MURCIA. El Mar Menor fue un destino vacacional de lujo para familias aristócratas y adineradas, que dejaron para el recuerdo las magníficas mansiones que mandaron construir a finales del XIX y principios del XX, muchas de ellas desaparecidas. La buena noticia es que una de estas joyas arquitectónicas ha recuperado todo su esplendor tras una reforma que le ha devuelto la majestuosidad de la época, combinando el respeto por el patrimonio con una necesaria mirada contemporánea. Se trata del emblemático Palacete Conde de Campillos en Santiago de la Ribera, proyectado por el arquitecto modernista Víctor Beltrí en 1903, que tras ser adquirido por una familia vinculada al mundo del arte y las antigüedades vuelve a brillar en el Paseo Colón de la localidad sanjaviereña.
Situado en primera línea de playa, el palacete vinculado históricamente con la familia Barnuevo, fundadores de Santiago de la Ribera, forma parte de la identidad y el paisaje del lugar, despertando la admiración -y más de un suspiro cuando buscaba un nuevo dueño- de vecinos y visitantes. Una de esas personas es precisamente quien ha firmado el proyecto de reforma que le ha devuelto el esplendor al palacete: Paola García, directora creativa del estudio murciano Área Exclusiva Interiorismo. "Hay historias que empiezan mucho antes de que sepamos que formaremos parte de ellas. De niña pasaba frente a este palacete del paseo marítimo y me quedaba embelesada mirándolo. A veces me sentaban justo enfrente, con el sonido del mar detrás, y lo contemplaba en silencio, maravillada por su belleza", recuerda esta profesional, que celebra que gracias a la sensibilidad de los nuevos propietarios y al trabajo conjunto con el arquitecto Eulogio Olivares, el inmueble "vuelve a respirar como lo hizo en su origen".
Esta espectacular reforma -de la que se ha hecho eco la revista Interiores y a la que los lectores de Mucia Plaza se pueden 'asomar' en este artículo- está llena de detalles que cuentan una historia -según apunta Paola García-, desde "las alfombras de mármol que dibujan la planta baja, los suelos hidráulicos recuperados con paciencia infinita, las molduras que recorren techos y paredes como si siempre hubieran estado allí o los símbolos grabados de manera artesanal que hablan de memoria, de identidad, de legado". Y es que todo encaja a la perfección en este diálogo con el pasado en el que antigüedades, obras de arte y piezas restauradas conviven en armonía, evocando escenas de otras épocas y, al mismo tiempo, saboreando un exquisito presente.
Actualizar sin desvirtuar
- Palacete Conde de Campillos en Santiago de la Ribera -
- Fotos: Fhe Estudio
Explican desde Área Exclusiva Interiorismo que la intervención, concebida como una rehabilitación integral, abordó tanto los espacios interiores como los exteriores, partiendo de una premisa clara: "actualizar sin desvirtuar". Para ello, detallan, "fue imprescindible levantar completamente el pavimento de la planta baja y ejecutar un forjado sanitario que garantizara el correcto aislamiento del edificio, asegurando su conservación futura. Paralelamente, se restauraron elementos originales como los suelos hidráulicos, que fueron retirados, recuperados pieza a pieza y reintegrados con el máximo cuidado".
El ámbito del acceso principal, el zaguán, se presenta como la mejor tarjeta de presentación del interior de la vivienda, siendo como es un espacio de transición donde se respira la arquitectura palaciega de principios del siglo XX. "El pavimento preexistente correspondía a un terrazo ejecutado en una intervención anterior, de escasa calidad material y nulo valor patrimonial. Su estado de conservación era además muy deficiente, gravemente afectado por patologías derivadas de la humedad. Por ello, se procedió a su completa sustitución, entendiendo este ámbito como una pieza clave en la lectura espacial del conjunto", describe Paola García.
Así, para esta entrada monumental "se diseñaron alfombras enriquecidas con mármoles de la zona, reinterpretando los materiales que podrían haber formado parte de la materialidad original del edificio en aquella época, cada pieza fue concebida y elaborada de manera artesanal, incorporando grabados sobre la piedra, realizados a mano que hacen referencia a valores familiares de quienes hoy habitan el palacete: trabajo, constancia, familia y libertad".
Una biblioteca que rinde homenaje al tiempo

