MURCIA. Es uno de los nombres propios del periodismo murciano y muchos lo conocerán por su trabajo durante más de tres décadas en RTVE. Pero, además, y entre otras muchas cosas, Juan Tomás Frutos ha firmado medio centenar de libros como autor o coautor (El amor sincero no tiene espera es uno de ellos). Y es que la escritura se ha convertido en el refugio del periodista, en la dosis de calma que él mismo se ha prescrito diariamente. En esta ocasión, el autor murciano presenta Historias de amor y un buen desenlace (editorial Autografía), en el que a lo largo de 300 páginas ofrece una veintena de episodios amorosos, reflexiones, meditaciones y poesías que tienen como protagonista a Paco, un personaje cercano, humano y luminoso.
Se trata de un libro donde el amor -en todas sus formas- se convierte en guía y aprendizaje, según señala Frutos, quien rinde un homenaje a la vida cotidiana con este libro que recomienda leer "con tranquilidad, no con docilidad, para sentir, para reconocerse y, sobre todo, para recordar que el amor -a pesar de todo, pase lo que pase- siempre desmenuza la manera de llegar donde debe". De hecho, añade que ese buen desenlace al que alude el título "es cosa del lector, que quizá se vea obligado a releer algunos capítulos y eso será buena señal".
Murcia Plaza habla con el escritor, poeta y periodista -entre otras cosas- sobre este libro y la visión poliédrica que ofrece del amor.
Juan Tomás, ¿cómo surge tu nuevo libro, Historias de amor y un buen desenlace, que parece difícil de definir?
Pues ha surgido, fíjate, un poco a vueltas de otro libro que quería hacer, que es una novela propiamente dicha, que de hecho ya está terminada y pendiente de publicación. A partir de escribirla fueron surgiendo pequeñas historias y me quedé con la idea porque algunas me parecieron muy elocuentes, muy atractivas. Al final, lo que hice fue una especie de compendio entre lo que sería una novela clásica, con un personaje -Paco-, que es ficticio, y unas veintitantas historias en torno a él. Pero luego también hay reflexiones filosóficas, poesía, citas y distintos tipos de consideraciones, siempre bajo la palabra y el concepto del amor. Historias de amor y un buen desenlace surgió a raíz de una novela plenamente narrativa convirtiéndose en una especie de maridaje de géneros.
En el libro hay una visión poliédrica del amor, tanto en las reflexiones como en las vivencias que protagoniza Paco, que van desde ese primer amor hasta situaciones más patentes, más reales. Paco es un personaje que yo no me atrevería a definir del todo, porque no hay un rostro, no hay una edad concreta, ni una definición social o económica. No está caracterizado. Además, tampoco las historias están conectadas entre sí. Muchas veces hay finales abiertos y ese “buen desenlace” dependerá de quien lo lea.
¿Hay mucho de ti en ese Paco de la novela?
Para tratar de discernir y delimitar, hay muchas poesías -algunas incluso insertas dentro de los relatos- que identificaría más con Paco. Son historias cortitas, de once o doce páginas. Entre los capítulos también hay textos poéticos, prosa poética o reflexiones filosóficas que sí firmo. Trato de delimitar al personaje Paco de Juan. Siempre habrá algo de mí porque aparecen lugares y situaciones que conozco: la carretera, la biblioteca, la huerta, el mar, el autobús, el tranvía… Al final estás retratando realidades con las que convives o has convivido. Pero Paco es un tipo mucho más libre que yo. Y algunas historias, además, son bastante explícitas dentro del contexto amoroso, incluso en el sentido carnal.
¿Es el amor el gran protagonista de este libro?
El amor es el protagonista, sin duda Un amor limpio, porque al personaje Paco yo lo considero así. Llevado por las circunstancias le ocurren un montón de cosas, como quizá pasa en las películas. Es un personaje que se deja llevar por el destino y se deja llevar bien. Creo que esa sería la mejor definición de Paco: un personaje limpio. Lo que se ven son pinceladas de amores, de encuentros, muchas veces fugaces. Desde un primer amor en un autobús, donde te enamoras de alguien y acabas bajándote con un primer escarceo o una mirada… porque en ese momento Paco es adolescente, tiene 16 o 17 años. Digo que no se ven edades, pero a veces puedes intuirlas por si hablas, por ejemplo, de que está yendo al instituto.
