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ENTREVISTA

José Luis Balbín: "En la Transición había más libertad para ejercer el periodismo"

23/01/2020 - 

MURCIA. Su última aparición televisiva como presentador fue todavía en el siglo XX. Sin embargo, consumida ya una quinta parte del XXI, el nombre de José Luis Balbín Meana (Pravia, Asturias, 1940) es todavía invocado por muchos españoles al recordar los años de la Transición. El creador de un programa mítico, La Clave, un espacio nacido en tiempos convulsos: vio la luz el 18 de enero de 1976, apenas dos meses después de la muerte de Franco y en aquella TVE de dos canales. Su estructura era sencilla: primero, la emisión de una película pensada para suscitar la reflexión sobre un tema y a continuación, un debate monográfico sobre el mismo, que se adentraba en la madrugada.

El proyecto creció mientras el nuevo régimen apenas balbuceaba y, no sin injerencias políticas y prohibiciones diversas, abordó multitud de cuestiones hasta entonces inéditas en la televisión en España, de la pena de muerte a la homosexualidad, del papel del Ejército a la mismísima Guerra Civil, pasando por la legalización del PCE, el Opus Dei y el referéndum de la OTAN. Desde la convicción de que la libertad precisa de quienes quieran ejercerla, el programa se emitía siempre en directo y sin duda, contaba con sus invitados como principal activo. En la televisión pública se emitieron 408 programas con especialistas en los asuntos tratados, y con los protagonistas de la actualidad: primeros espadas de la política, la economía, la cultura y el pensamiento. Voces de nivel nacional e internacional. Con el pluralismo como seña de identidad. De Olof Palme a Truman Capote, Neil Armstrong o Bernard-Henri Levy. De Dolores Ibárruri -la Pasionaria- a Blas Piñar, Federica Montseny, Manuel Fraga, Santiago Carrillo o Jordi Pujol. Sin olvidar a Antonio Escohotado, Severo Ochoa y otros muchos.

En el éxito y el prestigio de La Clave, suprimido en 1985 y que tuvo una segunda vida en Antena 3 TV (1990-1993), fue clave el talante de su presentador. Desde su inconfundible perfil, siempre con una pipa en la boca, Balbín ejercía como moderador con extrema generosidad en los tiempos y atento al intercambio de argumentos, presto a la repregunta. Rozando lo inconcebible, a los ojos del espectador de hoy. En este 2020 en que cumplirá 80 años, este periodista forjado en prensa, radio y TV sigue activo a través de su página web.

- Hace ya cinco años sufrió un ictus y tuvo que echar el freno en su actividad. ¿Cómo se encuentra ahora, cuando comenzamos 2020?
- Siempre que me hacen ésta pregunta respondo con típico humor asturiano que he tenido momentos mejores. Lo cierto es que me encuentro perfectamente de salud, pero el dichoso ictus casi siempre deja alguna secuela y en mi caso fue la pérdida de equilibrio al caminar. Poco a poco, con mucha constancia en la rehabilitación voy recuperándolo. Se necesita mucha paciencia porque es un camino muy lento.

"En aquellos años, todo estaba por hacer y había que demostrar con los hechos que ya no estábamos en una Dictadura"

- ¿Cómo lleva que se le acumulen los premios? ¿Valora alguno de forma especial?
Los premios, todos, siempre son de agradecer. No es que se acumulen, es que tengo muchos años y una vida profesional densa. Valoro especialmente los que me han concedido por mi lucha por los Derechos Humanos y la  Libertad de Expresión, el Premio Paz otorgado por Naciones Unidas, el Premio Nacional de Televisión otorgado por el Ministerio de Cultura hace tres años, y los que vienen de mi tierra, como el de Hijo Predilecto de Pravia o Primer Colegiado de Honor del Colegio de Periodistas de Asturias.

- ¿Por qué en una democracia consolidada y europea es casi imposible un programa como La Clave y sí fue posible en la Transición, con ruido de sables, la presencia del terrorismo e inestabilidad política por doquier?
- Porque había más libertad para ejercer la profesión que ahora. Aunque parezca mentira, pero es así. En la España de la Transición todo estaba por hacer y había que demostrar con los hechos que ya no estábamos en una Dictadura, aunque también es verdad que tuvimos algunos problemas para sacar adelante determinados programas, bien por el contenido del debate o porque alguno de los invitados era persona non grata para los directivos de entonces. Pero en la actualidad sería imposible. Se hacen otro tipo de debates. Hace unos años, pocos, un conocido político me dijo: “Balbín, ahora que estamos nosotros gobernando, podrías hacer de nuevo La Clave”, a lo que le contesté: “No, no se puede y te lo voy a demostrar. ¿Qué te parece si en los dos primeros programas abordamos éste y éste asunto?" Eran temas de contenido político de candente actualidad y que afectaban al partido en cuestión. Y me contestó “¡Hombre, es que tampoco hay que empezar por ahí!”. Pues ya está.


