CARTAGENA. Fue novillero, toreó en numerosas plazas y salió tres veces a hombros en Cartagena, pero una cornada de 20 centímetros terminó apartándolo de las plazas. Décadas después, el cartagenero Queco Auñón Martínez conserva su pasión por el mundo taurino y a sus 79 años sigue toreando, aunque en vez de con un capote lo hace con lápices y colores; y en vez de bajar al ruedo se enfrenta a un papel en blanco donde representa las escenas que él tantas veces vivió en primera persona.
"Cuando yo dibujo, me siento torero", confiesa este artista (aunque a él le da pudor llamarse así), cuyos dibujos están llenos de toreros, capotes, trajes de luces y escenas taurinas. Porque cuando se sienta frente a una hoja en blanco no lo hace únicamente como dibujante, lo hace como alguien que sabe lo que es ponerse un traje de luces y que pone el corazón en lo que hace.
Queco nació en Cartagena y comenzó a torear siendo apenas un adolescente, con 16 o 17 años. Durante aquella etapa llegó a participar en novilladas y festivales y vivió uno de los momentos que todavía recuerda con orgullo: salió tres veces consecutivas a hombros en Cartagena. Pero el sueño de convertirse en torero profesional tenía un precio demasiado alto, según cuenta. Había que dejar el trabajo para desplazarse a las plazas, alquilar los trajes y asumir incluso los gastos necesarios para poder torear.
"Tenía que dejar de trabajar para irme a torear y, encima, tenía que pagar por hacerlo", recuerda. Pero no tomó la decisión de abandonar los ruedos hasta que en un festival celebrado en Alameda de la Sagra, cuando rondaba los 30 años, sufrió una cornada de unos 20 centímetros. Fue entonces cuando decidió que había llegado el momento de colgar definitivamente el traje de luces.

- Obra de Queco Auñón -
El toreo no era, sin embargo, su única pasión, ya que desde muy joven también había sentido fascinación por el dibujo. "Yo hacía mis pinitos dibujando, pero nunca pude ir a ninguna escuela a aprender porque entonces no había medios. No había dinero para ello", señala este cartagenero que a los 14 años entró en la Escuela de Aprendices de Bazán, en Cartagena. Así que aprendió de otra manera: observando, practicando y dibujando siempre que podía.
No obstante, cuando dejó el toreo y se fue a trabajar a una multinacional en Barcelona -donde desarrolló su carrera profesional- el dibujo tuvo que esperar por falta de tiempo. Y aquel lápiz que había acompañado durante su juventud quedó prácticamente aparcado hasta que una lesión provocó que se retirara a los 54 años. Y entonces tomó una decisión. "Ahora voy a empezar a dibujar otra vez de lo mío", se dijo.
Regresó a Cartagena y comenzó una nueva etapa. Esta vez no tenía horarios de trabajo ni obligaciones que le impidieran dedicar tiempo a dibujar (tanto es así, que a veces su mujer le tiene que llamar para comer o cenar). El papel se convirtió en su nuevo ruedo.
"El dibujo lo tengo que sentir"

- Obra de Queco Auñón -
Sus obras tienen una protagonista indiscutible: la tauromaquia. Toreros, capotes, trajes de luces y diferentes escenas vinculadas al mundo de los toros aparecen en buena parte de sus trabajos. También ha dibujado algunos de los monumentos más representativos de Cartagena.
Su método, según resume, comienza habitualmente con el lápiz y continúa con rotuladores especiales de diferentes grosores. Después llega el color. Cuenta que al principio sus dibujos eran fundamentalmente en blanco y negro, pero que poco a poco empezó a introducir detalles cromáticos: un capote rosa, un corbatín de otro color, elementos del traje de luces...
"Las voy copiando, las voy reformando, las voy haciendo a mi gusto y les doy mi estilo", explica sobre el proceso de creación. Pero detrás de esa técnica hay algo más difícil de aprender: la experiencia. "Yo me he vestido de luces, he estado en la barrera y en el ruedo", explica, para añadir que "el dibujo lo tengo que sentir".
La obra de Queco Auñón se han expuesto en el Club Taurino de Murcia, donde mostró más de una veintena de sus dibujos durante la Feria de Murcia del pasado año. La exposición se prolongó y algunas de sus obras despertaron el interés de los visitantes, que llegaron a adquirir varios trabajos. Meses después participó en otra exposición en la UCAM Cartagena, donde presentó una nueva selección de dibujos taurinos.
"No hace falta ser taurino para que te pueda gustar una obra de arte", considera este artista para quien dibujar es una necesidad que aparece cuando tiene algo que contar. "En realidad, yo dibujo con el corazón", afirma.

- Obra de Queco Auñón -