José Sacristán llega a Murcia con 'El hijo de la cómica': "Me asusta el crecimiento de la extrema derecha y la torpeza de la izquierda"

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El icónico actor protagoniza este jueves y viernes en el Teatro Romea este monologo con el que rinde homenaje a Fernando Fernán-Gómez

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MURCIA. Cuenta la anécdota de unos jóvenes que se le acercaron hace unos años en Tarifa y le dijeron al reconocerle: "Claro, usted es el que hacía de reír en las películas antiguas". La reacción de José Sacristán fue pensar: "Joder, ya tengo epitafio. No quiero otro reconocimiento". Su voz, su herramienta más poderosa, suena grave al otro lado del teléfono; una voz cargada de memoria que lleva setenta años haciendo 'de reír' y emocionando al público. La misma que se podrá escuchar este jueves y viernes en el Teatro Romea de Murcia, donde pondrá en escena El hijo de la cómica, un monólogo en el que adapta, dirige y protagoniza un recorrido por la infancia y la juventud de Fernando Fernán-Gómez, su gran amigo y uno de los actores imprescindibles de la cultura española (también, por cierto, de imponente voz).

"Sigo amando profundamente mi profesión y me hace muy feliz", asegura Sacristán, de 89 años, quien se declara un "optimista melancólico" y achaca su buena salud y energía a los ajos de su pueblo (Chinchón) y a la gente que se interesa por su trabajo. Con este último espectáculo que llega a Murcia promete emocionar.  Murcia Plaza habla con este icónico actor de su relación con Fernán-Gómez, del valor de escuchar, de la censura, de la situación política y de una profesión que "es mi vida"

Llegas al Teatro Romea de Murcia con El hijo de la cómica, una adaptación de las memorias del que fue tu gran amigo y grandísimo actor, Fernando Fernán-Gómez. ¿Qué es lo que se va a encontrar el público murciano?

Se va a encontrar con la vida del niño Fernando Fernán-Gómez, del adolescente, del jovencito que ya daba sus primeros pasos. Y se va a encontrar con la mirada que él tuvo sobre la España de su tiempo, con la gente que le rodeaba y con quienes le ayudaron a vivir: su madre, su abuela, los compañeros del colegio... En fin, la España de una época que va desde el año 1921, cuando nace, hasta 1943, más o menos. Todo ese entorno, junto con los acontecimientos que se dieron durante ese tiempo, como fue el golpe de Primo de Rivera, la proclamación de la República, la guerra, la posguerra...

Con este monólogo, que además adaptas, diriges y protagonizas, acercas al público al Fernán-Gómez más desconocido. ¿Dejas entrever también mucho de ti?

Sí, claro, porque aunque había una diferencia de edad, también teníamos muchas coincidencias en nuestra manera de entender el trabajo, la vida y nuestras relaciones de afecto. Por lo tanto, también hay algo mío en este homenaje o recordatorio de Fernando.

Muchas veces nos quedamos con las anécdotas, pero ¿cómo era de verdad Fernando Fernán-Gómez?

Hombre, contarte ahora cómo era él me llevaría muchísimo tiempo. Pero era todo lo contrario de ese hombre mal encarado y de mal carácter que a veces se nos ha presentado. Era generoso y, sobre todo, un hombre imprescindible. Y hablamos de la cultura no solamente de España, sino de la Europa de su tiempo. Imprescindible. Fue un lujo y un privilegio haber estado cerca de él y el haber sido amigo suyo.

Se podría decir que con él el viaje siempre llegaba a alguna parte.

Sí, ya lo creo. A muy buenas partes, sí.

  • José Sacristán representa en Murcia El hijo de la cómica -

En esta obra hablas también de una profesión, la del cómico. ¿Qué te aporta a ti, que sigues enganchado a las tablas?

Es mi vida. Tengo la inmensa suerte de que mi trabajo y mi vida llevan casi 70 años de la mano. No se entiende una cosa sin la otra. Además, tengo la suerte de que, desde hace ya muchos años, puedo elegir lo que quiero hacer. Sigo amando profundamente mi profesión, y me hace muy, muy, muy feliz, entre otras cosas porque, afortunadamente, cuento con la fidelidad de las personas que se interesan por mi trabajo.

¿También tendrá una parte dura: los viajes, los hoteles...?

No, ahora ya no. Dura fue al principio, como se cuenta en El viaje a ninguna parte, aunque ni Fernando ni yo vivimos esa forma de trabajar o de vivir. Ahora, con la función única y, afortunadamente, poniendo yo mis condiciones, pues no voy corriendo. Sería mentira si hablara de esfuerzos, sacrificios y demás. Para mí resulta francamente cómodo hacer teatro.

