La agricultura regenerativa busca abrirse paso en la Región con un plan de transición de tres años

Plaza Agro

  • Imagen de la finca La Junquera.
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MURCIA. Cambiar la forma de cultivar también exige resolver una pregunta muy concreta: de qué vive el agricultor mientras adapta su explotación. La agricultura regenerativa busca recuperar la fertilidad natural del suelo, reducir la dependencia de fertilizantes y mejorar el aprovechamiento del agua, pero su implantación en la Región sigue encontrando obstáculos. Antonio Soler, presidente de Nueva Cultura por el Clima, identifica dos especialmente importantes: la falta de ejemplos cercanos que permitan comprobar los resultados y la incertidumbre económica durante los primeros años de transición.

"Está costando", reconoce en conversación con Murcia Plaza. Su planteamiento pasa por acompañar a quienes quieran dar ese paso y entender las ayudas como una inversión cuyos beneficios van más allá de la propia finca. "No entendamos la subvención como un regalo, sino como una inversión que hace este país para que la base primaria de la producción de alimentos pueda cambiar a un modelo bueno para los agricultores y bueno para el conjunto de los ciudadanos", sostiene.

Esa es una de las cuestiones que aborda el proyecto en el que trabaja, que combina divulgación, encuentros con el público y un foro de profesionales. El objetivo es elaborar un plan de transición hacia la agricultura regenerativa para la Comunidad Autónoma durante tres años, con medidas, calendarios y responsables que permitan pasar de las experiencias particulares a una propuesta compartida.

Un suelo que recupere su fertilidad

Soler sitúa el punto de partida en la propia tierra. Explica que la agricultura regenerativa va más allá de prescindir de determinados productos químicos y pone el foco en recuperar la fertilidad natural del suelo. "Lo que busca sobre todo es regenerar la fertilidad natural del suelo. Y con ello alcanzar un conjunto de mejoras que van mucho más allá de lo que es la producción de alimentos", señala.

Una de esas mejoras tiene especial interés en una comunidad como la murciana: el comportamiento del agua cuando llueve. Entre los principios que describe está evitar que el terreno permanezca desnudo, mediante cultivos de cobertura o cubiertas vegetales que lo protejan. No tienen que ser necesariamente cultivos destinados a la venta. Cita como ejemplo la alfalfa y otras leguminosas, cuyas raíces se asocian con bacterias capaces de fijar nitrógeno del aire.

La vegetación, añade, contribuye a que el agua penetre en el terreno. Las raíces abren pequeños conductos que facilitan la infiltración, frente a lo que sucede en un suelo endurecido, donde la lluvia puede acabar generando escorrentía y erosión. Se trata, por tanto, de recuperar funciones del suelo que también influyen en la conservación de un recurso escaso en la Región.

A ello suma la capacidad de almacenar carbono mediante el aumento de la materia orgánica. Soler considera que el suelo ofrece un margen de actuación importante frente al cambio climático y apunta a la posibilidad de que los agricultores obtengan ingresos complementarios por una captura de carbono que pueda medirse y acreditarse.

Lo explica con un ejemplo: una explotación que consiga aumentar el porcentaje de carbono orgánico de su suelo podría cuantificar esa mejora y explorar su reconocimiento económico. "Aparte de mejorar la fertilidad, disminuir el uso de fertilizantes, encima tienes unos ingresos adicionales por unos servicios ecosistémicos que la sociedad reconoce que son importantes", expone. Lo presenta como una posibilidad que debe apoyarse en la demostración de los resultados obtenidos.

La biodiversidad constituye otro de los aspectos que destaca. Soler advierte del declive de los insectos y recuerda que su importancia no se limita a la polinización. A su juicio, los ecosistemas más diversos resisten mejor las alteraciones que provoca un clima con extremos cada vez más acusados. «La biodiversidad es como un colchón que ayuda a amortiguar los efectos negativos de un clima que está cambiando a un ritmo rápido», resume.

Menos dependencia de los fertilizantes

La discusión también tiene una lectura económica. Soler cuestiona la dependencia de las explotaciones respecto a insumos cada vez más caros y defiende que recuperar la fertilidad permite aprovechar mejor los recursos de la propia finca. En las experiencias que han conocido durante la grabación de los documentales, sitúa las necesidades de insumos de algunos agricultores que aplican prácticas regenerativas en torno al 10% de las de un agricultor convencional.

Es uno de los argumentos con los que plantea el cambio de modelo: disminuir la exposición a los precios de las materias primas y a unos costes que el productor no controla. "Al final, para el agricultor lo que permite es empoderarse de su explotación y no estar, como ahora, totalmente dependiente de insumos que cada vez son más caros", afirma.

En el entorno del Mar Menor, sostiene, esa transformación adquiere una relevancia especial. Defiende pasar de un modelo que consume intensamente recursos a otro que aproveche mejor la materia orgánica y cuide la tierra sobre la que se produce. Sin embargo, reconoce que esa voluntad choca con las necesidades inmediatas de las explotaciones: seguir cultivando, obtener ingresos y afrontar sus gastos.

