De residuo a ingrediente: el innovador reto de dos agrónomos en Cartagena

Plaza Agro

  • Un investigador de la UPCT en un laboratorio de la Escuela de Ingeniería Agronómica.
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CARTAGENA. Francisco Artés y Noelia Castillo quieren recuperar parte de lo que la industria hortofrutícola deja fuera de los alimentos que llegan al consumidor. Las hojas exteriores de una alcachofa, la piel de una naranja o el hueso de un aguacate pueden contener compuestos que interesa aprovechar. Los dos investigadores de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) explican a Murcia Plaza cómo trabajan para extraerlos, incorporarlos a otros productos y conseguir que el organismo pueda asimilarlos.

Artés recurre a preparaciones habituales para explicar qué materiales estudian: las alcachofas destinadas a conserva, las calabazas utilizadas para una sopa, los cítricos que se exprimen para elaborar zumos o los aguacates empleados en el guacamole. En todos esos procesos se retiran partes que quedan fuera del alimento final. "Todas esas partes son muy ricas en compuestos beneficiosos", señala.

El investigador sitúa ahí la oportunidad de este trabajo. Además de los alimentos que se pierden en distintas fases de la cadena productiva, recuerda que la propia transformación genera restos cuyo contenido puede tener interés para elaborar otros productos. Su propuesta consiste en estudiar cómo recuperar esos componentes mediante tecnologías que sean sencillas y eficientes.

"De lo que se trata es intentar ver si con tecnologías sencillas y eficientes se es capaz de extraer de esa parte no comestible o desperdiciada los compuestos beneficiosos", explica Artés. Después habría que purificarlos, separarlos individualmente y buscar la formulación en la que mejor encajen. El destino dependerá tanto de la sustancia recuperada como del alimento al que se incorpore.

Artés insiste también en que el organismo debe poder aprovechar esos compuestos al consumirlos. Esa es la idea que recoge el término biodisponibilidad, presente en el título del proyecto y que el investigador resume de forma más directa: "Que sea nutritivo y asimilable por el organismo, o fácilmente asimilable por el organismo".

Preguntado por las posibilidades económicas para el sector, Artés pone el foco en dar una salida adicional a materiales que ya se generan durante el procesado. Algunos se desechan y otros se destinan a abono orgánico o a alimentación animal. El trabajo busca comprobar si sus componentes permiten aprovecharlos también como ingredientes para la alimentación humana. "Sería como otra línea, otro modelo de negocio", plantea, con la posibilidad de obtener una rentabilidad añadida.

El investigador aclara que ese planteamiento parte de los restos existentes. La intención es aprovechar mejor la producción y la transformación de alimentos, sin orientar la actividad de las empresas a generar materiales para extraer después sus compuestos. Artés vincula esa idea con la economía circular y con una mayor eficiencia: "Minimizar los residuos y ser lo más eficientes posible respetando el medio ambiente".

Noelia Castillo aborda otra de las cuestiones que marcarán la aplicación del proyecto: qué técnicas pueden trasladarse a las empresas. La investigadora explica que van a comparar tecnologías con distinto grado de implantación industrial. Algunas, como los ultrasonidos o las microondas, ya tienen recorrido en ese ámbito; otras se estudian con equipos cuyo volumen de trabajo es todavía pequeño. "Hay algunas de ellas, por ejemplo, ultrasonidos, microondas, que sí que están más implementadas en la industria», señala Castillo. Entre las alternativas que quieren evaluar menciona la extracción con fluidos supercríticos. La comparación permitirá estudiar las posibilidades de las técnicas más fáciles de aplicar en las empresas junto a otras que pueden aportar ventajas, pero que "todavía necesitan ese salto".

Castillo añade que la elección de los disolventes también forma parte del trabajo. "Usamos solventes sostenibles también, como sería agua o combinaciones con etanol", explica. Son opciones que, según apunta, pueden utilizarse fácilmente en la industria. Su explicación sitúa la investigación en dos planos: recuperar los compuestos y estudiar con qué herramientas se puede hacer a mayor escala.

Artés señala que este proyecto continúa otro que el equipo acaba de finalizar después de cuatro años. La nueva investigación, que ha obtenido financiación de la Agencia Estatal de Investigación en su convocatoria de Proyectos de Generación de Conocimiento, mantiene objetivos similares y pretende avanzar en la recuperación y el aprovechamiento de los subproductos hortofrutícolas.

El ámbito de actuación está principalmente en la industria. Castillo explica que estudian las pérdidas que se producen a lo largo de la cadena, desde el cultivo hasta que el producto sale de las instalaciones industriales. Esa delimitación deja los restos domésticos o los alimentos desperdiciados en supermercados y hogares en otro terreno, donde la investigadora apunta a las donaciones y a un mejor aprovechamiento en casa.

Castillo destaca que el equipo también realiza actividades de divulgación para fomentar esa concienciación, aunque distingue esa labor del objetivo concreto del estudio. "El proyecto se enfoca más en esas pérdidas que se generan en la industria", resume. Es en esos materiales donde ambos investigadores buscan una nueva oportunidad para la alimentación.

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