Cartagena. Un bocadillo de lomo en un bar de carretera. Esa imagen, tan cotidiana, ayudó a Raúl Arévalo a encontrar a Suizo, el proxeneta al que interpreta en El castillo. Las directoras y los guionistas querían alejarse del criminal de ficción cargado de cadenas de oro para mostrar a un hombre al que cualquiera podría encontrarse comiendo en la mesa de al lado. La violencia de sus actos no necesita una apariencia excepcional.
El castillo se estrena el 8 de octubre en Movistar Plus. Creada y escrita por Isabel Peña y Eduardo Villanueva, dirigida por Elena Martín Gimeno y Sandra Romero y basada en el libro El proxeneta, de Mabel Lozano, la serie aborda la trata de mujeres desde distintas perspectivas. Arévalo da vida a Suizo; Valentina Vidal, que debuta en la interpretación, encarna a Claudia, una joven colombiana que llega a España buscando un futuro mejor; y Omar Ayuso interpreta al inspector Gerardo Liesa.
En conversación con Murcia Plaza, los tres explican cómo se acercaron a esos personajes. Vidal recuerda lo que le aportó escuchar a supervivientes de trata y la emoción de volver a Cali para rodar después de haber emigrado. Ayuso habla de un casting que le sorprendió y de las ganas de interpretar papeles alejados de los que suelen ofrecerle. Arévalo insiste en la necesidad de entender al personaje sin justificarlo.
Pregunta. La trata, la prostitución y el proxenetismo son realidades conocidas por su existencia, pero mucho menos por su funcionamiento. ¿Qué se va a encontrar el espectador en El castillo?
Respuesta. Raúl Arévalo. Lo primero es decir que esta es una serie que habla sobre la trata de mujeres, en este caso entre 1999 y 2004. Aunque, desgraciadamente, es un tema muy vigente y sigue ocurriendo, de otras formas y por otros canales.
También hay que diferenciarlo. Es normal que se mezclen las cosas, porque nosotros tampoco sabíamos tanto cuando empezamos a hacerla. Claro que habla de la prostitución, pero dentro de la prostitución hay muchos matices y distintos tipos. Esto habla de la violencia contra la mujer y de la explotación sexual, y la serie es muy clara en ese sentido.
La prostitución es otro debate, otro tema. Ojalá esta serie pueda generar una conversación, porque no pretende dar lecciones de nada. Ojalá genere muchas preguntas y dé para una conversación. Creo que el espectador se va a encontrar con lo que nos encontramos nosotros cuando empezamos a hacerla: muchas cosas que no sabíamos sobre un tema que está ahí, pero al que hemos mirado poco y que se ha tratado poco en el cine y en las series.
P. La historia cruza tres perspectivas: la del proxeneta, la de la víctima y la del policía. ¿Cómo ayuda esa combinación a entender todo este mundo?
R. Omar Ayuso. Creo que, en el propósito que tiene la serie de hacer un retrato clínico de la trata, poder verla desde tres puntos de vista distintos, desde los tres agentes implicados, ayuda a que ese retrato sea lo más amplio posible.
P. Raúl, Suizo no tiene un aura de heroicidad ni muestra grandes lujos. Es un hombre que come de menú en bares de carretera. Más allá de la transformación física, ¿qué gesto o comportamiento cotidiano te ayudó a encontrar al personaje?
R. Raúl Arévalo. Había una clave que nos dieron a todos los que interpretábamos a los proxenetas. Creo que fue Elena Martín, una de las directoras. Ella, Isabel Peña, Eduardo Villanueva y Sandra Romero, la otra directora, querían huir de ese estereotipo cinematográfico de gente chunga con cadenas de oro. Querían algo mucho más verosímil, más parecido a cómo son en realidad: señores a los que te puedes encontrar en un bar de carretera comiendo un bocadillo de lomo.
Esa imagen del bocadillo de lomo en un bar de carretera nos ayudó mucho a todos los que interpretábamos a los proxenetas a entender al personaje de una forma muy básica.

