Hostecar plantea una imagen común para las terrazas de Cartagena

Cartagena

La nueva presidenta de Hostecar, Querubina Rosique, apuesta por consensuar un modelo común de mobiliario, colores, toldos y sombrillas

  • Imagen de un local de La Manga del Mar Menor.
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Querubina Rosique inicia su etapa al frente de Hostecar con una idea clara: mejorar y unificar la imagen de los bares y restaurantes de Cartagena. La nueva presidenta de la patronal hostelera considera necesario establecer unos criterios comunes para ordenar el mobiliario, los colores, los toldos y las sombrillas de las terrazas, con el objetivo de construir una ciudad más atractiva tanto para sus vecinos como para quienes la visitan.

Rosique defiende que esta transformación debe acordarse en una mesa de trabajo en la que participen los hosteleros y el Ayuntamiento. “La imagen de los bares es fundamental. Tenemos que decidir qué modelo de ciudad queremos, qué colores y qué tipo de mobiliario”, sostiene la presidenta de Hostecar, que rechaza que estas decisiones dependan únicamente del criterio puntual de un técnico o que cada establecimiento actúe por su cuenta.

La dirigente hostelera toma como referencia otras ciudades europeas en las que las terrazas mantienen una estética cuidada y coherente con el entorno urbano. “Cuando viajo me fijo mucho en la gastronomía, pero también en cómo están las terrazas y en la imagen que ofrece el servicio. Hay ciudades, como Roma, que tienen las mesas y todos los elementos muy cuidados. Nosotros tenemos que intentar llegar a eso y conseguir que Cartagena sea una ciudad bonita”, explica.

Uno de los asuntos que Hostecar quiere abordar es la presencia de publicidad comercial en toldos, sombrillas y mesas. Rosique considera que estos elementos perjudican la estética del espacio público y apuesta por buscar otras fórmulas para que las marcas mantengan su visibilidad. “Tener toda la publicidad de las cervezas en los bares queda horroroso y da poca clase a una ciudad. Hay que encontrar otra manera de publicitar las marcas que no sea a través del toldo, la sombrilla o la mesa”, señala.

No obstante, la presidenta advierte de que la renovación del mobiliario supondría un desembolso que muchos pequeños negocios no pueden asumir por sí solos. Por este motivo, reclama la participación del Ayuntamiento y de las empresas cerveceras y proveedoras del sector. “Si queremos cambiar la imagen, tiene que ser mediante ayudas. El hostelero no puede hacer frente en solitario a esos cambios”, subraya.

La intención es recuperar un trabajo que ya se inició en años anteriores, pero que terminó perdiéndose con el paso del tiempo. “No puede ser que uno coloque un toldo azul, otro uno negro y otro prácticamente una tienda de campaña. No todo vale. Tenemos que sentarnos y decidir entre todos qué queremos”, resume Rosique.

Su llegada a la presidencia se produce después de ocho años formando parte de la junta directiva encabezada por Francisco Garnero. Tras el desgaste acumulado por su antecesor durante dos mandatos, sus compañeros le propusieron asumir la responsabilidad y recuperar además una figura femenina al frente de la organización.

Rosique aceptó con una condición: contar con una junta directiva activa e implicada en las decisiones. “No quiero estar sola ni tomar las decisiones sola. Quiero una junta en la que podamos decidir entre todos y defender realmente los derechos y los deberes de los hosteleros, además de trabajar por la mejora del sector y de la ciudad”, remarca.

La nueva dirección mantendrá reuniones periódicas, aproximadamente cada 15 o 20 días, con la Concejalía de Hostelería. Estos encuentros servirán para analizar los problemas concretos de los establecimientos, hacer balance de campañas y acontecimientos celebrados en el municipio y plantear nuevas actuaciones. La presidenta también prevé reunirse con los diferentes grupos políticos para presentarles las líneas de trabajo de Hostecar y mantener abierto el diálogo con todas las formaciones.

Otro de los grandes retos será la falta de profesionales cualificados. Hostecar estudiará la posibilidad de recuperar algún sistema que facilite la conexión entre trabajadores y empresas, siempre dentro de las limitaciones que establece la normativa de protección de datos. La patronal también quiere impulsar cursos junto con sus proveedores y patrocinadores para mejorar la preparación del personal.

Entre las materias prioritarias se encuentran el manejo de bandeja, la atención al cliente, la imagen profesional y el inglés. “Estamos muy vendidos con los idiomas. Las nuevas generaciones vienen más preparadas, pero todavía tenemos una carencia importante”, reconoce Rosique, que apuesta por avanzar en la profesionalización del sector.

En este apartado, destaca la labor de la Escuela de Hostelería del Ayuntamiento de Cartagena y la adaptación de sus enseñanzas a las necesidades reales de los establecimientos. Según explica, durante años la formación estuvo más enfocada a los servicios de banquetes, mientras que los empresarios demandaban conocimientos relacionados con el trabajo cotidiano de una cafetería o un bar.

"Está muy bien saber llevar una bandeja en un banquete, pero nosotros necesitamos que una persona sepa preparar un café, servir una caña y desenvolverse en un establecimiento", indica. Rosique valora que la escuela haya atendido esta petición y también resalta los cursos municipales que alcanzan elevados porcentajes de inserción laboral, aunque considera que todavía pueden especializarse más.

La presidenta de Hostecar reconoce que la hostelería continúa arrastrando una mala fama como sector laboral, pero defiende que sus condiciones han cambiado durante los últimos años. Actualmente existen más turnos y una mayor preocupación por la conciliación y el trato a los empleados, en buena medida porque muchos de los propietarios de los establecimientos comenzaron trabajando como camareros antes de poner en marcha sus propios negocios.

Al mismo tiempo, advierte de las dificultades que atraviesan los pequeños empresarios debido al incremento de los costes y la reducción de los márgenes. Rosique recuerda que el gasto que representa un trabajador para una empresa es superior al salario que finalmente recibe el empleado, lo que complica cualquier subida salarial pese a que las remuneraciones continúan siendo bajas.

"Es verdad que el sueldo del camarero es bajo, pero muchos establecimientos no pueden aumentarlo porque los números no salen. Ves una terraza llena, pero detrás hay unos costes que no se ven", apunta. Esta situación, unida al encarecimiento generalizado de los productos y servicios, está provocando que algunos negocios dejen de ser viables. “Hay muchos bares que terminan cerrando porque mantenerlos es insostenible”, lamenta.

Rosique admite que su mandato se encuentra todavía en una primera fase de contactos y presentaciones. Será cuando comiencen a plantearse los asuntos más complejos cuando se podrá medir la capacidad de la nueva junta directiva para lograr avances. “Ahora todo el mundo está dispuesto a colaborar, pero cuando pongamos encima de la mesa los temas calientes veremos qué somos capaces de conseguir”, concluye.

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