Benjamín Prado: "La poesía no tiene nada de humilde; la de verdad quiere cambiar el mundo"

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VALÈNCIA. Benjamín Prado lleva cuatro décadas paseándose por casi todos los géneros literarios —poesía, novela, ensayo, periodismo, teatro o canción—, pero en Qué estoy haciendo aquí cambia por primera vez el foco para convertir su propia vida en materia narrativa. El escritor madrileño reconstruye sus memorias a través de los encuentros, casualidades y amistades que han marcado su trayectoria, desde Rafael Alberti hasta Joaquín Sabina, Almudena Grandes o Mario Vargas Llosa, en un recorrido que reivindica la cultura como una cadena de transmisión entre generaciones. 

En conversación con Culturplaza, Prado explica que escribió el libro cuando empezó a temer que los recuerdos se le escaparan, reflexiona sobre el peso de la suerte en su biografía y defiende la necesidad de preservar la memoria de quienes moldearon la literatura contemporánea más allá del personaje público.

— Haces una pausa entre tus novelas de ficción para escribir unas memorias, algo nuevo dentro de tu carrera. ¿Por qué miras atrás ahora?
— Muchos recuerdos los he tenido siempre, pero algunos olvidos los estoy empezando a tener ahora. La idea de la pérdida es muy importante para la escritura y pensé: no vaya a ser que al final esto no se cuente.

¿Por qué creo que hay que contarlo? Porque he tenido la suerte de empezar a escribir en una época en la que todavía estaban vivos la Generación del 27, el boom latinoamericano y la Generación del 50. Era un momento en el que no había trabajo más fácil que ser jurado del Premio Cervantes, porque los candidatos eran Onetti, Borges, Alberti, Jorge Guillén... Y, por razones puramente azarosas, conseguí ser amigo de mucha de esa gente, conocer de cerca a Cortázar o a Octavio Paz. Creo que esa es una historia que merecía la pena contar.

Cuando empiezas a notar que la memoria se resiente un poquito… Machado decía: "Se canta lo que se pierde". Pues también se recuerda lo que se pierde.

— ¿Y a quién se lo estás contando?
— Se lo estoy contando a unos tiempos muy proclives al olvido, al desconocimiento. Da la sensación de que ya no nos damos cuenta de que la cultura es un viaje hacia el pasado, de que el gran tesoro que tenemos en este país no es el petróleo, ni los diamantes, ni el gas: tenemos a Lorca, a Cervantes, a Picasso...

Tengo la sensación de que hoy alguien dice "he leído a Lorca" y quiere decir que ha leído cinco poemas sacados de internet. O dice que ha leído a Gil de Biedma porque le han pasado Pandémica y celeste unos amigos.

Creo que hay que recordar que toda esa gente trabajó muchísimo, lo hizo extraordinariamente bien y modernizó nuestros idiomas. En el caso del castellano, la Generación del 27 consiguió que dejara de ser un idioma de madera para convertirse en un idioma plenamente moderno.

Es una historia que merece la pena recordar porque hoy la gente quiere estar enterada de todo, pero no sé si quiere saber algo. Son dos cosas distintas.

Por eso se lo quiero contar a este país. Hubo un momento en que quienes escribíamos lo hacíamos teniendo como referencia a grandes maestros que, además, habían sido represaliados, exiliados o silenciados.

— A lo largo del libro vas pasando por tus distintas facetas: poeta, dramaturgo, periodista... Con la cantidad de anécdotas y de nombres tan importantes que aparecen, pensaba en el principio de todo para ti, que es la poesía. Un género humilde, que solemos considerar un poco orillado y que, sin embargo, para ti ha sido la plataforma para todo lo demás.
— Será porque estás equivocado y la poesía no tiene nada de humilde. El poeta de verdad quiere cambiar el mundo, cambiar el lenguaje, cambiarlo todo. Quiere llenar las palabras habituales de significados que antes del poeta no estaban allí.

Neruda, en sus Odas elementales, habla de cebollas, de calcetines, de tijeras o de caldo de congrio, pero llena todas esas cosas de significados que antes de sus poemas no existían.

La poesía no puede ser humilde. Tiene que ser arrogante. Tiene que querer conquistar islas que no estaban en los mapas y renovar el lenguaje. Poeta y humilde, mala cosa. Y poeta y conformista, peor todavía. Puede haber novelistas conformistas, pero no poetas conformistas.

— Pero el poeta no suele tener el altavoz del novelista, por ejemplo.
— Bueno, depende de lo que llames altavoz. Al final hay poemas que uno recuerda toda la vida. No sé si recordamos novelas enteras, pero sí hay poemas, versos o imágenes que te acompañan siempre. Son como linternas: grupos de palabras que resumen cosas que tú mismo sientes.

Cuando Paul Valéry describe el sonido del mar como "ese tumulto análogo al silencio", ya no vuelves a oír el mar de la misma manera. La poesía y la rima se quedan dentro de ti de una manera en que no se queda ninguna otra cosa. Ojo con la poesía, que parece humilde, pero no lo es.

