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Hernández Carpe pintó solo todas sus creaciones

  • Mural sobre el Mar Menor Antonio Hernández Carpe
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MURCIA. Algunas veces, la Historia transmite errores. Bueno, los historiadores. La mayoría de las veces, la verdad es encontrada, legada y transmitida, sin problemas. Pero… en todas partes cuecen habas, que se dice.

Hoy traigo a colación dos errores que atañen a nuestra tierra. Uno, subsanado ya, es el nombre verdadero de quien es conocido como Jacobo de las Leyes, un boloñés amurcianado más de 40 años, en el siglo XIII; el jurisconsulto a quien se debe la primera romanización de las leyes en Europa. En cierto modo, fue el primer renacentista. Una gloria para Murcia y su región. Resulta que nuestro Licenciado Cascales, algo ligero en este caso, leyó Jacobo Ruiz donde decía Jacobo, Juez. Y aun hoy existe una calle en La Alberca llamada Jacobo Ruiz, y en la fachada de levante del Tribunal Constitucional, en Madrid, figura como Giacome Ruiz, nominación italo–hispana horrorosa. Pero, la buena ciencia ha triunfado al fin, y todos saben que su nombre italiano fue Jacopo da Giunta, y en español, puesto por el pueblo, Jacobo de las Leyes. Está enterrado en la Catedral de Murcia.

El otro caso que quiere señalar esta prosa es el del eximio pintor Antonio Hernández Carpe, nacido en Espinardo. El que pudiera ser el primer muralista español, en mucho tiempo, se casó felizmente con Celina Monterde, quien entre sus numerosísimas virtudes no estaba la de ser pintora. Pero, hete aquí, que en los 60, nuestro artista fue contratado, junto con lo mejor del arte español, para decorar los numerosos pueblos de nuevo cuño, insertos en el que fue llamado Plan de colonización. El Plan no contemplaba sólo la construcción de edificios, sino también de su decoración. Hernández Carpe tenía la costumbre, hermosa y tierna, de poner en la proa de las barcas, el nombre de su mujer, Celina, siempre que el paisaje plasmado en sus murales tocase el tema marino. También, pero menos, el de sus hijos. Y tanto y tanto persistió en esa entrañable costumbre, que una mirada desatenta y una mente ligera concluyó que Celina no era tan sólo parte del mural, sino co-firma de la obra. Es decir, hizo a Celina, pintora. Y lo plasmó en una tesis doctoral. Y el error cundió, y cundió tanto que hasta la Inteligencia Artificial lo tomó como fuente fidedigna. Lo cual, dicho sea aparte, demuestra la tontez creativa de dicha arma, en comparación con su increíble capacidad recopilativa. Ojo, pues, con la IA.

Pero, el caso es que, la Fundación El Mural de Arte de Hernández Carpe quiere salir al paso de este error, que parece resistirse a desaparecer. Y a esa causa se apunta aquesta prosa, y que tal terco error, total, pertinaz e instalado en la permanencia sempiterna, decaiga, y restituya al pintor y a su compañera de vida lo que fue de cada cual. Así sea.

 

* En el mural sobre el Mar Menor que ilustra este artículo se pueden ver los nombres de la familia de Antonio Hernández Carpe. Su firma, a la derecha, en bajo, de la palmera solitaria junto a la caseta de baño. El de Celina, en la borda de la barca más al fondo, amarrada a pilote anclado en el fondo. Y el suyo propio, Antonio, en la barca grade posada sobre maderos inclinados. Todos con la misma tipografía en mayúsculas, propios de una misma mano; la del único pintor del cuadro.

  • Mural sobre el Mar Menor Antonio Hernández Carpe -

 

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