- Vistos hoy algunos vídeos del programa, llaman la atención la frescura de los debates, la riqueza del lenguaje, la flexibilidad de los turnos de palabra y la sensación de libertad. Pero el programa también vivió muchas tensiones e incluso suspensiones. ¿Qué piezas le permitieron sobrevivir en ese alambre, en la TVE del momento?
- La Clave era un debate vivo en el que los invitados se interpelaban a menudo, yo mismo sugería al comienzo del programa que podían e incluso debían hacerlo, pero siempre con respeto y sin hablar por encima del otro. Para que se cumpliera ésa máxima estaba yo, que para eso está el moderador. Los invitados eran especialistas en el tema a debatir, era gente que sabía de qué estaba hablando. Si abordamos el tema de la llegada del hombre a la Luna y entre otros invitados traemos a Neil Armstrong, si hablamos de la Revolución Mexicana y traemos a Emiliano Zapata hijo, y si hablamos del compromiso del intelectual traemos a Truman Capote, por poner sólo tres ejemplos, es evidente que de ahí va a salir un debate de altura. El programa se emitía en directo. Una de la suspensiones que tuvo La Clave fue porque la dirección de TVE quería emitirlo grabado y yo me negué. Al cabo de unos meses, con el cambio en la dirección del Ente, volvió a emitirse y lógicamente en directo. Las piedras en el camino se fueron sucediendo con los relevos políticos y directivos de la época. A nivel profesional, fue un periodo apasionante del que guardo un grato recuerdo.

- Ha dicho que "el diálogo sosegado no interesa a los directivos de las televisiones". Ergo, ¿lo que les interesa es el guirigay que tenemos hoy?
- Efectivamente. Cuanto peor, mejor. Esto lo trajeron las televisiones privadas y hasta hoy; es el antiperiodismo, pero es lo que tenemos. Afortunadamente, aún es posible encontrar algún reducto donde el intercambio de opiniones, siempre enriquecedor, es posible sin necesidad de dar el deplorable espectáculo que dan algunos en donde el moderador en lugar de poner orden, se suma a la melé.

"Soy partidario de una radio y una TV públicas independientes, sin injerencias ni manipulaciones políticas. Me temo que me moriré sin verlo"

- ¿Algún ejemplo de ese tipo de reductos?
- Me refiero, por ejemplo, a La Noche en 24 horas, donde los contertulios respetan los turnos y se debate sin gritos ni faltas de respeto a quien no opina igual. También los coloquios sobre cine de La 2, o los magníficos documentales de Historia, de la misma cadena.

- Por cierto, hace unos meses, se publicó que estaba usted a punto de llevar a RTVE a los tribunales por los derechos del programa, por su publicación en la web del ente. ¿Cómo ha quedado ese asunto?
- En stand by. A la espera de que la situación política se estabilice y se salga de la provisionalidad del Consejo de Administración actual con el que no fue posible llegar a nada. RTVE ha sido mi casa durante muchos años y preferiría llegar a un acuerdo razonable con ellos. Me dolería tener que llegar a los Tribunales pero si no queda más remedio lo haré.

- ¿Tienen una especial obligación social los medios públicos, sobre la calidad del debate en nuestra sociedad?
- Toda. Yo soy partidario de la Televisión y Radio públicas, siempre lo he sido. Pero pública de verdad, independiente, sin injerencias ni manipulaciones políticas. Me temo que me moriré sin verlo.

- ¿Cuál es su balance del papel de nuestra televisión pública en estas cuatro décadas de democracia?
- Creo que acabo de responderle. Lo viví durante la época de La Clave y lo sigo viendo en la actualidad. El control de los Medios de Comunicación Públicos es un botín con el que todos quieren hacerse.

- ¿Cree que la diferencia entre el periodismo de hace 40 años y el de hoy está en la velocidad y sus consecuencias? ¿O hay algo más?
- El periodismo pasa por malos momentos. Ha perdido su esencia. Los tiempos modernos, las nuevas tecnologías nos llevan diariamente a una sobredosis de información difícil de digerir y entender. Los mensajes breves, los titulares atropellados y la falta de objetividad son el pan nuestro de cada día. Ahora se va más a la inmediatez de la noticia pero no se profundiza en ella. No obstante, soy optimista y como ya he dicho en alguna ocasión, confío que ésta bendita profesión recupere el prestigio que tuvo en otros tiempos.