  • -

— ¿Cuál es la fuerza de la anécdota a la hora de resumir una vida?
— La fuerza de la anécdota es precisamente no ser una anécdota, sino algo más. No ser un chiste ni una simple curiosidad. Como ocurre con la poesía, tiene que simbolizar algo más grande.

Creo que se entiende mucho mejor a una persona por algunas de esas historias íntimas, cercanas, divertidas o frágiles que contando cosas que ya sabe todo el mundo. Que Alberti escribió Marinero en tierra o Sobre los ángeles lo sabe cualquiera. Que sufría muchísimo cada vez que tenía que dar un recital lo sabe mucha menos gente, solo quienes estaban allí. El libro no pretende hacer un retrato literario de personas muy conocidas, porque eso ya existe. Pretende enseñar otra cosa.

¿Cuál es la imagen pública que tenemos de Vargas Llosa o de Javier Marías? La de personas serias, distantes, casi gubernamentales. Si cuentas que eran gente muy divertida, muy cariñosa, muy generosa y capaz de aceptar cualquier crítica, estás mostrando un Vargas Llosa o un Javier Marías que normalmente la gente no conoce.

Esa era la cuestión: entender la anécdota de una manera profunda, no superficial. Al final, ¿qué nos define? ¿Lo que hacemos cuando tenemos un micrófono delante y un foco, o lo que hacemos cuando estamos en pijama en casa y no nos ve nadie? Yo creo que más lo segundo; o, por lo menos, empate a cero.

— Me viene muy bien eso que comentas sobre Vargas Llosa o Javier Marías porque pertenezco a una generación que los ha leído, pero que no los ha tenido tan presentes. Tú demuestras tener ideas muy críticas con el poder y, sin embargo, el índice de nombres que aparecen son casi un canon, el establishment literario.
— Hay que conocer a la gente. Cuando no la conoces, de lejos te parece una cosa; cuando la conoces de cerca, te parece otra. Por seguir con el mismo ejemplo, Mario Vargas Llosa es uno de los tipos más divertidos que he conocido nunca. Te morías de risa con él. Y uno de los menos sectarios que he conocido. 

Tú podías decirle: "Mario, eso que escribiste ayer en un artículo de El País, ¿de verdad te lo crees?". Y él te argumentaba su postura; no te aplastaba ni te avasallaba. Hablaba contigo.

Soy consciente de eso que dices y tienes razón. Es cierto que en el libro aparecen muchas figuras que estaban en los despachos de arriba. Pero eso no significa que uno no se interese por la gente de abajo. Son cosas completamente distintas.

He leído alguna crítica diciendo que todo resulta demasiado bonito en mi relato. Pero es que estoy contando mi vida, no haciendo un análisis sociológico. Y mi vida, realmente, ha sido muy bonita. He tenido la suerte de compartirla con gente a la que admiro mucho, a la que respeto mucho y a la que me habría encantado parecerme en muchas cosas. ¿Qué le voy a hacer?

— Citas a Alphonse de Lamartine diciendo que "la casualidad nos da lo que nunca se nos hubiera ocurrido pedir”, y hablas mucho de la suerte. Es verdad que hay un componente de azar en todo lo que cuentas, pero también estarán tus logros…
— Claro, pero el mérito está en saber aprovechar la suerte. Porque la suerte ha estado ahí. Todo ha sido por azar: porque un día entré en un bar, porque alguien entró en mi despacho o porque coincidí en una cena con no sé quién. Puro azar. Luego, si pasaba una oportunidad, la cogía al vuelo, eso es verdad.

He conocido a mucha gente desde el instituto que siempre me ha parecido con más talento que yo. Sinceramente. No sé si eran tan cabezotas como yo, pero talento tenían mucho.

Quizá también hay que saber aprovechar las cosas. No digo que no, pero suerte he tenido a espuertas. Hasta el punto de que yo mismo no me explico el noventa por ciento de lo que me ha pasado. No hay una relación lógica de causa y efecto entre quién era yo, dónde estaba y todo lo que terminó ocurriendo.

— Pero igual que es importante haber estado en ese bar, también lo es todo lo que has escrito, todo lo que has pensado y compartido.
—  Esto es como el ciclismo: puedes tener un equipo magnífico que te lleve hasta el puerto, pero luego hay un momento en el que estás tú solo frente a la montaña. Eso hay que saber hacerlo, evidentemente. Pero hasta llegar al puerto... 

Yo creo que somos demasiado solemnes. Este mundo está enfermo de solemnidad. Hay demasiada gente tomándose demasiado en serio durante demasiado tiempo. Siempre recuerdo un consejo de Alberti: "Niño, tómate muy en serio tu obra y muy en broma a ti mismo”. Muchas veces leemos las solapas de los libros y parece que la vida de alguien hubiera estado planificada desde el principio. Y no es verdad. Las cosas no pasan así.