- Valentina Vidal y Raúl Arévalo en un momento de la serie. -
- Foto: María Heras
P. Valentina, debutas en la interpretación con esta serie, junto a Raúl y Omar y con un guion de Isabel Peña y Eduardo Villanueva. Durante la preparación hablaste con supervivientes de trata. ¿Qué te enseñaron sobre Claudia que no estuviera ya en el guion?
R. Valentina Vidal. El guion estaba muy bien hecho. Ya se hablaba, por ejemplo, de disociación y de todas esas cosas a las que se enfrentan las mujeres. Pero es muy distinto verlo en un papel a que te lo cuente una mujer que ha atravesado ese tipo de situaciones.
Aunque son mujeres que han hecho un proceso psicosocial y han trabajado esos momentos de su vida, todavía es muy palpable esa sensibilidad y, quizá, esas heridas que, evidentemente, quedan. A mí me ayudó mucho a entender cuáles eran las sensaciones de esas primeras veces: la primera vez en el salón, el primer encuentro con el proxeneta, el primer encuentro con un cliente. Si había una mezcla de nervios, de miedo... Mirarlas a los ojos y que te lo contaran directamente me ayudó a darle mucha verdad al personaje.
P. También volviste a Colombia, a Cali, para contar esta historia. ¿Cómo te removió ese regreso? Eras muy pequeña en los años en los que se ambienta la serie.
R. Valentina Vidal. Sí, estaba casi recién nacida, era muy pequeñita. Pero, aunque pueda sonar como una historia de hace años, es algo que sigue vigente. Todavía se escuchan historias de mujeres que están en redes de trata de personas.
Yo no había vuelto a casa desde que emigré. Me hizo muchísima ilusión volver con el sueño cumplido, porque me vine buscando esto. Volver a casa con ese sueño cumplido fue muy emotivo.
Además, llegaba a rodar a mi ciudad una realidad que nos afecta principalmente a las mujeres y que estábamos contando tan de la mano de las mujeres de mi ciudad. Eso me hacía sentir cierta responsabilidad de hacerlo de una manera muy respetuosa y muy cercana.

- Un fotograma de la serie. -
- Foto: Manolo Pavón
P. Omar, tú interpretas al policía. ¿Por qué te sorprendió que te llamaran para este personaje?
R. Omar Ayuso. Porque, a priori, la descripción que me hicieron cuando me ofrecieron hacer el casting no era la de los personajes para los que suelen llamarme. Me dijeron: «Es un policía machirulo, heterosexual, español». No son el tipo de castings que suelo hacer, por desgracia, porque tengo muchas ganas de interpretar esos personajes.
Agradezco mucho la visión que tuvieron Eduardo e Isabel. Además, es muy curioso: nos encontramos en las escaleras de un teatro y no nos conocíamos. Esto me lo han contado ellos después. Al verme allí se les ocurrió la idea de llamarme para hacer la prueba. Para mí ha sido increíble poder interpretar a un personaje bastante alejado de lo que soy yo.
P. En una historia tan dura, ¿cómo conseguís no juzgar a los personajes para que eso no afecte a la interpretación? En el caso de Suizo, resulta especialmente difícil.
R. Raúl Arévalo. Es una de las cosas que te enseñan en primero de interpretación: aprender a no juzgar al personaje. Una cosa es la opinión que yo tenga de alguien así y otra que, cuando lo estoy interpretando, intento no interpretar a un monstruo, sino a un ser humano que puede llegar a hacer cosas monstruosas. A partir de ahí se trata de intentar no justificarlo, pero entenderlo.

- Un fotograma de la serie. -
- Foto: Manolo Pavón
P. Omar y Valentina, al ver la historia y el contexto de aquellos años, ¿llegáis a entender cómo actuaban la policía y los jueces? ¿Hasta qué punto había desconocimiento o ignorancia sobre lo que estaba sucediendo? ¿Por qué eso no era delito?
R. Omar Ayuso. Bueno, es que no era delito porque, en realidad, el cambio de paradigma que se da cuando aparece la trata en España es cuando empieza esa actividad criminal. Lo que nos explicaban los policías con los que hablamos, que trabajaban en la UCRIF en aquella época, es que iban por detrás de los proxenetas y aprendían de qué iba todo esto siguiéndolos. Inevitablemente, eso hace que haya un periodo en el que no sabes muy bien qué está pasando y dependes de los pasos que den los criminales para entender qué están haciendo.
En cuanto a entender el tratamiento que hacían la policía y los jueces, no sé si la palabra es entender. Lo que sí entiendo es que los jueces y la policía son un reflejo de la sociedad en la que viven, porque forman parte de ella.
No sé si se puede juzgar la sociedad de hace veinte años en España. Creo que lo que sí podemos juzgar es la sociedad de ahora y ver qué queremos hacer con eso. En ese sentido, la serie pone de manifiesto muchas cosas que siguen vigentes, en distintas tonalidades, y que tienen que ver con el machismo estructural, con un racismo y un clasismo que están en el ADN de nuestra cultura.