Hacerlo bien es igual de difícil en la televisión, en el cine o en el teatro. Y es igual de difícil hacer una tragedia griega que una comedia. No hago distinciones.

Has hecho de todo, teatro, cine, televisión... ¿Con qué te quedarías o no se puede elegir?

No, no lo distingo ni por medios ni por géneros. Hacerlo bien es igual de difícil en la televisión, en el cine o en el teatro. Y es igual de difícil hacer una tragedia griega que una comedia. No hago distinciones.

Esta obra nace del ejercicio y del placer de escuchar al otro. En tu caso, a Fernando Fernán-Gómez. ¿Crees que uno de los grandes males de nuestra sociedad es que ya no nos paramos a escuchar?

Uno de ellos, sí, sin ninguna duda. La falta de atención al otro y la falta de respeto al otro. Es algo preocupante. También lo es la inmediatez, la velocidad a la que vivimos, esa necesidad de que todo ocurra ahora. Hay que ir tan deprisa, tan deprisa, que no sabemos controlar nuestra propia velocidad. Este martes, precisamente, mi amigo David Trueba habla de esto en un periódico, de la paradoja de la prisa, que acaba llevándonos por delante a nosotros mismos.

"Soy un optimista melancólico"

  • José Sacristán representa en Murcia El hijo de la cómica -

Fernando Fernán-Gómez no tenía precisamente pelos en la lengua. ¿Consideras que actualmente se ha impuesto cierta censura o autocensura a la hora de manifestarse, por miedo a la cancelación o a campañas de desprestigio que se extienden rápidamente?

Para empezar, el tipo de censura que nosotros sufrimos con el franquismo no tiene nada que ver con lo que ocurre ahora. Aquello fue más jodido. Pero hay una censura que empieza a aparecer con la tropa de Vox, que viene proclamando formas de comportamiento muy parecidas a las del siniestro franquismo. También existe una autocensura que está ahí y, efectivamente, no es saludable y que también habría que revisar. Pero se ha dado siempre y cada uno tiene su manera de relacionarse con su entorno.También hay medios que aplican formas de censura cuando uno no opina como ellos quieren que opine. En fin, es una forma de ejercer el poder que está ahí, indudablemente. Pero insisto: no es peor que la que sufrimos con Franco.

Hay una censura que empieza a aparecer con la tropa de Vox, que viene proclamando formas de comportamiento muy parecidas a las del siniestro franquismo

¿En qué situación consideras que se encuentra políticamente España? ¿Hay algo que te asuste a estas alturas de la película?

Sí, me asusta el crecimiento de la extrema derecha. Me asusta porque crece la gente que le vota. Y me asusta también la necedad de la izquierda, la torpeza de la izquierda, que es incapaz de unirse y de proponer cosas. Me preocupa este estrepitoso avance de la derecha y este estrepitoso derrumbe de la izquierda.

¿Y eres optimista con el futuro?

Yo soy un optimista melancólico. Formo parte de una especie de secta o agrupación que ha fundado Luis García Montero y nos denominamos así: optimistas melancólicos. Hay una parte de melancolía que te da la sensación de que algunas cosas se van a perder, de que te vas a morir y no vas a ver cómo se resuelven. Pero también está el optimismo de salir cada día para que no te aburran y decir: "Un momento, que estoy vivo".

  • José Sacristán representa en Murcia El hijo de la cómica -

José, ¿qué sientes cuando miras al pasado y ves todo lo que has hecho, lo que representas en la cultura de este país, en el imaginario colectivo y en el cariño del púbico?

Mira, te voy a contar lo que siento. Sé que lo cuento muchas veces, pero es que resulta definitivo el comentario. Yo terminaba de hacer Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes, en Tarifa y salí a pasear por la ciudad de noche. Había dos muchachos, de unos 30 años, que me miraban hasta que uno de ellos, por fin, me reconoció sonriente. Vino hacia mí felicísimo y me dijo: "Claro, usted es el que hacía de reír en las películas antiguas". Y yo dije: "Joder, ya tengo epitafio". Esto es lo que yo quiero. Para mí, no hay otro reconocimiento.

¿Cuál es tu secreto para conservarte tan bien y con la energía de estar inmerso en una gira a tus 89 años?

Yo siempre lo achaco a los ajos de mi pueblo. Lo digo un poco en broma y un poco en serio. No sé, hay algo ahí. La razón empieza con el amor que le tengo a mi oficio y que cuento con que gente se interesa por mi trabajo y eso me hace feliz. Y porque, afortunadamente, la madre naturaleza hasta ahora se viene mostrando un tanto benévola conmigo.

¿Que le dirías al publico murciano que va a ir a verte?

Que puede que no sea perfecto lo que hago, pero no les voy a dejar indiferentes. Emocionarse, se van a emocionar, eso lo garantizo. Y, si no, se devuelve el dinero.

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