MURCIA. Una niña se sienta a caballito sobre su hermano pequeño y se echa a reír desde su estatus de superioridad. Juegos -y castigos- como este afloran en Mal, la obra que la coreógrafa y bailarina murciana Alicia Narejos estrena este sábado en el Teatro Circo de Murcia (TCM), una pieza con la que esta artista emergente -que ha logrado montar su propia compañía en Madrid y consolidarse en la escena española- explora el origen del conflicto humano desde la danza contemporánea. "En Mal investigo conflictos que solo cambian de escala cuando crecemos", apunta la murciana, quien vuelve a un escenario que la vio crecer para que el público se pregunte qué tipo de infancia habrán tenido esos personajes que tensan la cuerda en el mundo. En un momento, por cierto, muy oportuno.
Rodeada de un equipo de primera, Alicia Narejos vive con emoción este estreno absoluto en Murcia. "Me siento orgullosa de poder alimentar el nombre de Murcia con el trabajo de una coreógrafa emergente que está sacando proyectos adelante", señala esta bailarina a la que una lesión le hizo cambiar su forma de bailar y hacer una danza más pensada. Con Mal son tres los bailarines que suben a escena, tres niños con roles que integran algunos de los ingredientes necesarios para que nazca el 'mal', en paralelismos con el mundo adulto y político. Hablamos con Alicia Narejos sobre esta obra.
¿Qué supone para ti estrenar 'Mal' en tu tierra, en el Teatro Circo de Murcia?
Estrenar en Murcia es algo muy especial para mí. Mal es mi primera obra de gran formato como compañía. Es un proyecto que empecé a investigar hace aproximadamente nueve años, aunque no fue hasta hace un par de años, cuando conseguí una residencia de investigación, que pude empezar a trabajar seriamente sobre el concepto del mal.
¿Qué es lo que has querido explorar con esta pieza que diriges e interpretas, con tu propia compañía??
Voy a presentar una pieza que aborda el mal desde el punto de vista de la infancia y también desde la mirada adulta. Me interesaba mucho ese tránsito y cómo ciertos comportamientos se transforman con el tiempo. La obra atraviesa cuestiones de geopolítica y de salud mental. Para ello cuento con tres bailarines, música original y una escenografía móvil que, en ocasiones, puede resultar tierna y cercana al mundo infantil, y en otras volverse más autoritaria. Hay una relación constante entre estos elementos.
En Mal hay danza, pero también teatro.Cómo se articula ese lenguaje escénico?
Es más danza que teatro. Hay voces en off y los bailarines interpretamos mucho desde la mirada. Hay mucho espacio para la tensión entre nosotros. Al final, al hablar de estos temas, sería muy fácil trabajar directamente con el conflicto físico o la violencia, pero queríamos evitarlo. Nos interesaba que todo fuera más sugerente, como un juego de tensiones. Para conseguir eso, hemos tenido que recurrir bastante a una actitud actoral.

