Hay momentos en política en los que uno consigue algo extraordinario. No hablamos de aprobar unos presupuestos imposibles, desbloquear una infraestructura histórica o resolver un problema enquistado durante décadas. Hablamos de algo bastante más complicado: poner de acuerdo a toda la oposición. Y eso es exactamente lo que han logrado los exconcejales de Vox Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo.
No es una hazaña menor. Después de abandonar el partido con el que se presentaron a las elecciones, romper con sus antiguos compañeros, protagonizar semanas de especulaciones, aparecer vinculados a una moción de censura que parecía avanzar a toda velocidad y bajarse del tren cuando ya se escuchaba el silbato de salida, ambos han conseguido algo que parecía imposible en el Ayuntamiento de Cartagena: que casi todos miren en la misma dirección.
Durante meses el debate giró alrededor de ellos. Quién hablaba con quién. Quién negociaba con quién. Quién apoyaba a quién. Quién iba a tumbar a quién. Era una especie de serie de suspense político en la que cada capítulo terminaba con un giro inesperado. Pero la trama ha cambiado de género.
Ahora ya no se trata de averiguar qué harán políticamente, sino de examinar qué hicieron cuando tuvieron responsabilidades de gobierno. El foco ha dejado de apuntar a los movimientos y ha empezado a iluminar los expedientes.
MC ha decidido abrir el melón de Turismo y propone una comisión de investigación que prácticamente no deja una baldosa sin levantar. Contratos, subvenciones, campañas promocionales, eventos, personal, fondos europeos, organismos dependientes y Puerto de Culturas. Una ITV completa para un área en la que Beatriz Sánchez del Álamo sigue teniendo responsabilidades de gobierno.
Y mientras tanto, Vox, eso sí, de forma más sutil, ha optado por pasar revista a la Oficina Municipal de Empresas, una de las iniciativas que impulsó Diego Salinas cuando dirigía el área económica. Los que fueron sus compañeros quieren ahora cifras, balances, resultados, expedientes gestionados, empresas atendidas y cuentas detalladas.
La fotografía tiene cierta ironía. MC quiere una comisión de investigación. Vox reclama una rendición de cuentas. El PSOE tampoco parece dispuesto a desaprovechar la ocasión. Y el PP contempla la escena sabiendo que una parte de esas preguntas también terminan llamando a la puerta del propio Gobierno municipal.
Porque esa es la verdadera paradoja de esta historia. Salinas ya no forma parte del Ejecutivo local, pero Sánchez del Álamo sí continúa sentada en la bancada del Gobierno. De modo que cada petición de explicaciones sobre Turismo acaba proyectando una sombra mucho más amplia que la de una simple concejala no adscrita.
Lo curioso es que quienes hace apenas unos meses parecían tener en sus manos la llave para cambiar el rumbo político del Ayuntamiento han acabado convertidos en objeto de fiscalización política. Han pasado de ser protagonistas del argumento a convertirse en parte del sumario.
La política cartagenera tiene estas cosas. Primero llegó el divorcio con Vox. Después la moción de censura que fue y no fue. Más tarde el regreso a una calma tan aparente como provisional. Y ahora llega la fase de las radiografías.