Álvaro Benito (Chicle): "Vivir es urgente: hay que hacer todas las cosas que vas postergando"

Entrevista

Murcia Plaza Cultura

  • Imagen promocional de 'Chicle'.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

El exfutbolista del Real Madrid, comentarista deportivo y músico acaba de presentar 'Barro', el nuevo adelanto de Chicle, la banda compuesta por el propio Álvaro Benito (voz y guitarra), Héctor Navío (bajo) y Juan Zurdo (batería), un proyecto que compagina con Pignoise y su trabajo en televisión y radio. En esta entrevista reflexiona sobre el verdadero significado del éxito, los sacrificios que exige cualquier carrera, la importancia de asumir riesgos, el paso del tiempo y la necesidad de seguir creando, incluso cuando el reloj corre más deprisa que nunca.

Pregunta. Hace casi tres años que empezasteis a publicar música con Chicle. Mi primera pregunta quizá no sea muy musical, pero es inevitable: ¿de dónde sacas tiempo? Compaginas televisión, radio, fútbol, Pignoise y ahora este proyecto. ¿Cómo lo haces?

Respuesta. Con mucha dificultad. No tengo todo el tiempo que me gustaría, ni siquiera para Pignoise, que está viviendo un momento muy bueno y tiene un volumen de trabajo enorme. Hay muchas cosas que no podemos hacer porque son incompatibles con el calendario del fútbol, que es una locura entre Liga, Champions, Copa del Rey y Supercopa. Entre la televisión y la radio voy muy justo.

Cuando hay semanas más tranquilas, sin competición europea entre semana, aprovecho para componer y adelantar todo el trabajo que hay detrás de un grupo. Porque la gente solo ve la canción o el concierto, pero detrás hay muchísimas horas de preparación. Esas semanas las dedico a ese trabajo más invisible.

En verano también trabajamos muchísimo porque es cuando dispongo de más tiempo. Aun así, con Chicle ocurre lo mismo: no puedo dedicarle el espacio que merece un proyecto que está empezando desde cero. Ya no tenemos veinte años ni estamos en ese momento de apostar absolutamente todo por una banda, tocar donde haga falta y empezar desde abajo. Ahora tenemos otras responsabilidades y debemos elegir muy bien cada paso. Lo hacemos porque nos apasiona este proyecto, pero soy consciente de que no puedo dedicarle el tiempo que necesitaría para desarrollarlo como me gustaría. Aun así, seguimos intentándolo.

P. Barro, vuestro último single, habla precisamente de ese camino. ¿Cuánto barro ha pisado alguien como tú, a quien mucha gente considera una persona que ha alcanzado el éxito?

R. Para mí el éxito tiene dos caras completamente distintas. Una es la percepción que los demás tienen de ti y otra muy diferente es aquello que realmente te hace feliz. Yo entiendo el éxito como ser feliz con lo que haces. Ese es el verdadero éxito.

Luego, cuando trabajas de cara al público, existe también un componente de aceptación. En la música es el público quien decide. En el fútbol es distinto: ahí no hay trampa, tienes que rendir sobre el campo. En la música todo depende de la conexión que consigas con la gente.

¿Barro? Muchísimo. Para llegar a ser deportista profesional, y además hacerlo en un club como el Real Madrid con 18 años, hay que renunciar a muchas cosas. Después, cuando decidí dedicarme a la música, también tuve que recorrer un camino complicado. Venía del fútbol y mucha gente miraba con escepticismo que un futbolista tuviera una banda. Hubo que tener mucha persistencia, mucha fe en uno mismo y seguir adelante.

Pero creo que eso ocurre en cualquier disciplina. Si quieres llegar lejos, tienes que estar dispuesto a ensuciarte. Para mí el éxito siempre va de dentro hacia fuera y no al revés. Chicle, por ejemplo, todavía es un proyecto muy pequeño, no tiene un éxito masivo, pero me hace profundamente feliz. Solo por eso, para mí ya es un éxito.

P. Yo siempre digo que el éxito de un músico empieza en el momento en que consigue vivir de sus canciones, independientemente de que llene un gran pabellón o toque en una sala pequeña.

