Cartagena

El autor del cartel de Semana Santa en concurso, titulado ‘El huevo frito’, defiende su homenaje a la tradición cartagenera

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El concurso de carteles que anunciarán la Semana Santa de Cartagena suele ser siempre un importante acontecimiento no solo para aquellos que viven desde dentro el principal acontecimiento religioso de la ciudad, sino también para los apasionados de la festividad religiosa y todos los seguidores, tanto dentro como fuera de Cartagena, que siguen año tras año estos diez días de fervor y pasión.

Por ello, los carteles, ahora expuestos para el concurso de 2026, suelen levantar mucha expectación, ya que marcan casi el inicio de la Semana Santa que está por venir en unos meses. En esta oportunidad, como también ha ocurrido en otros años, alguno de ellos ha provocado controversia por un mensaje directo, mal entendido o que en algún caso pueda pensarse fuera de foco. Estamos hablando de la obra que llega con el nombre de ‘El huevo frito’. El autor ha querido salir al paso de las críticas -algunas de ellas algo desmedidas- a esta obra y explicar cómo y por qué está motivada la obra.

Afirma que la misma nace de la voluntad de “rendir un homenaje respetuoso, creativo y profundamente arraigado en la tradición popular cartagenera” y añade que el punto de partida del cartel es el apodo coloquial y ampliamente conocido con el que los propios cartageneros se refieren desde hace décadas a la Agrupación de la Santa Cena de la Cofradía California. Este sobrenombre, “utilizado con naturalidad tanto en el ámbito cofrade como por la ciudadanía, forma parte del imaginario colectivo local y constituye un elemento de identidad popular transmitido de generación en generación”.

El autor apostilla que su intención como autor “ha sido reconocer y poner en valor ese patrimonio cultural intangible, entendiendo que los apodos populares -lejos de ser irreverentes- representan un vínculo emocional y afectivo entre el pueblo y sus procesiones, un lenguaje simbólico que demuestra cercanía, pertenencia y tradición”. Añade que Cartagena posee una riqueza única de estas expresiones: “así como a la Santa Cena se la conoce cariñosamente como ‘El huevo frito’, al San Pedro californio se le llama desde hace décadas ‘El Divino Calvo’, y al San Juan Marrajo, ‘El Camotico’. Además, San Pedro es en Cartagena ‘Pedro Marina Cartagena’, oficial de maestranza del Arsenal, y, fiel a esa identidad popular, “se recoge” la madrugada del Jueves Santo en su destino del Arsenal Militar, entre algarabía y compases del pasodoble El Gallo en plena Pasión y Muerte de Jesucristo”.

Pero eso, “lejos de restar solemnidad, estos guiños demuestran cómo la ciudadanía incorpora a las imágenes a su vida cotidiana con humor, afecto y respeto, convirtiéndolas en parte viva de su patrimonio inmaterial”.

Subraya el autor de la obra ahora a concurso que “resulta especialmente significativo recordar que nuestro paisano Arturo Pérez-Reverte, en su pregón de la Semana Santa de Cartagena de 1995, ya describía con precisión esta manera tan cartagenera de humanizar a los personajes de la Pasión y tratarlos “como de la familia”, como si cada cartagenero tuviera “un sitio propio en la mesa de la Santa Cena”. Su texto muestra cómo el pueblo convierte a apóstoles, vírgenes y figuras evangélicas en compañeros cercanos, con los que se habla “de igual a igual”, desde la emoción y la familiaridad, sin que ello reste un ápice de devoción. Esa actitud —entrañable y profundamente mediterránea— es parte esencial de nuestro patrimonio cultural intangible, del modo cartagenero de vivir la Semana Santa desde la infancia: con solemnidad, sí, pero también con un cariño popular que la hace única”.

Y ese “mismo espíritu -ese tejido invisible hecho de apodos, guiños, tradiciones, historias y afectos- es el que inspira este cartel”.

El enfoque visual, explica, “recurre a una imagen conceptual, en la que la figura del penitente de la Santa Cena se integra metafóricamente sobre el elemento que inspira su apodo popular” e indica que esta decisión “responde a un planteamiento artístico que busca usar un símbolo popular para reforzar la identidad, no para parodiarla”. Apostilla, que “en ningún caso la intención ha sido trivializar la importancia de la Agrupación ni restar solemnidad al acto que representa. Por el contrario, el diseño aspira a captar la atención del espectador mediante un recurso visual contundente, invitando a reflexionar sobre la riqueza cultural —a veces solemne, a veces emocional y cercana— que acompaña a nuestras procesiones”.

Entiende que la representación “ha suscitado interpretaciones diversas, algunas de ellas críticas, especialmente en redes sociales” y recuerda que las obras artísticas, y más aún en el ámbito de la cartelería cultural contemporánea, “suelen generar lecturas múltiples y subjetivas, y es lógico que un planteamiento visual no convencional provoque debate. No obstante, quiero recalcar que:

• El cartel cumple estrictamente con las bases del concurso en cuanto a técnica, elementos obligatorios, temática y versión bilingüe.
• La propuesta nace desde el respeto absoluto a la Cofradía California, a la Agrupación de la Santa Cena y a la Semana Santa de Cartagena.
• El recurso conceptual no pretende sustituir ni deformar la iconografía tradicional, sino añadir una capa de significado basada en la cultura popular real, la misma que vive la ciudadanía y que autores como Pérez-Reverte han sabido retratar con precisión”.

Añade que aceptar la diversidad de opiniones “forma parte de la vida cultural de la ciudad y del valor mismo de las artes visuales. Mi único objetivo con este trabajo ha sido contribuir, desde la creatividad, al patrimonio gráfico y emocional de la Semana Santa, ofreciendo una mirada distinta pero respetuosa, profundamente arraigada en lo que Cartagena es: lo solemne y lo cercano; lo oficial y lo popular; lo sagrado y lo entrañable”.

Acaba agradeciendo “sinceramente todas las reacciones que la obra ha generado, desde la crítica hasta el apoyo, porque demuestran que nuestra Semana Santa sigue viva, despierta y profundamente sentida por todos”.

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