Las dos moreras vietnamitas del Malecón y el formidable Jardín Botánico que perdió Murcia

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MURCIA. Hacia 1845, poco más o menos, la parte baja del Malecón de Murcia, hasta el Huerto de los Cipreses, era un formidable Jardín Botánico. Era el resultado de la llegada de semillas y plantones que los franciscanos de La Purísima habían ido coleccionando, regando y cuidando desde su asentamiento en el lugar. Salzillo talló para ellos la que fue considerada pieza maestra de su obra: una monumental imagen de La Purísima, acaso de dos metros de alto. Ardió en el 36, a mano de los paramilitares de la República. Como tantas cosas otras ardieron o se destruyeron por el otro bando. Por eso fue una guerra civil.

Bien, pues más de cien años antes, había tenido lugar la llamada Desamortización, y les fue expropiado a los franciscos, su jardín/huerto que tanto habían cuidado durante centurias. Allí, los hermanos de Asís que llegaban de luengas tierras, a descansar, solían traer valiosas semillas de todas partes del mundo. Llegaron a juntar un patrimonio arbóreo de gran importancia. Pero el pueblo murciano estimó desde un primer momento que aquella zona, hasta entonces propiedad de los frailes, pasaba a ser suya. No obstante, hubo un interregno en que el maravilloso jardín pasó a ser propiedad del Instituto Alfonso X, para su Cátedra de Ciencias Naturales. Pero el pópulo insistió, y, en lugar de ordenar, preservar, estudiar y dotar a la ciudad de un Jardín Botánico de nivel europeo, dieron en convertir aquello en propiedad comunal salvaje. Y nadie sabe lo que se perdió.

Antes de pasar a ser cementerio de árboles más o menos exóticos, estuvo allí de responsable, como Catedrático de Botánica, Don José Echegary Sr.; no confundir con el Jr.; gran matemático, ingeniero de caminos, político y Premio Nobel de Literatura en 1904. Este zaragozano, según cuenta su hijo en sus 'Recuerdos', tuvo la fe y la osadía, de solicitar al todavía existente Galeón de Manila, unas semillas de morera vietnamita. Don José Sr. tenía contactos en Madrid para lograr esa hazaña.

El viaje de esas semillas desde Vietnam, hasta Manila, Acapulco, Ciudad de México, Veracruz, Sevilla, Madrid y, por fin, Murcia, es digno de una novela. Desde el funcionario madrileño que leyó la exótica petición, hasta el agricultor vietnamita que satisfizo, harto extrañado, el pedido de aquel comerciante chino, las semillas recorrieron medio mundo, incluyendo el Océano Pacífico. Pero llegaron. Nos lo cuenta el Echegaray premio Nóbel en sus impagables 'Recuerdos'. Nos resalta el alborozo del botánico al recibir en el Instituto de Segunda Enseñanza Alfonso X el Sabio, el paquetito perfectamente liado, a su nombre y dirección docente.

Según me han dicho peritos en el tema, son los dos árboles, que hay a la izquierda del caminante, si ha entrado por el Plano de San Francisco, y a continuado por el ancho sendero que aboca a una fuente con parterre, muy florido. Bien, pues casi nada más pasar ese hito acuoso: allí están, a la izquierda, ya se dijo.

¿Recuperar el Jardín Botánico? Imposible. Los Huertos de septiembre y las barracas de primavera son barreras infranquebles.

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