VALÈNCIA. Incluso si los campeonatos de farmear aura son reales, en el sentido de no una psyop o una anécdota hipersticional acelerada por los medios hasta convertirse en realidad, como la crisis social de los therian (con una duración de un par de ciclos X muskianos), no llegará a sorprendernos: nuestra realidad es la de la comunicación política circense valetudo, por medio del cual presidentes elegidos para gobernar naciones terminan el parte de víctimas de un terremoto con un eslogan y coreografías gestuales ensayadas propias de un personaje de anime, lo que a su vez han imitado de otro presidente vecino. No solo eso: también se asocian a un animal –un león, un tigre– y emplean su imagen con la intención de atribuirse sus supuestos poderes al estilo Power Ranger. Nuestra realidad también es esa en la que se produce un eclipse cuya visibilidad perfecta se da por coincidencia en este país, algo que puede no volver a suceder en la vida de quienes ahora respiramos, y una parte de la sociedad se rebela contra no se sabe bien qué y ataca a quienes deciden disfrutar del fenómeno, como quien va al puerto a ver un día de oleaje o a quien se asoma para ver el arrebol en un crepúsculo especialmente colorido.
Por si fuera poco todo lo que tenemos, las redes sociales infectadas de inteligencia artificial supuran AI slop por todos sus poros, y si ya de por sí eran una ciénaga donde borboteaban innumerables noticias o curiosidades fake que intentaban hacerse pasar por ciertas, ahora se encuentran en fase terminal: el brain rot –la putrefacción cerebral– y los vídeos morbosos falsos han colonizado estos ecosistemas hasta el punto en que no sirven ni como fuente de entretenimiento, solo de estrés, confusión e incertidumbre. Lo raro sucede tan rápido que ya casi hemos olvidado que, según las redes, miles de argentinos están convencidos de que perdieron la final del Mundial porque tras sacar una pancarta reivindicando la soberanía de las Malvinas en el anterior partido, ciertos poderes anglos amenazaron a los jugadores de la albiceleste obligándolos a perder –pese a que se pitasen dos más que dudosos penaltis contra España, el equipo que en teoría, debía ganar–. Este es nuestro presente, ese en el que vivimos. Es la era de la extrañeza, de la incomprensión, la época formulario A-38 de Astérix y Obélix en las doce pruebas. Se diría que ya nada puede asombrarnos, pero por fortuna no es así.

- Mundo Weird Vol. 2 Antología de ficción extraña publicada por Holobionte Ediciones -
Mundo Weird Vol.2, segunda entrega de la antología de ficción extraña de Holobionte Ediciones –a cargo de Agustín Conde De Boeck y Federico Fernández Giordano y con traducciones de los anteriores y de Pierre Silva Calani– que reúne lo mejor del New Weird anglosajón, el weird latinoamericano y la narrativa extraña en español, lo consigue. En este nuevo volumen, y citando la sinopsis, demasiado completa como para tratar de mejorarla, “nos asomamos a la década de los 90 y los 2000 para recuperar algunas de las grandes damas del género en inglés, desde el neogótico grunge de Kathe Koja y Caitlín R. Kiernan hasta el neoesoterismo de Liz Williams o la psicodelia de K.J. Bishop, pasando por las disonancias del cuento fantástico de Margo Lanagan y Micaela Morrissette. Voces destacadas de la narrativa española, como Layla Martínez y Juan Francisco Ferré, se alinean con herederos del horror cósmico y del ciberpunk sudamericano como Pablo Farrés y Ramiro Sanchiz, y el queer-punk de Dennis Cooper convive con los nuevos maestros del terror como Simon Strantzas y Christopher Slatsky. Asimismo, incluimos a jóvenes autoras cercanas al ecofeminismo, el cibergótico y la ficción especulativa como la cubana Maielis González, la uruguaya Tamara Silva Bernaschina, la colombiana Karen A. Reyes y la española Sarai Herrera. Sin olvidarnos de la teoría-ficción con Kaep K. Weshêt y una rareza dentro de la rareza con Eugène Savitzkaya”.
Es una auténtica gozada. Para quien no esté familiarizado con el concepto weird: es ese lugar, en este caso literario, en el que uno puede encontrar una pesadilla conyugal y vegetal, un eco lovecraftiano, una historia contemporánea de troles, o la brillantísima idea del Snafu, un ser infinitesimal, un parásito, una enfermedad del mundo cuántico u otra cosa que escapa al entendimiento humano: detengámonos en la aportación de Micaela Morrissette a la antología porque es francamente brillante: “El Snafu podría ser una mutación natural, una evolución genética en el interior de la estructura submolecular. Podría ser un experimento o un accidente, el efecto de la ultrarradiación desatada en tiempos de guerra, o el resultado de nuestra hubrística obsesión con los bombarderos atómicos […] El Snafu salta de un átomo a otro y para hacerlo viaja por el tiempo, perturbando nuestro pasado, redibujando sus ondas. Y, a medida que el ayer vuelve a estructurarse, ocurre lo mismo con nuestro presente. Puede jugar a la sustitución o la adición. De hecho, es el mundo entero el que se sustituye por otro, evaporando todo rastro de la antigua línea temporal”. Buenísimo.
Hay mucho más, hay momias y entidades demoníacas de inframundos americanos, sociedades ultraeficientes regidas por humanos anfibios biohackeados a nivel evolutivo, poéticas piedras vibrantes y jurásicas… Esta antología que es Mundo Weird será dentro de un tiempo un bien escaso y difícil de encontrar, un objeto anómalo, talismánico, capaz de invocar lo extraño para repeler lo raro-cutre y mezquino que ha invadido esta ramificación que ahora recordamos y en la cual esperamos el advenimiento del Snafu, quien nos librará en un attosegundo de esta narrativa que no debería dar más de sí.