- Estuvo en el diario Pueblo, dirigió Hora Cero en Antena 3 Radio... ¿qué se ha quedado con ganas de hacer en la profesión?
- Aunque pueda sonar pedante, cuando echo la vista atrás, creo que he cumplido con creces mis objetivos. El periodismo me ha dado muchísimas satisfacciones entre ellas la de viajar por todo el mundo y conocer a personas de gran relevancia. También me ha dado algún que otro disgusto, pero eso ha sido culpa mía por empeñarme en mantener mi independencia en la profesión. Ha merecido la pena.

"A toro pasado, es fácil criticar la Transición: se podían haber hecho las cosas mejor, pero habría que ver qué hubieran hecho algunos, que ni habían nacido entonces"

- En su carrera, ¿qué entrevistados/as le han impactado más y por qué?
- Es una pregunta difícil de responder porque han sido muchos los entrevistados y bastantes los que me han impactado, desde una monja de clausura española que llevamos a La Clave [Carmen María Hernández, dominica contemplativa] a la dueña de The Washington Post, Katharine Graham, pasando por Mijaíl Gorbachov o la presidenta de Pakistán, Benazir Bhutto, que poco después sería asesinada.

- ¿Qué noticia nunca hubiera querido dar y cuál le hubiera gustado, pero no pudo?
- Me hubiera gustado dar la noticia de la paz en el mundo. El primer programa de La Clave previsto para el mes de enero del 86 se titulaba Pax. Desafortunadamente, no se pudo realizar porque TVE retiró definitivamente La Clave de la parrilla.

- ¿Tiene algún proyecto entre manos, en la actualidad, más allá de los artículos que publica en su web?
- Estoy leyendo mucho y preparando mis memorias. Llevo una vida tranquila al lado de mi mujer Julia, mi familia y los amigos de siempre. Estoy al tanto de lo que ocurre en nuestra sufrida España y en el resto del mundo y procuro que no me afecten demasiado algunas cosas que veo que no me gustan nada.

- En los últimos años, la crítica a la Transición ha devenido lugar común. ¿Qué le sugiere?
- En los últimos tiempos he oído cosas sobre aquel periodo que me parecen fruto de la frivolidad, imprudencia o desconocimiento. A toro pasado, es fácil hacer críticas. Por supuesto que se podían haber hecho las cosas mejor, pero habría que ver qué hubieran hecho algunos, que ni habían nacido entonces, de haber estado allí y en aquellas circunstancias. Creo que la Transición, después de cuarenta años de dictadura, fue ejemplar con sus defectos, virtudes y sobresaltos. Un ejercicio de generosidad por parte de quienes la hicieron posible, mirando por el bien de España y no de sus sillones.

- ¿Observa algún patrón en la política española actual que permita establecer diferencias respecto a la que pudo conocer de primera mano, en aquellos años?
- Alguien ha hablado de que estamos ante una segunda Transición. Pero yo no lo veo así. El panorama político actual es difícil, complicado. El independentismo sigue en lo de siempre pero en esta ocasión traspasando líneas rojas peligrosas y esto es consecuencia de la debilidad de los Gobiernos que hemos tenido hasta ahora. La fragmentación en la vida política tampoco veo que ayude en nada. Habrá que esperar y ver a donde nos lleva ésta nueva forma de gobernar. Me temo que a buen puerto, no.

- Un libro reciente de Rafa Latorre dedicado al procés catalán se titula Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido. ¿Sobre qué otros temas de actualidad de los últimos años cree que podría decirse lo mismo?
- La corrupción que ha invadido a la clase política tanto de un lado como del otro es algo que indudablemente ha hecho mucho daño a nuestra joven Democracia y a la imagen de los políticos honrados que también los hay. Los ciudadanos no entienden cómo los representantes de una profesión digna que en teoría está para servir al ciudadano, acudan a ella para enriquecerse fraudulentamente y que no pase nada.

- Dice que es el pesimista más optimista que conoce. Explíqueme por qué, alguien tan aferrado a los hechos, ve posible que rectifiquemos el rumbo actual del mundo y pongamos los valores humanos por encima de todo.
Ese sería el mejor de los escenarios soñados. Pero la condición humana es la que es. Hay gente admirable que lucha denodadamente por un mundo mejor, pero hay otros que siguiendo oscuros intereses,  al grito de ¡más madera! siguen con su loca carrera de avaricia y destrucción. Aún así, yo sigo confiando en el ser humano y espero que las nuevas generaciones enmienden tal desastre y consigan un modelo de sociedad más justo.

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