A casi toda la gente importante que he conocido le he visto mucha fragilidad, mucho miedo, muchos fracasos, problemas de salud y quiebras personales. Eso quizá no forma parte del personaje público, pero está ahí. Y, probablemente, sin esas fragilidades no serían tan grandes.

La gente demasiado segura de sí misma me parece muy sospechosa. Y la gente que se toma demasiado en serio a sí misma, todavía más.

  • -

— ¿Qué tienen en común el poeta, el novelista, el periodista y el dramaturgo? ¿Qué comparten esos oficios?
— Tienen una parte en común, pero conviene recordar que también hay otra que no lo es. Cada uno tiene sus códigos de circulación, sus estructuras, sus trucos y sus trampas. En un poema, una gota de cursilería lo mata. En una canción, si no hay una gota de cursilería, no funciona. Por poner un ejemplo de dos cosas que he hecho.

Yo siempre les digo a los alumnos jóvenes: estudiad, leed, no intentéis descubrir el Mediterráneo. ¿Quieres escribir una canción? Analiza cómo se escribe una canción. ¿Cuántos versos hay que tachar hasta llegar al mejor? ¿Cuántas veces hay que romper una canción hasta que, por fin, está entera?

No hay que pensar que las cosas vienen de esa extraña entidad llamada inspiración, que parece que baja del cielo ya con las asonancias, las consonancias y un vocabulario perfecto. Machado decía una cosa maravillosa: "Hay que conseguir que el trabajo escriba y la inspiración corrija". Para mí esa frase es la Biblia. Siempre intento trabajar así.

— Te quería preguntar por el periodismo cultural. Tú pudiste compartir mucho tiempo con personas a las que admirabas, con otros ritmos, y establecer relaciones de confianza que permitían descifrar hasta el fondo a grandes creadores. ¿Sientes que ese ecosistema todavía existe?
— Las circunstancias son otras. Antes ibas a cualquier pequeño periódico de provincias y en una redacción había quince o veinte personas; ahora hay dos. Las condiciones han cambiado. Pero el verdadero periodista siempre acaba abriéndose paso. Aunque no tenga tiempo para leer los libros, los lee. Aunque no tenga tiempo para preparar una entrevista, la prepara.

También si no fuera por el periodismo de investigación, muchas veces enfrentándose incluso a la línea editorial de su propio periódico, no conoceríamos el noventa y nueve por ciento de los casos de corrupción. Creo que es un oficio que exige una vocación muy parecida a la de un médico.

Yo he aprendido muchísimo del periodismo. Me ha enseñado a escribir con ruido, con una redacción llena de gente hablando alrededor; a escribir con plazos, porque te pueden decir muy bien, pero a las seis y media esto tiene que estar cerrado.

También me ha enseñado a escuchar. Las entrevistas que hago ahora consisten, sobre todo, en escuchar. ¿Cuánta gente escucha de verdad lo que le dicen los demás? Muy poca. Escuchar es un arte.

Y, además, quienes nos hemos dedicado al periodismo cultural sabemos lo que significa pelear para conseguir un poco más de espacio para una entrevista o un reportaje cuando parece que solo importan la política, la economía o los asuntos internacionales. Es una lucha heroica, parecida a la de algunos profesores cuando intentan conseguir que sus alumnos lean un libro.

Yo le debo muchísimo al periodismo. Muchísimo. Y, además, a veces tengo la sensación de que hay mejores novelistas escribiendo columnas en los periódicos que novelas. Hay muchísima gente que escribe extraordinariamente bien. Ahora, además, le hemos añadido un punto romántico: estamos haciéndole el boca a boca a un bicho que ya se ha muerto. Así que tiene todavía más mérito.

— Quería preguntarte por el final del libro, que para mí no son las últimas páginas, sino el índice: esa colección de nombres a mí me produce vértigo. Imagino que para ti también es una forma de agradecimiento por haber tenido a todas esas personas en tu vida.
— Las dos cosas. También produce vértigo.

— ¿No has perdido ese vértigo?
— No. Lo que no he perdido nunca es la perspectiva. Siempre he sabido quién era la gente con la que estaba compartiendo la vida. Nunca se me olvidó que Alberti era Alberti, que Octavio Paz era Octavio Paz o que Joaquín Sabina era, además de Joaquín, Joaquín Sabina.

Eso no impide que luego sean personas con las que compartes una intimidad enorme, con las que has vivido momentos muy personales y de las que conoces sus debilidades.

Pero, si lo piensas bien, ¿por qué quieres a alguien? ¿Por sus fortalezas o por sus debilidades? Yo creo que, muchas veces, más por sus debilidades. Lo que más te emociona y más te une a alguien es descubrir esa parte vulnerable.

Por un lado pienso: "Qué suerte haber conocido al maestro Rafael Alberti". Pero, por otro, también pienso: "Qué suerte haber podido cuidar al maestro Rafael Alberti, haberle hecho la comida un día en que estaba solo”.

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