Por eso insiste en el periodo de adaptación, que sitúa generalmente en unos dos años. Durante ese tiempo puede producirse una bajada de producción antes de que la explotación recupere su rendimiento. La pregunta que traslada el agricultor es sencilla: qué ocurre con sus ingresos mientras llega esa recuperación.

«Ahí es donde tenemos que ayudar a esos agricultores a que esos dos años puedan superarlos lo mejor posible, porque los beneficios que luego van a traer nos van a beneficiar a todos», defiende. Recuerda que el acompañamiento durante la reconversión ya se ha planteado en la agricultura ecológica y considera que ese apoyo debe llegar desde el inicio del proceso.

Un foro para llevar una propuesta a la Comunidad

El proyecto cuenta con financiación hasta el 31 de enero de 2027 y trabaja sobre tres líneas. La primera es la creación de contenidos audiovisuales y sonoros que acerquen estas experiencias al público. Entre ellos figura el documental Suelo Vivo, una mirada de esperanza al futuro, que presenta el propio Soler. «Lo que queremos es que esto suene, que la gente sepa que esto existe, que un ciudadano normal sepa que hay una alternativa», explica.

La segunda consiste en mostrar esos materiales mediante encuentros y actividades educativas dirigidas también a familias y niños. La programación contempla La Junquera, en Caravaca de la Cruz, que cita como ejemplo de una década de agricultura regenerativa; la Semana de la Ciencia y la Tecnología de Murcia, y Los Alcázares.

La tercera línea es la que considera más importante a largo plazo: un foro por la agricultura regenerativa en el que han reunido a unos 30 profesionales, entre agricultores, consultores y representantes de la Administración y de la universidad. A través de encuestas previas han identificado las principales barreras para extender estas prácticas.

Además del apoyo económico, aparece la necesidad de visitar fincas que ya hayan realizado la transición y conversar directamente con sus responsables. Saber qué salió bien, dónde se equivocaron y cómo corrigieron los problemas. "El verlo es lo que más convence", señala Soler, que considera especialmente útil el intercambio entre agricultores que comparten dudas y necesidades.

El foro aspira a tener continuidad y, si sus participantes así lo deciden, constituirse en una entidad capaz de representar al sector e interlocutar con las administraciones. El plan que preparan se estructura en seis ejes e incluye cuestiones como la formación, la transferencia de conocimientos y la creación de una red de fincas demostrativas.

Soler aprecia voluntad de apoyo desde el ámbito estatal y menciona el proyecto de agricultura regenerativa de la Fundación Sierra Minera como una de las iniciativas vinculadas a la problemática del Mar Menor. Su valoración sobre el Gobierno regional es más crítica: "Con quien vemos que no terminan de arrancar es con quien tiene realmente más competencias", afirma en referencia a la Comunidad Autónoma.

También reconoce contactos que pueden facilitar avances, como los mantenidos con responsables de programas educativos de los Centros Integrados de Formación y Experiencias Agrarias (Cifea). Considera que esta información debe llegar tanto a los agricultores que ya trabajan como a quienes protagonizarán el relevo generacional, y menciona una jornada de agricultura regenerativa prevista en el centro de Lorca.

El siguiente paso será poner el documento sobre la mesa. «A lo mejor hasta ahora tampoco nadie ha llegado con un plan, con unos ciertos calendarios, con unos ciertos objetivos, con unos responsables», plantea. Su intención es que la Comunidad y el resto de actores puedan concretar cómo participar y qué están dispuestos a hacer. También contempla la intervención de los ayuntamientos, especialmente de aquellos que cuentan con concejalías de Agricultura.

La materia orgánica como recurso

Para Soler, la viabilidad del sector a largo plazo está ligada a la conservación de su base productiva. "No hay una agricultura a largo plazo posible que no pase por el cuidado del suelo", afirma. Como ejemplo, relata una conversación con un representante de COAG que le trasladó que en algunas zonas del entorno del Mar Menor habían seguido obteniendo buenos cultivos durante dos años sin fertilizar, tras introducirse limitaciones. Soler lo interpreta como una muestra de la acumulación de nutrientes que puede existir en determinados terrenos.

Su reflexión final apunta a otro recurso: la materia orgánica que acaba en los residuos. Cuestiona que se desaproveche mientras los suelos necesitan recuperarla y reclama extender su recogida separada y su aprovechamiento para devolverla a la tierra. "Es como tirar petróleo a un río, desaprovechar un recurso", compara.

Entiende que ahí existe una oportunidad para aplicar la economía circular más allá del reciclaje de envases, papel o plástico. "La agricultura regenerativa es una oportunidad no solamente para los agricultores, sino como sociedad", concluye. Una posibilidad que, insiste, requiere cuidar el suelo y ofrecer a quienes viven de él las condiciones necesarias para cambiar su forma de trabajar.

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