquirido para su autor nuevas resonancias. "Hay un punto de conexión muy fuerte con esa época", señala Santamarina, que refleja en la obra el desempleo, la precariedad juvenil, el movimiento 15M y "la sensación de que los poderosos terminaban saliéndose con la suya". De hecho, el secuestro de los dos jóvenes funciona como el motor del thriller, pero también como reflejo de una generación golpeada por una crisis que condicionó sus expectativas y su futuro. "Es un poco una metáfora de una juventud robada", explica.
Periodismo y espectáculo

- Miguel Ángel Santamarina. -
- Foto: Jeosm
Uno de los ejes de la novela la dibuja Javier Redondo, el periodista que investiga el caso, quien también sufre las consecuencias de aquella crisis: pierde su empleo y conoce de primera mano la transformación y precarización de los medios de comunicación. Sin embargo, siente que tiene una deuda con los dos jóvenes desaparecidos y decide continuar investigando. Santamarina también quería adentrarse en la llamada telebasura, cuando el caso llega a un programa de televisión y la desaparición se convierte en un fenómeno mediático. "Me interesaba mucho abordar cómo mostramos esos casos muchas veces desde los medios de comunicación para reflexionar sobre la manera en que determinadas historias terminan siendo convertidas en espectáculo y sobre cómo, en ese proceso, deshumanizamos a la gente".
El título de la novela no es casual, ya que los monstruos de la novela no son únicamente personajes excepcionales capaces de cometer atrocidades. También pueden formar parte de nuestro entorno cotidiano. "Es fácil tener al lado de una persona narcisista, una persona psicópata y que te haga mucho daño", sostiene el escritor, que relaciona esa idea con los dramas familiares, la violencia de género y otras formas de violencia que forman parte de la realidad cotidiana. Su trabajo como periodista y, especialmente, sus investigaciones sobre conflictos bélicos también han alimentado esa reflexión sobre la naturaleza humana. "Hay gente que aparentemente no mataría una mosca y que, de repente, en una situación totalmente deshumanizada, como una guerra, se convierte en monstruo", señala.
Aunque Javier Redondo es el protagonista, el escritor apunta que, durante el proceso editorial, surgió otra lectura de la historia. Su editora y el escritor Eugenio Fuentes, uno de los primeros lectores del manuscrito, coincidieron en señalar el peso de Lucía, la novia de Javier. "Ella es realmente el gran personaje de la novela y en la que ha volcado más elementos personales", apunta.
"No creo en las sentencias absolutas"
Santamarina defiende además la estructura coral de la obra, con diferentes personajes y puntos de vista. "Me gusta la novela coral porque no creo en las sentencias absolutas. Los problemas no deberían cerrarse necesariamente con una certeza definitiva, sino abrirse a nuevas preguntas. De ahí que la multiplicidad de perspectivas sea una herramienta narrativa fundamental", explica.
La recuperación de la novela diez años después también le ha permitido reencontrarse con el escritor que era entonces. Reconoce que, si hubiera partido de cero con su estilo actual, probablemente habría escrito una obra diferente, pero decidió conservar la esencia de aquella primera novela. No obstante, en La hora de los monstruos reconoce ya algunos rasgos que siguen presentes en su manera de escribir como son una prosa sintética, una estructura fragmentaria y el gusto por mezclar perspectivas.
Si hay algo que Santamarina espera provocar en sus lectores es, ante todo, el deseo de seguir leyendo. "Me gusta especialmente que me digan que han devorado la novela", cuenta. También quiere dejar en el lector "cierta inquietud cuando llega la última página". "Me gusta terminar una serie, una película o un libro y tener ese sentimiento un poco de regusto amargo», explica.
Para definir esta novela, su autor recurre a las palabras de otro La escritora Susana Martín Gijón, por ejemplo, la define como "un thriller implacable", mientras que Eugenio Fuentes la considera "pura novela negra". Él, por su parte, tiene claro que lo que buscaba era "mantener el ritmo, la intriga y el misterio hasta el final".

- La hora de los monstruos -