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CEREBRO Y CONDUCTA  / OPINIÓN

Llorar, ¿alivio o malestar?

15/10/2020 - 

MURCIA. Llorar acompaña a estados afectivos intensos, mayoritariamente negativos, como pérdida, despedida, decepción, desesperación o desamparo. En menor medida, y sólo en la especie humana, se da también en emociones positivas, como la alegría intensa o las emociones estéticas al escuchar, por ejemplo, ciertas piezas musicales.

El llanto parece cumplir varias funciones, entre ellas facilitar la recuperación de la tensión de una fuerte emoción y la de comunicar a los demás un estado de necesidad o que uno no se encuentra bien, lo que desencadena habitualmente en quienes le rodean una reacción de atención y apoyo.

"Muchos factores influyen en cómo y en qué medida se llora y se vive el llanto"

Muchos factores influyen en cómo y en qué medida se llora y se vive el llanto. Hay personas más proclives a llorar por emociones positivas o negativas; suelen ser más expresivas o esperan o confían más en el apoyo de los demás. Aspectos culturales o sociales también intervienen, sobre todo los relacionados con lo bien o mal visto que se considera expresar abiertamente emociones intensas. Otras personas piensan que es malo o vergonzoso llorar en público o que es una señal de debilidad. Hasta la adolescencia niños y niñas lloran por igual y de ahí en adelante lloran más las chicas que los chicos. Que chicos y hombres lloren menos se relaciona con contextos culturales en los que llorar provoca más sentimientos de vergüenza en el sexo masculino.

Si, por un lado, existe la creencia generalizada de que llorar alivia las penas y reduce el malestar o la tensión, diversos estudios muestran lo contrario: llorar no sólo no alivia, sino que una persona se puede sentir peor durante el lagrimeo o poco después.

Esta contradicción se debe, al parecer, a los dos tipos de estudios más empleados para estudiar el llanto. Los que se basan en el recuerdo de las ocasiones en que se ha llorado, y de las circunstancias que los rodean, indican que llorar mejora el estado de ánimo y que uno se siente mejor después de haber llorado. Por el contrario, las investigaciones de laboratorio en las que se provoca el llanto, normalmente a través de secuencias de películas muy tristes, indican lo contrario: llorar empeora el estado de ánimo.

El investigador croata Asmir Gračanin y colaboradores llevaron a cabo un experimento para intentar resolver esta disparidad y utilizaron para ello el procedimiento de presentar secuencias que provocaban el llanto. La novedad era alargar el período de tiempo después de llorar durante el que se mide el estado afectivo de los participantes. Encontraron que las personas que lloraban, en comparación con las que no, mostraban un aumento del malestar inmediatamente después de llorar, pero este malestar disminuía sensiblemente pasados unos cuantos minutos y se encontraban mucho mejor. Quienes no lloraron no mostraban estos cambios de ánimo, de manera que no se sentían tan mal durante y después de ver las tristes escenas, pero su estado de ánimo no mejoró tanto con el paso del tiempo. Su conclusión fue que llorar sirve para regular y equilibrar las emociones intensas. Sería una forma de reaccionar ante la tensión y el estrés intensos, y termina en una mejora importante del estado de ánimo, que es lo que más se recuerda después. Quienes no lloran experimentan menos malestar pero, al no mejorar tanto su estado de ánimo, lo que recuerdan es lo más negativo.

Si uno llora a menudo es probable que se sienta mal en esas situaciones, pero pasado un tiempo se encontrará mejor y recordará con más intensidad el estado de alivio final. Si uno llora poco no lo pasará tan mal como los llorones, pero el recuerdo que tendrá será más negativo. ¿Empate?

 

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