MURCIA. Dar nada para ver es el título de la exposición que la artista murciana Paula Rubio inaugura este viernes, a las 20.00 horas, en La Sala Pequeña del Museo de la Universidad de Murcia (en el Cuartel de Artillería), donde se podrá visitar hasta el 4 de marzo. La muestra, comisariada por Elena Afirmativa López-Martín, está compuesta por una selección de doce obras, fruto de un proyecto que la autora inició con su trabajo de fin de carrera y que ha ampliado de cara a esta exposición en la que traduce capturas de pantallas tomadas desde el teléfono móvil al plano pictórico.
"El punto de partida es muy sencillo, básicamente partía de la pregunta: ¿qué puede mostrar la pintura en un contexto de saturación icónica cómo en el que nos encontramos actualmente? De ahí, empecé a acudir a un tipo de archivos muy específicos que tienen que ver con los tiempos de cargas o fallos de visualización de las imágenes que consumía día a día a través de las redes. A partir de capturas de pantallas, empecé a recopilar todos estos fragmentos: imágenes residuales, elipsis narrativas y espacios vacíos... Desde ahí, he trabajado en su solución formal a través de la pintura", explica Paula Rubio.
La artista añade que "el título de la exposición alude a esta metodología que es, básicamente, la de conjugar con elementos mínimos, con las ausencias. En cuanto a la pregunta, nunca la terminé de resolver, quizá lo que puede la pintura como medio obsoleto de producción icónica sea la de ofrecer contranarrativas, devolver duración y espesor a las imágenes, pero pensarla en estos términos sería también limitarla. Es increíble ver a artistas que emplean estrategias posfotográficas en la pintura, pues permiten a esta estar en un estado de renovación permanente. Entonces ¿dónde se sitúan mis obras?".
Paula Rubio reflexiona sobre esta cuestión señalando que "yo creo que tiene que ver más con un espacio limítrofe, entre abstracción y figuración. Si bien parto de referencias de lo que podríamos llamar el 'ciberespacio', siempre estoy abierta a lo que pasa en el taller mientras pinto, lo cual hace que el propio proceso pictórico pueda llegar a doblegar las imágenes desde la que parto. Por ello, tampoco me interesa que mis pinturas se lean en términos representacionales, ni que únicamente se consideren imágenes. La superficie pictórica es un contenedor de tiempos y acciones, y todo ello queda impregnado de alguna forma en el cuadro, tiene que ver más con una cualidad objetual de la pintura".
Una interrupción del ver
Por su parte, Elena Afirmativa apunta que en el contexto actual, "la práctica pictórica de Paula Rubio adquiere una pertinencia específica. Si el régimen visual imperante se caracteriza por la accesibilidad, el flujo continuo, la proximidad permanente y la saturación icónica, Dar nada para ver implica situarse de manera consciente frente a esa mirada dominante ofreciendo NADA. Ofreciendo una interrupción del ver, una suspensión de la disponibilidad espacial que restituye al tiempo su lugar".
Para explicar, que "las pinturas de Rubio, que hoy nos invitan a despejar la mirada obstruida, derivan de restos visuales procedentes de la navegación digital, como interfaces vacías, tiempos de carga o fragmentos ampliados hasta perder su función representativa. Estos materiales funcionan como puntos de partida desde los que la pintura desplaza la experiencia visual circulante e infraestructural, introduciendo capas y huellas de trabajo capaces de retirar el ruido visual producido por la sobrecarga de estímulos y las expectativas de reconocimiento".
Asimismo, la comisaria destaca que "la estrategia que persigue la pintura de Paula Rubio es interrumpir la orientación dominante y desplazar la experiencia hacia el proceso. Aquí, es donde el concepto de pátina, entendido como sedimentación temporal y experiencia acumulada, se vuelve esencial como forma de reorientación".
"La pintura de Rubio se convierte en un espacio donde la mirada respira, liberada de la ambición aprendida de poseer, monumentalizar o exotizar, y se ejercita en una forma de 'estar' que hoy parece casi ilusoria. Por ello, este conjunto pictórico propone una sencillez frágil que conjuga con la exigencia de habitar la opacidad, de aceptar la demora y de reencontrar en la pintura un tiempo que se dilata y sedimenta, donde mirar deja de ser una forma de dominio. Quizá se trate, entonces, de aceptar la invitación que plantea la exposición: dar nada para ver y, por primera vez, quedarse mirando", concluye Elena Afirmativa.

- Dar nada para ver, de Paula Rubio -