Cartagena no solo construye submarinos. También se ha convertido en uno de los principales centros desde los que la Armada mantiene operativa su flota. El Consejo de Ministros acaba de dar un nuevo respaldo económico a esa función al autorizar una orden de ejecución abierta valorada en 80 millones de euros para el sostenimiento y la gestión de obsolescencias de los buques de superficie y de los submarinos de la clase Galerna apoyados por el Arsenal de Cartagena.
La autorización extiende el horizonte de estos trabajos hasta el 31 de diciembre de 2029 y garantiza un marco desde el que la Armada podrá ir encargando las actuaciones necesarias para conservar sus unidades en condiciones operativas.
No se trata, por tanto, de una única obra ni de una intervención concreta sobre un determinado buque. La fórmula elegida por Defensa permite activar trabajos conforme aparezcan las necesidades de la flota, desde tareas de mantenimiento preventivo hasta reparaciones por averías o actuaciones derivadas del envejecimiento de equipos y sistemas.
Cartagena, mucho más que los S-80
La actividad naval de Cartagena suele quedar asociada al programa de submarinos S-80 y a la construcción de las nuevas unidades para la Armada. Pero alrededor del Arsenal existe otra actividad menos visible y permanente: mantener operativos los buques que ya están en servicio.
Los trabajos podrán abarcar actuaciones de mantenimiento preventivo, correctivo e incidental, además de la denominada gestión de obsolescencias. Esta última adquiere especial importancia en plataformas navales que acumulan años de servicio, ya que determinados equipos pueden dejar de fabricarse, perder el soporte de sus fabricantes o resultar cada vez más difíciles de mantener.
La respuesta pasa entonces por sustituir, adaptar o actualizar sistemas y componentes para evitar que una avería o la falta de repuestos termine dejando fuera de servicio una unidad.
El alcance de estos trabajos tiene también una dimensión industrial. El mantenimiento de un buque de guerra requiere la intervención de empresas y profesionales especializados en ámbitos muy diversos, desde la mecánica y la electricidad hasta la electrónica, las estructuras, la ingeniería o los sistemas auxiliares.
De esta manera, la actividad generada alrededor del Arsenal trasciende sus instalaciones y alcanza al tejido industrial y auxiliar de Cartagena.
Los 80 millones autorizados por Defensa constituyen en este sentido un marco plurianual de actividad. La cifra corresponde al valor estimado de la orden y no supone que los 80 millones vayan a gastarse de una sola vez. Los encargos se irán materializando en función de las necesidades que presente la flota y del saldo disponible.
Submarinos Galerna
Entre las unidades incluidas expresamente en el ámbito de la orden figuran los submarinos de la clase Galerna -en este claso el S-71 es el único que sigue opserativo-, que han estado estrechamente vinculados al Arsenal de Cartagena durante su larga vida operativa.
Su sostenimiento representa uno de los ejemplos más claros de la complejidad que implica mantener en servicio una plataforma militar durante décadas. Sistemas eléctricos, electrónicos, mecánicos y de navegación requieren revisiones continuas y, cuando llega el momento, sustituciones o adaptaciones para hacer frente a la obsolescencia.
El objetivo final es garantizar que los buques puedan estar disponibles cuando la Armada los necesite.
La nueva contratación llega además en un momento de fuerte actividad de la industria naval de defensa en Cartagena. El astillero de Navantia mantiene el programa de construcción de los submarinos S-80, mientras el Arsenal continúa desempeñando su función como centro de apoyo y sostenimiento de unidades de la Armada.
Son dos actividades diferentes pero complementarias: construir nuevas plataformas y mantener operativas las existentes.
El propio Ministerio de Defensa vincula la contratación con la necesidad de preservar la denominada "libertad de acción" de las Fuerzas Armadas, es decir, la capacidad de disponer de sus unidades y sistemas para emplearlos cuando resulte necesario.
En el caso de Cartagena, esa estrategia se traduce en una actividad industrial que tiene una característica singular: no termina cuando un buque sale del astillero. Su vida operativa genera durante años una sucesión de trabajos de mantenimiento, reparación, modernización y sustitución de equipos.
Y es precisamente ese negocio permanente de la defensa naval el que ahora queda respaldado con un marco de hasta 80 millones de euros y horizonte 2029.