MURCIA. "Se retratan cadáveres a domicilio a precios ajustados". Este anuncio publicado en prensa a finales del siglo XIX -ilustrado con un féretro por arriba y una cámara fotográfica por abajo- testimonia la costumbre que existía en aquellos tiempos de fotografiar a las personas fallecidas para conservar su recuerdo. Esta práctica -que sirvió de inspiración a Alejandro Amenábar para la película Los Otros y que ha llegado a convertirse en objeto de coleccionismo- también contó en la Región de Murcia con profesionales que se dedicaron en algún momento de su trayectoria al conocido también como retrato conmemorativo o de luto.
El Archivo General de la Región de Murcia (AGRM) custodia una importante colección de esas imágenes, que se pueden consultar en una de sus galería temáticas, en la que reúne una selección de fotografías post mortem procedentes de sus fondos, entre las que destacan los trabajos del totanero Fernando Navarro, realizados entra 1885-1915, y de José Casaú, llevados a cabo en Cartagena entre 1910 y 1930, así como imágenes pertenecientes a colecciones privadas de familias murcianas.
En esta festividad de Todos los Santos, en la que inevitablemente se recuerda a los que ya no están, resulta interesante echar la vista atrás para conocer mejor costumbres de otras épocas, como lo fue el querer conservar la imagen de los fallecidos a través de la fotografía. Para comprender esta práctica que hoy en día puede resultar morbosa, e incluso herir sensibilidades, hay que viajar a otra época en la que esa instantánea, a lo mejor la única que se hizo el difunto en vida, perduraría como el único testimonio gráfico para preservar el recuerdo del ser querido.
Es por ello que no se buscaban imágenes desagradables, puesto que se deseaba conservar el mejor recuerdo, la mejor apariencia, de la persona fallecida. Los retratados aparecen con sus mejores galas, a veces solos y en otras ocasiones en compañía de sus familiares más allegados. Hay fotografías que muestran al difunto como si estuviera sumido en un sueño plácido, sobre una cama, recostados en una butaca -como si la ensoñación les hubiera cogido de improviso- o en el regazo de algún familiar, como tantas veces antes había estado si se trataba un de un niño. También las hay que buscan inmortalizar al ser querido como si estuviera andando , en el caso de los infantes, o con los ojos abiertos. Otro elemento que suele estar presente en estas composiciones son las flores, como adorno y, es de suponer, que también como un aromatizador natural.
En la galería temática que se puede consultar en la web del Archivo General de la Región de Murcia, se pueden encontrar fotografías fechadas desde 1860 a los años veinte del siglo XX. Se trata de una serie de 45 imágenes de difuntos pertenecientes a diferentes clases sociales, tanto de entornos rurales como de las ciudades, lo que evidencia lo extendido de esta práctica que no entendía de posiciones ni procedencia.
Fotógrafos murcianos
Como se recoge en el número 11 de Náyades -la Revista de costumbres, tradiciones e historias de la Región de Murcia-, en la investigación El culto al más allá por tierras murcianas llevado a cabo por Ricardo Montes Bermúdez y María Dulce Egea Martínez, fueron muchos los fotógrafos murcianos que se dedicaron en algún momento al retrato de luto. Recuerdan los autores que los primeros retratados post-mortem fueron personajes públicos y famosos, llegando posteriormente 'la moda' a las clases populares. Estos son algunos de los fotógrafos murcianos que dejaron este testimonio gráfico:
Salvador Baños Salinas (Jumilla, nacido en tono a 1864). En 1888 ya tenía una galería fotográfica en la Corredera de Jumilla, pasando más tarde a establecerse en la calle Explanada, Plaza del Rey Don Pedro, la calle Galán y, finalmente, en Cánovas del Castillo. También abrió una sucursal en Cieza. Fue presidente del Circulo Republicano de Jumilla y vicepresidente de Unión Republicana de Jumilla.
José Gil Candel Gil, 'el Manco' (Mula, 1858) Ingresó en el ejército en 1879 y volvió a su tierra manco de la mano derecha, por lo que le concedieron un estanco en Mula. A finales del siglo XIX ya aparece como fotógrafo en la calle Monas. En su casa montaron un taller de fotografía, invirtiendo sus beneficios en la minería.
Fernando Navarro Ruiz (Totana 1867-1944). Inició su vida laboral como artesano de la madera, llegando a fabricar ataúdes, si bien acabó estudiando dibujo en Valencia. Navarro hizo coexistir vida y muerte con sus retratos familiares, rescatados del olvido por Juan Manuel Díaz Burgos y publicados por el CEHIFORM en 2002, según señalan en Náyades. Las fotografías de difuntos parecen circunscribirse al período 1900-1916.
José Rodrigo y Navarro-Casete, Don Pepe (Lorca 1837-1916). Aprendió fotografía en Barcelona y Valencia del fotógrafo francés Leopoldo Rovira, señala la revista. Sus primeras obras conocidas se remontan al período 1868-1873, con imágenes de Cartagena. Fotografió después minas y pueblos de la costa almeriense hasta que abrió taller propio en Lorca en 1884. De su ciudad fotografió las procesiones de Semana Santa y sus personajes, dejando buena constancia de las vestimentas. Realizó miles de retratos de lorquinos.
José Casaú Abellán (Lorca, 1889- Cartagena, 1973). De este conocido fotógrafo dice Náyades: "Afincado en Cartagena, ejerció como fotógrafo, fotoperiodista, editor e incluso vendedor ambulante de tarjetas postales. Realizó una obra ingente de fotografías, especialmente de Cartagena y paisajes costeros. Su primera tienda la instaló en la actual calle Cañón, para pasar posteriormente a la calle Mayor. Aquí fotografiaría a miles de cartageneros, al tiempo que recorría todos los rincones de la ciudad para dejar testimonio gráfico de los mismos. También dejó constancia de las procesiones de californios y marrajos".
Los autores también han encontrado fotógrafos de difuntos en La Unión. Así, por ejemplo, a finales del siglo XIX ejerce como fotógrafo-pintor Pedro Mancebo Fernández, nacido en Vélez Rubio e instalado en la ciudad minera después de 1875. Es, asimismo,el caso de Francisco Sánchez Lajarín, formado en la Real Sociedad Económica de Murcia en pintura. Hasta 1922 estuvo afincado en La Unión, en la calle P. Sánchez, también como pintor-fotógrafo.