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Dos escritores lamentablemente preteridos: Pedro Cobos y Miguel Espinosa

  • Retrato de Espinosa realizado por el pintor murciano Falgas
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MURCIA. No he querido adjetivar el sustantivo escritores con el atributo “murcianos”, porque sería estigmatizarlos, ante el lector común de hoy, dado el insólito despegue por lo nuestro, que en esta tierra gastamos. Eran dos escritores universales, con un alcance humano de máxima extensión. De Miguel Espinosa, caravaqueño, se cumplen este año los 100 de su nacimiento. Y del jumillano Pedro Cobos, 98. Fulgieron en los 80 y 90; un tiempo de pleno desarrollo definitivo de la democracia española. Y sus escritos estaban destinados a esclarecer la condición humana, en aquellos tiempos de autoafirmación como ciudadanos, de los españoles.

No es tarea del presente escrito, hacer semblanza completa de ambos. Baste citar a las dos obras maestras que señalaron su grandeza. Escuela de Mandarines (1974), fue la de Espinosa. La Vida Perdularia (1988), la de Cobos, Fueron dos novelas que, enfocadas, casi desde puntos de vista antagónicos, no lo eran en realidad. Los Mandarines, como se la conoció entre sus allegados, era una denuncia abstracta, pero certera y decisiva, de la corrupción del poder, tanto político como económico. Sus contemporáneos la “deconstruyeron” analizando sus actantes (fundamentos de la narratividad), como los elementos figurados de la dictadura franquista. Y, al protagonista viajero o peregrino, en busca de la verdad, como el ser puro, demócrata, inteligente y auténtico representante del pueblo. Pero ése era un nivel muy primario de entender la novela. Válido, pero primario. El alcance de la perspectiva abstracta, no fenoménica, de los sucesos narrados, entre la ontología última, y la reducción a hechos desnudos de tiempo y espacio, era de mucho más alcance. Era universal, y no podía referirse a un singular caso español. Pero pasó por un alegato más, ahora filosófico, contra el franquismo.

  • Escuela de Mandarines -

En cuanto a la obra de Cobos, digamos, que, en cierto modo, fue lo contrario que la de Espinosa. En La Vida Perdularia, asistimos a un aquí (Región de Murcia) y un ahora inserto en el realismo mágico imperante en la obra. El argumento salta de una época a otra, sin solución de continuidad. Mi análisis de esta imponente obra ideó el género como 'Ejercicio de Contrahistoria': entre la Historia y la Intrahistoria de Unamuno: la Historia de los olvidados, de los condenados, de los oprimidos; tanto por la economía, como por las "buenas costumbres de la burguesía", tan recalcitrante ella para aceptar a estos "perdularios", obligados a subsistir en la base misma de la condición humana, cuando no en el subsuelo. Valle Inclán está en algo, sólo en algo, del estilo de Cobos, pero también está el “hablar a la pata la llana”, hablar para el que Cobos siempre tenía oídos atentos. Todo el lumpen murciano, español y universal pasa por estas páginas, que son gloria de la Literatura.

Cobos y Espinosa son dos clásicos de la Literatura Española, haya sido reconocido así, o no. Su perspectiva narrativa y su estilo deberían haber marcado época en la lengua de Cervantes, Galdós o Lorca. Crea quien así lo decida que estas palabras que anteceden son hipérbole cierta y segura. Pero no es así. Una vez más, Murcia y los murcianos no sabemos qué, ni a quiénes, tenemos entre nosotros. Gloria a la buena literatura de calidad universal, escrita en esta tierra de Murcia.

  • La vida perdularia -

 

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