R. Estoy muy de acuerdo. Incluso iría un paso más allá: el éxito empieza antes. Ya es un éxito ser lo suficientemente valiente como para perseguir un sueño. Hay que sacrificar mucho tiempo, muchas veces dinero y también renunciar a la comodidad de una vida mucho más estable. La música nunca te garantiza llegar a un lugar seguro. Precisamente por eso hace falta una apuesta muy firme y mucha valentía. Solo por dar ese paso ya merece la pena.

Además, todo ese proceso es un aprendizaje continuo. Incluso aunque nunca llegues a tener un reconocimiento masivo, el camino ya te ha enriquecido. Solo por vivirlo, ya merece la pena.

P. Hay un verso de Barro que me llamó especialmente la atención: "Y si me arrepiento, nunca me apago". Da la sensación de que resume bastante bien tu forma de entender la vida.

R. Sí. Habla de los impulsos y de la importancia de atreverse. De no pensar demasiado y de no echarse atrás después. Hay otro verso que dice: "Mis pies no entienden de contención" y, en el fondo, significa exactamente eso.

Creo que en esta vida hay que lanzarse, sobre todo cuando no haces daño a nadie y simplemente persigues aquello que realmente deseas. Cada vez estoy más convencido de ello. Este año cumplo cincuenta años y soy todavía más consciente de que el tiempo pasa muy deprisa.

Hay una frase que me gusta mucho: vivir es urgente. Tenemos muchas cosas pendientes que vamos aplazando constantemente y llega un momento en el que te das cuenta de que el tiempo no vuelve. Si quieres hacer algo, hazlo ahora. Porque si lo dejas para más adelante, es posible que ese momento nunca llegue.

P. Cumples 50 años y, además de la música y los medios de comunicación, sigues subiéndose a un escenario. ¿Cómo aguanta físicamente el cuerpo ese ritmo? ¿Necesitas una preparación especial para soportar los conciertos teniendo en cuenta la lesión de rodilla?

R. La rodilla la tengo lesionada para toda la vida. Es algo con lo que he aprendido a convivir. Me lesioné en 1996 y, si lo piensas, llevo más años viviendo lesionado que sano. Ya forma parte de mí.

Necesito cuidarme porque hay cosas que no puedo hacer. El deporte de impacto, por ejemplo, está descartado. También me perjudica pasar mucho tiempo de pie o caminar durante muchas horas. Cuando encadeno muchos conciertos, inevitablemente la rodilla se resiente y me duele.

Pero cada uno tiene sus batallas. Yo nunca he sido una persona autocompasiva. Tenía dos caminos: preguntarme constantemente por qué me había pasado a mí o aceptar la situación y aprender a vivir con ella. Elegí lo segundo porque me parecía lo más inteligente.

Intento dormir mucho y descansar bien. También hacer deporte dentro de mis posibilidades y llevar una alimentación saludable. Mi trabajo exige estar muy lúcido. Para componer necesito concentración; para actuar necesito estar al cien por cien; y para analizar un partido también tengo que mantener la atención durante muchas horas para interpretar lo que ocurre sobre el campo.

Al final siento una enorme responsabilidad en cualquiera de las facetas a las que me dedico. Si cinco mil personas han pagado una entrada para verte, lo mínimo es subir al escenario en las mejores condiciones posibles. La gente hace un esfuerzo económico, viaja para verte y, muchas veces, es la primera vez que asiste a uno de tus conciertos. Creo que tienes la obligación de responder a esa confianza dando lo mejor de ti.

P. Entonces ese tópico del artista que dice que sus mejores ideas aparecen después de unas copas no va mucho contigo.

R. Creo que ese mito está bastante exagerado. Habrá quien encuentre inspiración de esa manera, pero no es mi caso. Para mí crear consiste en dedicarle muchas horas. Es sentarte, probar ideas, equivocarte, volver a empezar y, poco a poco, ir encontrando canciones que realmente merezcan la pena. Ese es mi método.

Es, además, la parte que más disfruto de este trabajo. Tengo un pequeño estudio en casa y, en cuanto encuentro un rato libre, me siento a escribir o a buscar melodías. Me gusta llegar preparado. Ahora mismo estamos terminando de grabar el disco de Chicle y, aunque todavía falta mucho para el siguiente álbum de Pignoise, ya estoy componiendo canciones para ese proyecto. Me gusta trabajar con tiempo, llegar al estudio con un repertorio sólido y mirar atrás pensando que hemos hecho un buen disco. Soy bastante exigente con eso.