Son episodios amorosos muy cortos, pero no exactamente la vida completa del personaje, porque no sabemos qué ha estudiado ni a qué se dedica. Son sencillamente visiones de un amor que fluye y que nunca termina de resolverse. Aparecen distintas mujeres que Paco va conociendo: Mercedes en la biblioteca, Carmen en la huerta… Hay alguien que le persigue un día y eso también queda un poco abierto. Situaciones que ocurren incluso sin buscarlas. Hay un momento en el que aparece una supuesta hija que pudo haber tenido en una situación muy bonita. Y queda abierto qué pasa con ella, porque la madre está probablemente en una situación terminal y vuelve a buscarlo para ver si él puede hacerse cargo de la crianza de su hija. También a veces alguien te ofrece una alternativa y tú la dejas pasar sin saber muy bien por qué.
El amor aquí no queda resuelto como bueno, regular o malo. Y la visión es bastante poliédrica, tanto espiritual como física.

- Juan Tomás Frutos -
En cuanto a tu estilo, ¿cómo lo definirías?, ¿te ha influido tu mirada de periodista?
El lenguaje que utilizo es bastante normal, cercano. He intentado que se aproxime a nuestra cotidianidad. También hay mucha prosa poética en los textos que se intercala a lo largo del libro. Y luego, claro, hay diálogos y reflexiones relacionadas con la cercanía entre los personajes que aparecen. Estoy convencido de que sí ha influido mi formación como periodista. Quizá por eso las historias son más ligeras que las de otros escritores que profundizan mucho más en las descripciones de personajes o entornos. Yo procuro que los diálogos y las frases no estén llenos de subordinadas. Creo que a los periodistas nos pasa mucho eso de querer contarlo todo. Pero a veces no es bueno, porque la saturación produce desinformación. Hay que dejarle también un papel al lector o a la lectora para que construyan su propia historia.
¿Qué le has querido transmitir al lector?
Que el amor es algo muy hermoso, aunque a veces lo vemos como algo pecaminoso o equívoco.
¿Cuándo se convierte el amor en tóxico?
Yo creo que una relación es tóxica cuando se mantiene cuando no debería ser así. Que tengas una equivocación con alguien, que te dejes llevar por un momento, por una coyuntura o incluso por un sueño -porque también hay elementos de ensoñación-, eso no es tóxico. Tóxico es seguir pervirtiéndote estando con alguien que no te conviene. Pero en este libro se plantean situaciones donde el lector o la lectora puede dejarse llevar y preguntarse: “¿Qué pasa después de esto?”. Pues lo que cada uno quiera imaginar. Puede quedarse interrumpido, durar un tiempo o no suceder nada más. Como un amor en un bar o un amor que ocurre cuando intentas coger un taxi y alguien se ofrece a llevarte a algún sitio sin un motivo explicable… porque eso ocurre. Y te llevará donde quiera llevarte.
¿Qué te lleva a escribir?, ¿qué te aporta?
A mí escribir me aporta mucha paz y mucho equilibrio. Desde la pandemia he escrito bastante; creo que eso nos pasó un poco a todos. Procuro todos los días dedicar un rato a leer y a escribir, aunque sea mínimo. A veces llegas agotado y la vista no te alcanza, pero intento hacerlo. Es una manera de equilibrarte y de encontrar calma dentro de la vorágine que vivimos como periodistas. Hay veces veces el trabajo que hacemos -y lo digo con mucho cariño- no termina de llenarte o está relacionado con sucesos complicados, con episodios que también te hacen sangrar un poco por dentro. Entonces escribir es una especie de compensación Para mí, la escritura es una especie de refugio.