El Mirador ensaya en San Javier nuevas técnicas para cultivar con menos agua y fitosanitarios

Plaza Agro

Pedro Mínguez, responsable técnico del centro, explica los ensayos para reducir residuos y fertilizantes y defiende la independencia alimentaria

  • Imagen de uno de los proyectos que llevan en CDTA El Mirador.
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SAN JAVIER. Ahorrar agua, reducir los tratamientos fitosanitarios y ajustar el uso de fertilizantes son algunas de las necesidades que marcan el trabajo del Centro de Demostración y Transferencia Agraria (CDTA) de El Mirador. En esta finca de San Javier se prueban técnicas y productos para comprobar cómo funcionan en condiciones de cultivo antes de trasladarlos a las explotaciones. Su responsable técnico, Pedro Mínguez, sitúa esta labor en un punto intermedio entre la investigación y el trabajo diario de los agricultores.

"Nosotros somos un centro de demostración, no de investigación", explica. El centro colabora con empresas que han desarrollado nuevos productos y con la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) para llevar a las parcelas avances que ya se han estudiado a pequeña escala. "Somos una fase entre el agricultor y la investigación. Lo que se demuestra aquí o lo que se comprueba aquí ya es directamente asimilable para el agricultor", señala.

Creado en 1992, El Mirador está gestionado por una cooperativa de segundo grado integrada por Hortamira, San Cayetano y Gregal. Mínguez destaca la implicación de los propios agricultores en el sostenimiento de esta actividad y considera que ese modelo distingue al centro de otras instalaciones de experimentación. Según cuenta, quienes lo visitan desde otras zonas de España valoran que sean los productores quienes impulsen los ensayos para conocer sus resultados de primera mano.

Una de las líneas de trabajo que detalla es un proyecto europeo en el que participa la UPCT para detectar residuos de fitosanitarios en el suelo. Las pruebas se realizan con patata y comparan tratamientos aplicados a una dosis habitual con otros a una dosis reducida. El siguiente paso, según explica Mínguez, será incorporar un robot que permita tomar muestras de tierra y analizar esos residuos en la propia parcela.

El interés de esta tecnología está en conocer qué sustancias permanecen en el suelo y pueden ser absorbidas por el cultivo. El responsable técnico vincula esa información con las posibilidades de comercialización de la cosecha: disponer de un análisis sobre el terreno permitiría conocer mejor las condiciones en las que se produce la patata o cualquier otro cultivo.

La disponibilidad de herramientas para combatir las plagas es otra de las dificultades que identifica. "El tema de los productos fitosanitarios, que cada vez hay menos", apunta. Ante esa situación, el centro prueba alternativas, entre ellas el empleo de insectos para controlar plagas como el pulgón en lechuga. El objetivo es comprobar nuevas estrategias que puedan utilizarse en las explotaciones.

El agua ocupa también una parte importante de los ensayos. Mínguez explica que el centro incorpora cinco equipos para controlar con precisión el consumo de riego. Esa medición se suma al trabajo sobre los tratamientos, los residuos y el uso del nitrógeno, especialmente relevante por la ubicación de las parcelas en el entorno del Mar Menor. «Principalmente, el tema de residuos, tratamientos y uso del agua. Uso también del nitrógeno», resume.

El responsable técnico defiende que los cambios en el riego y la fertilización están dando resultados en las parcelas del centro. Según relata, la repetición de esas prácticas, cultivo tras cultivo, ha permitido reducir la presencia de nitratos en el suelo hasta niveles que considera no contaminantes. Se refiere a los ensayos realizados en El Mirador, donde comprueban el efecto de controlar el agua y disminuir los aportes de nitrato.

A partir de esa experiencia, Mínguez sostiene que parte de los problemas de contaminación podrían responder a prácticas de años anteriores. "Estaremos pagando las consecuencias de hace años", afirma. Su explicación se apoya en los resultados que observa en las parcelas de demostración y en los cambios que defiende para reducir el impacto de la actividad agrícola.

Dar a conocer ese trabajo fuera del sector es otra de las tareas que quiere reforzar el centro. Mínguez anuncia la previsión de recibir a alumnos de primero y segundo de ESO de doce institutos de la Región, con grupos de unos cien estudiantes en distintos días. Según explica, la Consejería de Medio Ambiente se ha puesto en contacto con El Mirador para organizar las visitas y mostrar las estrategias que se ensayan para reducir la contaminación.

La intención es que los jóvenes conozcan sobre el terreno qué cambios se están introduciendo en la agricultura. El técnico reivindica ese esfuerzo frente a la imagen negativa que, a su juicio, se proyecta en ocasiones sobre el sector. También considera que los controles sobre los abonos, los fitosanitarios y los registros de las explotaciones dejan cada vez menos margen para los incumplimientos. "Las trampas cada vez son menos viables", sostiene.

El aumento del coste de la energía y los combustibles abre otro frente. Entre los proyectos que menciona figura la instalación de placas solares con cultivos debajo, una fórmula con la que se busca aprovechar el terreno para producir alimentos y electricidad. "Ser independiente energéticamente, por lo menos aunque sea de electricidad", plantea Mínguez como una de las posibilidades para reducir la dependencia de suministros externos.

En cuanto al combustible, apunta a la reducción del laboreo como una vía para disminuir el consumo, aunque considera que las respuestas al problema de los costes también dependen de las administraciones. El margen de actuación de cada agricultor, viene a señalar, tiene límites ante decisiones que se toman fuera de su explotación.

Su defensa del sector va más allá de las dificultades de una campaña. Mínguez reivindica las garantías de los alimentos producidos en España y advierte de los riesgos que, en su opinión, supondría depender cada vez más de terceros países para abastecerse. A la preocupación por las condiciones de producción suma otra: perder capacidad para suministrar alimentos también puede reducir el margen para negociar sus precios. "Cuando no seamos capaces de suministrar, vamos a tener que pasar por el aro en el tema de precios", señala. Por eso reclama preservar la capacidad de producción de la agricultura, la ganadería y la pesca. «Perder la independencia alimentaria es un riesgo de país", concluye.

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