P. Hay otra frase que me llamó mucho la atención en Me vuelvo a torcer: "Es divertida la vida si puedo perder". Me pareció muy futbolera, pero también muy aplicable a cualquier momento de la vida. ¿El deporte sigue influyendo en tu forma de escribir?

R. La verdad es que no tanto. El fútbol terminó para mí hace ya muchos años. Luego llegaron otras etapas y ahora lo vivo desde el análisis, pero aquello ocurrió hace casi tres décadas. Ha pasado prácticamente una vida.

Con el documental de Movistar+ sí afloraron muchos recuerdos al volver a ver imágenes de aquella época, pero nunca he sido una persona especialmente nostálgica. No soy de ver partidos antiguos ni de recrearme demasiado en el pasado.

Esa frase no nace tanto del fútbol como de una forma de entender la vida. Habla de aceptar la incertidumbre. De hacer cosas sin saber si van a salir bien. Puedes aplicarlo a cambiar de trabajo, iniciar un proyecto, acercarte a una persona que te gusta o perseguir cualquier sueño. Esa incertidumbre es la que, en el fondo, nos mantiene vivos. Si todo estuviera garantizado, probablemente perderíamos gran parte de la ilusión.

P. En realidad, tu vida ha estado muy marcada por eso. Muchas veces da la sensación de que una circunstancia inesperada ha terminado abriendo la puerta a otra completamente distinta. Leía hace poco una entrevista en la que contabas que el disco El tiempo y el espacio, de Pignoise, no tuvo la respuesta que esperabais y que, de alguna forma, aquello acabó desembocando en el nacimiento de Chicle y también en un regreso a la esencia del grupo. Es curioso cómo un aparente fracaso termina generando nuevas oportunidades.

R. Sí, sucedieron varias cosas al mismo tiempo. Con Pignoise llevábamos muchos años viviendo un éxito enorme. Desde 2005 o 2006 estuvimos siete u ocho años sin parar de tocar, con una media cercana a los cien conciertos anuales. Aquello era un éxito evidente, entendido como reconocimiento masivo.

Pero llegó un momento en el que la gira ya no funcionó igual que las anteriores. Fue la primera bajada. Cuando vienes desde abajo y todo va bien, piensas que ese crecimiento será permanente. Sin embargo, cuando aparece el primer valle empiezas a buscar explicaciones y muchas veces te equivocas.

Nosotros llegamos a pensar si debíamos cambiar nuestro estilo o buscar otro camino. Esa idea de que había que "madurar", una palabra que nunca me ha gustado demasiado. Al mismo tiempo, yo también estaba evolucionando como músico. Había estudiado mucho, había mejorado como guitarrista, había profundizado en armonía y tenía inquietudes diferentes.

Decidimos probar cosas nuevas, pero coincidieron dos circunstancias. Por un lado, ese cambio artístico; por otro, el desgaste lógico que sufre cualquier grupo cuando lleva tantos años girando sin parar.

Mantener una carrera larga en España es muy complicado. Si un grupo toca cien conciertos cada año, llega un momento en el que el público también necesita descansar. Siempre pongo el mismo ejemplo: si Bruce Springsteen actuara sesenta veces al año en España, probablemente al cabo de unos años tampoco llenaría todos los conciertos. Es pura lógica.

Ahí está el gran equilibrio de los grupos españoles: necesitas tocar para vivir de la música, pero tampoco puedes saturar al público. Muy pocos artistas pueden permitirse girar durante dos años, desaparecer otros tres y regresar manteniendo intacta la expectación. La mayoría tenemos que salir de gira cada temporada porque vivimos de ello.

P. Al final, de aquel momento también salió una conclusión importante: recuperar la esencia de Pignoise.

R. Sí. Con el tiempo entendí que Pignoise tenía que volver a ser lo que era. Curiosamente, aquel parón nos vino muy bien porque coincidió con la etapa en la que empecé a entrenar y el grupo permaneció prácticamente inactivo entre 2013 y 2019.