- Mal, de Alicia Narejos -
- Foto: MIGUEL BOHORQUEZ
Si tuvieras que definir esta obra de danza, ¿cómo lo harías?
Es complicado, porque tiene muchos recovecos. Siempre digo que estoy buscando cómo explorar la naturaleza de los conflictos, esos conflictos que solo traspasamos de escala cuando crecemos. Al final, lo que nos mueve es casi siempre lo mismo: el miedo y la competitividad que se transforma en autoexigencia.
¿Plantear un espectáculo de danza desde este punto de vista implica también una autoexploración personal?
Sí, inevitablemente. No puedes desvincularte de ti misma. No es que esté contando mi biografía tal cual, pero siempre aparecen flashes. Hay un momento, por ejemplo, en el que una de las bailarinas se sube sobre un bailarín y se ríe, y eso conecta directamente con algo que yo hacía con mi hermano pequeño, cuando me aprovechaba de mi posición como hermana mayor. Parte de los textos también vienen de frases que nos decían nuestros padres o de recuerdos de infancia de los propios bailarines, ya que también les pregunté por referencias que tuvieran de su infancia o de otras infancias. Al final, cuando hay verdad en lo que se cuenta, llega mejor al público, es más real.
¿Tiene Mal un mensaje claro?
Hay un punto de preocupación muy fuerte por hacia dónde estamos yendo como sociedad. Desde hace años no ha hecho más que crecer la tensión geopolítica. Vemos cada vez más líderes y jefes de Estado que parecen estar jugando a ver hasta dónde pueden apretar. Desde hace tiempo se habla incluso de la posibilidad de una tercera guerra mundial. En la obra nos hacemos una pregunta muy concreta: ¿qué infancia han tenido esas personas que hoy están en el poder?
¿Cómo ha sido el proceso de estrenar en el Teatro Circo de Murcia?
Ha sido muy emocionante. Es un teatro en el que he bailado prácticamente desde que empecé como bailarina, durante toda mi carrera, con producciones de Antonio Ruz y Muriel Romero, que son los coreógrafos con los que más he trabajado. El teatro ya me conocía y, cuando les envié la propuesta, nos reunimos y decidieron apoyarme. Estoy muy agradecida por poder estrenar en mi tierra, donde se me ha visto crecer, rodeada de mi familia y del círculo de la danza murciana. Me fui joven de allí, pero sigo sintiéndome parte y me siento orgullosa de poder alimentar el nombre de Murcia con el trabajo de una coreógrafa emergente que está sacando proyectos adelante.
¿Se siente una presión añadida cuando sabes que habrá tanta gente cercana en el público?
Más que presión, siento ilusión. La presión me la pongo yo misma por el resultado, más allá de quién esté mirando. Pero creo que la obra va a gustar.

- Mal, de Alicia Narejos -
- Foto: MIGUEL BOHORQUEZ
Saliste de Murcia muy joven. ¿Cómo ha sido el camino desde entonces hasta ahora?
Salí con 17 años para irme a Madrid. Como le pasa a mucha gente que se dedica a esto, ha habido trabajo y también un porcentaje de suerte, de estar en el momento adecuado cuando un coreógrafo estaba mirando. Empecé a trabajar bastante pronto, pero justo cuando mi carrera empezaba a impulsarse, incluso con la idea de salir de España, sufrí una lesión importante.
¿Qué supuso esa lesión en tu trayectoria?
Me obligó a cambiar mi manera de bailar, a hacerlo con mucha más consciencia, y también a empezar a pensar más la danza, no solo a ejecutarla. Con el tiempo me he dado cuenta de que fue una ganancia. He estado en varias producciones con estas compañías, girando por el mundo, y he aprendido mucho de esos procesos. Todo eso me ha servido ahora para dirigir mi propia compañía.
¿Qué valores intentas aplicar como directora?
Intento cuidar mucho las condiciones de trabajo. Nos gusta que los bailarines estén bien y que el trabajo sea lo más digno posible, a pesar de que soy una creadora emergente y contamos con pocos medios. Para mí es fundamental anteponer el bienestar del equipo.
¿Cómo has formado el equipo artístico y técnico de Mal?
He querido trabajar con gente que ya está asentada, que tiene un nombre y que está activa en el circuito, a un nivel similar al mío, para evitar descompensaciones. A nivel creativo, Aire es el compositor, ha trabajado muchos años con Antonio Ruz y su obra está empezando a salir fuera. Cristina Cejas se encarga de la iluminación, con una propuesta muy interesante que juega entre lo público y lo privado. La escenografía corre a cargo de un arquitecto, Pablo Batista, con perfil artístico y es casi una pieza de ingeniería, porque se mueve. Además, todo el equipo de fotografía y vídeo que nos ha acompañado durante el proceso tiene también una trayectoria sólida.

- Mal, de Alicia Narejos -
- Foto: MIGUEL BOHORQUEZ