- Palacete Conde de Campillos en Santiago de la Ribera -
- Fotos: Fhe Estudio
Uno de los espacios más significativos del proyecto, según su autora, es la biblioteca, concebida como un homenaje al tiempo. "Diseñada desde cero, se buscó que pareciera haber estado siempre allí, una estancia sobria, elegante y silenciosa, inspirada en los primeros años del siglo XX. La librería, realizada a medida, evita cualquier exceso ornamental y se presenta como un telón arquitectónico capaz de albergar cientos de volúmenes, integrándose con naturalidad en el conjunto".
El salón, por otra parte, fue también objeto de una rehabilitación completa, en la que se buscó recuperar la nobleza del espacio y reforzar su carácter original. "Las paredes y techos se enmarcaron con delicadas molduras y el pavimento, de nueva ejecución, se resolvió en mármol mediante una composición de enmarcaciones que combinan rojo Cehegín, Marquina y Macael, aportando riqueza material y una geometría que estructura el espacio. Sobre esta base, buscamos establecer un diálogo natural entre pasado y presente".
Paola García añade que "parte del mobiliario original de la propiedad se restauró cuidadosamente, incorporando una nueva vida sin perder su esencia". Asimismom las obras de arte de la familia "se seleccionaron de forma consciente para este espacio, de manera que aportan una dimensión íntima y emocional, construyendo un relato a lo largo de las paredes que trasciende lo puramente estético". A todo esto se suman las lámparas, "piezas antiguas también vinculadas a la historia familiar, suspenden el tiempo y refuerzan ese vínculo entre memoria y actualidad".
La historia presente en el mobiliario restaurado
- Palacete Conde de Campillos en Santiago de la Ribera -
- Fotos: Fhe Estudio
Asimismo, Área Exclusiva Interiorismo planteó el comedor "como el nexo de unión entre la cocina y el salón, un espacio de transición donde la continuidad arquitectónica se combina con una fuerte carga emocional y artística. La envolvente clásica, molduras, proporciones y la continuidad del pavimento en mármol, establece una base serena y ordenada, sobre la que se construye el resto del discurso. El mobiliario, en su mayoría piezas originales de la propiedad, han sido cuidadosamente restauradas, preservando su carácter y permitiendo que la historia del lugar siga presente. La mesa y el aparador, con su solidez y nobleza, anclan el espacio otorgándole profundidad".
La mirada se prolonga desde el comedor hacia la cocina, inspirada en las de las casas toscanas. "Realizamos la carpintería en madera de fresno lacada, patinada y enmarcada, construyendo una envolvente serena y ordenada, donde el protagonismo recae en la isla central. Sobre ella, situamos una cuarcita de veta sutil y acabado suave que aporta textura y profundidad, convirtiéndola en el verdadero corazón del espacio. Los azules aparecen de forma delicada, casi como un hilo conductor, en los azulejos cerámicos realizados a mano, con un dibujo lleno de matices, y en las tapicerías, introduciendo un contrapunto fresco y refinado. Quisimos hacer este sutil guiño a la cercanía del mar, presente en la vida del palacete, situado en primera línea", explica Paola García.
El conjunto se completa con unas lámparas traídas desde Venecia que "descienden con ligereza aportando un gesto escultórico, mientras que las molduras y rosetones del techo dialogan con la intervención", apunta esta directora creativa, que recuerda que todos los elementos de esta sala fueron de nueva construcción ya que se encontraba en un estado muy deteriorado, excepto las ventanas que fueron rehabilitadas y pintadas en verde oscuro, consiguiendo un contraste diferente.

- Palacete Conde de Campillos en Santiago de la Ribera -
- Fotos: Fhe Estudio
El arte presente en toda la vivienda
Respecto al dormitorio principal, se buscó que se descubriera "de forma pausada, como una secuencia íntima". Y es que "desde el vestidor, el recorrido conduce hacia la luz, hacia el mar. La carpintería enmarca las vistas como si fueran cuadros cambiantes, donde el paisaje entra y transforma el ambiente a lo largo del día. Las paredes, vestidas con papeles pintados, envuelven el espacio con una delicadeza casi silenciosa". El baño, por su parte, se presenta como un pequeño refugio en el que "la bañera exenta, bañada por la luz junto a la ventana, invita a la pausa, mientras los contrastes entre el mármol, los papeles y el mobiliario a medida construyen una atmósfera rica y envolvente".
El arte acompaña todo este recorrido por la vivienda, sucediéndose con naturalidad a través del espacio y en cuya colección no faltan obras de pintores relacionados con la Región de Murcia como el vibrante y vitalista artista colombiano Willy Ramos o el multidisciplinar artista ceheginero Nicolás de Maya.
Cabe señalar que esta casa señorial de corte modernista fue mandada edificar por Joaquín Chico de Guzmán y Chico de Guzmán, segundo Conde de Campillos, quien se casó con María Barnuevo y Sandoval (hija del fundador de Santiago de la Ribera). Este palecete se construyó cerca de la primera vivienda en La Ribera de los Barnuevo, quienes sirvieron de ejemplo a otras familias burguesas y aristocráticas para que también levantasen sus casas señoriales a orillas del Mar Menor.

- Palacete Conde de Campillos en Santiago de la Ribera -
- Fotos: Fhe Estudio