Ese tiempo me sirvió para reflexionar y darme cuenta de que el camino pasaba por recuperar nuestra identidad. Creo que el último disco de Pignoise abraza completamente esa esencia con la que empezamos, aunque ahora seamos músicos mucho mejores.

Hoy canto mejor, compongo mejor y soy mejor guitarrista que hace veinte años. Eso no tengo ninguna duda. Sin embargo, también soy consciente de que probablemente nunca vuelva a escribir un éxito tan grande como los que ya tenemos.

Y eso es algo que les ocurre a muchísimos artistas. Me lo contaba Enrique Bunbury y también David Summers. Los dos coinciden en que hoy son mejores compositores y mejores músicos que hace décadas, pero saben que probablemente nunca volverán a crear una canción que tenga el impacto que tuvieron Devuélveme a mi chica o Te entiendo.

La música tiene un componente emocional y temporal imposible de controlar. Una canción acaba significando algo para la gente en un momento concreto de su vida y eso ya es irrepetible.

Lo que representa Te entiendo para alguien que ha crecido con ella no lo va a sustituir ninguna otra canción, aunque objetivamente pudiera estar mejor escrita. Esa conexión pertenece a la historia personal de cada uno y eso hace que sea imposible competir contra ella.

P. Es curioso porque ocurre con muchísimos artistas. Pienso, por ejemplo, en David Bisbal. Probablemente hoy haga canciones más elaboradas que Ave María, pero nunca volverá a tener un fenómeno igual.

R. Exactamente. Es que las canciones tienen vida propia. Con el tiempo he aprendido a analizar la música desde una perspectiva mucho más amplia. Antes tendemos a pensar que una canción es mejor porque tiene una armonía más compleja o una estructura más sofisticada, pero luego descubres que no funciona así.

Las canciones llegan a la gente por motivos que muchas veces ni el propio artista es capaz de explicar. Puede ocurrir con una canción de Bad Bunny, con La Macarena, con Hombres G, Estopa, El Canto del Loco, La Oreja de Van Gogh, Héroes del Silencio o con quien sea. Da igual el estilo. Hay canciones que aparecen en el momento adecuado y, de repente, forman parte de la vida de millones de personas. Ahí ya dejan de pertenecerte.

Yo mismo escucho determinadas canciones del pop español y, automáticamente, vuelvo a un momento muy concreto de mi vida. Me recuerdan a unos amigos, a una novia, a una ciudad, a una etapa determinada. Esa es la auténtica magia de la música. Por eso creo que una canción vale mucho más por lo que termina significando para quien la escucha que por cualquier análisis técnico que podamos hacer de ella.

P. Mientras hablamos ya me has contado que estáis terminando de grabar el nuevo disco de Chicle. ¿Cuándo podremos verlo sobre un escenario?

R. Si todo va según lo previsto, en otoño. El disco saldrá entonces y la idea es hacer una gira por salas pequeñas, que es el entorno natural de este proyecto. Tenemos muchas ganas. Nos organizamos como podemos porque los otros miembros del grupo también tienen sus propios proyectos y todos compaginamos varias cosas al mismo tiempo. No es sencillo cuadrar agendas, pero poco a poco lo vamos sacando adelante.

P. Además coincide con el inicio de la temporada de fútbol, que para ti vuelve a ser una época frenética entre retransmisiones, análisis y viajes. No parece el momento más sencillo para arrancar una gira.

R. No lo es. Es complicado por todo lo que hemos hablado antes. Es una pena porque este proyecto nos apasiona y nos gustaría poder dedicarle muchísimo más tiempo. Si tuviéramos veinticinco años probablemente estaríamos ensayando todos los días, tocando donde hiciera falta y recorriendo todos los festivales posibles, aunque fuera actuando a las cinco de la tarde y perdiendo dinero. Pero ya no estamos en ese momento de la vida.

Ahora tenemos que elegir muy bien cada paso y disparar con más precisión. Si algún día el proyecto empieza a crecer y tiene un recorrido importante, fantástico. Y si no ocurre, seguiremos haciendo canciones igualmente porque disfrutamos muchísimo con Chicle. Al final, ese siempre fue el motivo por el que nació esta banda.

Recibe toda la actualidad
Murcia Plaza

Recibe toda la actualidad de Murcia Plaza en tu correo