Los túneles del Espalmador afrontan una nueva investigación ambiental antes de su transformación en el futuro espacio museístico que el Ayuntamiento de Cartagena proyecta para el submarino S-62 Tonina. La Jefatura de Infraestructura del Arsenal de Cartagena ha preparado un contrato por 46.684,16 euros, IVA incluido, para actualizar y ampliar la caracterización ambiental de los antiguos túneles militares y valorar, a partir de los resultados, qué actuaciones podrían ser necesarias. El plazo de ejecución se extiende hasta el 30 de noviembre de 2026.
El nuevo contrato llega después de varios estudios ambientales realizados durante casi dos décadas. El propio pliego cita investigaciones sobre la calidad del suelo del Arsenal desde 2007 y trabajos específicos sobre los residuos y la contaminación de los suelos del Espalmador realizados en 2024, 2025 y 2026.
La Armada no da por cerrado, por tanto, el diagnóstico ambiental de los túneles. El nuevo expediente plantea recopilar y analizar toda la documentación existente y realizar nuevos trabajos de campo para conocer con mayor precisión la situación del subsuelo.
No parten de cero
La documentación disponible en el Arsenal incluye una investigación de la calidad del suelo del Arsenal de Cartagena realizada por EMGRISA en octubre de 2007 y una asistencia técnica de TRAGSATEC de 2024 para proyectos de recuperación de suelos contaminados en instalaciones de la Armada.
A estos trabajos se suman varios informes específicos sobre el Espalmador Grande: uno sobre residuos de una fosa del dique subterráneo, elaborado en febrero de 2025; otro sobre residuos líquidos, de noviembre de 2025; un tercero sobre la caracterización de residuos de los suelos, de enero de 2026; y un informe de contaminación de suelos, elaborado por TRAGSA en febrero de 2026.
El nuevo contrato se plantea expresamente a partir de las conclusiones de esas caracterizaciones anteriores. Su objetivo es actualizar o ampliar la información disponible, valorar los riesgos ambientales y, en función de los resultados, establecer las posibles actuaciones de remediación.
El trabajo no consistirá únicamente en revisar informes. El pliego contempla una nueva campaña de investigación sobre el terreno. Está prevista la realización de nueve sondeos que podrán instalarse como piezómetros: tres en el túnel 1, tres en el túnel 2, uno en la galería interior de conexión y otros dos en la zona costera próxima a los túneles. Las perforaciones tendrán una profundidad aproximada de entre 2 y 15 metros, en función de la posición del nivel freático.
Antes de decidir dónde perforar, la empresa tendrá que revisar la documentación existente y realizar una campaña de reconocimiento mediante georradar u otros métodos electromagnéticos, con el objetivo de localizar posibles instalaciones enterradas y evitar afectar a servicios existentes.
La investigación contempla además 24 muestras de suelo, 17 de aguas subterráneas y hasta tres muestras de producto libre, en caso de que este aparezca durante los trabajos. Los análisis incluirán hidrocarburos de petróleo, BTEX, hidrocarburos aromáticos policíclicos y metales.
Y el alcance de la investigación podrá ampliarse sobre el terreno. Si durante las perforaciones se detecta una afección, el pliego prevé prolongar los trabajos hasta constatar su ausencia y modificar la ubicación de puntos próximos para delimitar el área afectada.
El objetivo es saber qué queda y qué riesgo supone
Una vez terminada la campaña de campo y analizadas las muestras, la empresa deberá elaborar un informe en el que se determine la distribución espacial de las posibles afecciones en los suelos y las aguas subterráneas y se interpreten los resultados obtenidos.
Después se realizará una Valoración de Riesgos Ambientales en aquellas zonas donde existan receptores potenciales. Su finalidad será determinar qué riesgos puede representar la alteración del suelo para la salud de las personas o para el medio ambiente y establecer, a partir de esos resultados, las concentraciones máximas admisibles y las opciones de remediación que puedan resultar adecuadas.
Aquí está uno de los matices fundamentales del expediente: el nuevo contrato no ordena una nueva descontaminación. La eventual descontaminación queda condicionada al resultado de la valoración de riesgos. El pliego establece que solo si esa valoración determina que es necesario actuar porque la contaminación supone un peligro para la salud de las personas o los ecosistemas, se redactará una propuesta de descontaminación.
En ese caso, el documento deberá recoger las actuaciones de remediación, un plan de seguimiento y una estimación económica para dos escenarios: mantener un uso industrial de la instalación o acometer las actuaciones necesarias para una reconversión a uso urbano.
La descontaminación ya tuvo una primera fase
La nueva investigación se produce después de que la Armada promoviera en octubre de 2025 trabajos de descontaminación en los túneles, ejecutados por TRAGSA. El Ayuntamiento informó entonces de que los estudios analíticos realizados previamente habían detectado concentraciones superiores a los valores de referencia en metales e hidrocarburos en suelos y aguas subterráneas. Aquella actuación tenía como objetivo eliminar los principales focos de contaminación y garantizar la seguridad ambiental del entorno.
Por tanto, el nuevo contrato no debe confundirse con aquellos trabajos. Ahora la Armada vuelve a investigar el subsuelo con una caracterización más amplia que debe servir para determinar el alcance de las posibles afecciones y, posteriormente, valorar los riesgos.
Un proyecto que avanza en paralelo
La investigación ambiental es una de las distintas actuaciones técnicas que se están desarrollando alrededor del futuro museo.
Los túneles pasaron a formar parte de los terrenos cedidos por Defensa al Ayuntamiento, dentro del acuerdo por el que el Ministerio transfirió al Consistorio más de 90 hectáreas del entorno de Galeras y sus fortificaciones.
El Ayuntamiento proyecta aprovechar los antiguos túneles para crear un espacio museístico dedicado al patrimonio naval. El S-62 Tonina fue cedido oficialmente a la ciudad en octubre de 2025 para su acondicionamiento y posterior exposición pública en un espacio museístico.
El proyecto ha requerido además estudios sobre el estado de la infraestructura. En abril de 2026, el Ayuntamiento informó de que el estudio estructural realizado con la UPCT había concluido que el recinto podía acoger la actuación prevista y anunció nuevos trabajos de impermeabilización, consolidación y adecuación.
En agosto, el Consistorio adjudicó también por 14.278 euros los ensayos geotécnicos destinados a conocer las características del terreno y del macizo donde están excavados los túneles antes de definir las futuras actuaciones de adecuación.
La sucesión de contratos y estudios muestra que la transformación del Espalmador en museo requiere resolver distintas cuestiones técnicas antes de su puesta en funcionamiento.
En el ámbito ambiental, sí existe ya una importante documentación previa y se han realizado trabajos de descontaminación, pero el expediente que ahora prepara la Armada demuestra que la caracterización del subsuelo continúa abierta.
El nuevo contrato deberá determinar con mayor precisión qué afecciones permanecen, cuál es su distribución y qué riesgo representan. Solo después de esa valoración podrá establecerse si son necesarias nuevas actuaciones de remediación y cuál sería su coste.
El contrato tiene un presupuesto de 46.684,16 euros y su ejecución se prolongará hasta finales de noviembre.
Así, mientras el Ayuntamiento avanza en los estudios estructurales y geotécnicos necesarios para convertir los antiguos túneles militares en el futuro museo del Tonina, la Armada mantiene abierta la investigación ambiental del subsuelo. El siguiente paso será conocer qué dicen los nuevos análisis y, a partir de ahí, determinar si queda alguna actuación de remediación pendiente.