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'Tell me who I am': Perder la memoria en un accidente y que sea mejor no recuperarla

MURCIA. En 1982, Alex Lewis, de 18 años, se despertó en un hospital. Una extraña le recogió y se lo llevó a un lugar que desconocía. Esa mujer era su madre y el sitio, su casa. Pero él no recordaba absolutamente nada. Había tenido un accidente de moto y se había quedado en coma. Solo fue capaz de reconocer a una persona tras el periodo inconsciente, a Marcus, a su hermano gemelo.

Así empieza el documental Tell me who I am de Ed Perkins. Antiguamente nos reíamos de los telefilms de sobremesa que iban en buena parte de abusos sexuales a menores. Ahora, en la época en la que la televisión es lo más tope con las plataformas privadas, YouTube y la visión multipantalla, parece que los contenidos han cambiado entre poco o nada. Puede ser Michael Jackson, Harvey Weinstein o la tremebunda historia de Abducted in plan sightTodas ellas, de alguna manera u otra, sobre lo mismo. Pero es normal, al otro lado de la pantalla también seguimos siendo los mismos. 

Nada de esto quita, de ninguna manera, que Tell me who I am no sea un buen documental, pero si no es el morbo lo que nos mueve tras una propuesta así que venga dios y lo vea. Les cuento. 

Cuando Alex despierta solo puede apoyarse en su hermano. Tenía 20 años, pero la edad mental de un niño de 9 y asilvestrado. Tuvieron que enseñarle lo que era el baño, para qué servía, cómo se lavaba uno los dientes, cómo funcionaba la cocina, qué había en ella, etc... Todo lo elemental, excepto alguna cosa curiosa. Se quedó fascinado al ver una bicicleta, le parecía un artilugio muy extraño, pero a las pocas horas descubrió que era capaz de montar en ella sin ningún problema. Misterios de la mente. 

De este tipo hay varios puntos interesantes. Cuando recobra su vida de siempre, al salir con los viejos amigos, tenía ansiedad de recuerdos. Sacó fotos de absolutamente todo lo que hacían, salen decenas en el documental. Quería lo que le faltaba, memorias. Aunque tenía veinte años, solo tenía detalles de unos pocos meses. Esa reacción es interesante.

Pero el documental no va de amnesia, va de abusos sexuales. El director incluso se permite jugar con los tiempos a sabiendas de que el espectador ya ha leído en la sinopsis de qué va el reportaje. No solo contemporiza con suspense, sino que juega al equívoco. Confunde a propósito al espectador, lo manipula, con la sospecha de quién fue la persona que abusó de los hermanos, que luego resulta no ser quien parece que era. Juegos de artificio y montaña rusa con loop en lo que se supone que es una confesión a tumba abierta. 

Sin entrar en spoilers, la cuestión es que mientras reconstruía su memoria, Marcus olvidó voluntariamente comentarle cierto detalle escabroso a su hermano. Era algo que le vino bien. Al hacer como que no había pasado, lo tenía más fácil para olvidarlo él también. No obstante, cuando mueren los padres y uniendo las pistas Alex lo descubre, se siente traicionado por su hermano gemelo, quien, por algún motivo, estaba más obligado a decirle la verdad que un hermano convencional. 

A raíz de la ruptura, treinta años se pasaron los hermanos separados, haciendo sus vidas aparte, casándose, teniendo hijos. Finalmente, se reconciliaron y, delante de todos nosotros en este documental, tienen la conversación de su vida. Alex quiere que de una vez por todas su hermano le diga la verdad, qué pasó con ellos durante su infancia, una etapa de su vida que no recuerda. 

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